Anversos en reversa

Erótica lunar

Yo quería escribirte un poema que un día alunará
tu figura de piel en las paredes
con la forma de un gato sideral
luna penumbra,
un goterón de luz entre lo más oscuro
como un golpe,
raya de luna blanca en el creciente
invadiendo tus labios y oliendo a noche iluminada.
Luz de luna cortándote la sombra y tu meneo
como un chasco de agua que te empapa
toda la noche que cabe entre tus ojos.

Fugada hija de la luna y luna de mi cama
yo me voy apagando en tu marea,
regencia de agua blanca que derriba al sol

encima de tu piel.


Rastrojos de difuntos

Hoy llueve ese garúa moja bobos
como si un no Dios llorara encima de un no mundo
de una no creación
de una no vida.
Garúa que va ensuciando el aire
y volviendo en los verdes de las cosas
una fe trasnochada de esperanza igual que una no fe
en un no dios que fabricó en un no mundo
para una no humanidad que se mata y se mata
porque no llega a entender una si vida.


Peleas entre gatos

Los gatos están rotos.
Los gatos están agujereados
colgando de los techos
como un viento mojado.
Las gatos están agujereados.
Debajo de la lluvia maullaban
y jugaban con balas.
Los gatos se peleaban en la noche.
Los gatos se cazaban.
Los hombres se escondieron
en sus casas.
Todos los gatos están agujereados
en la calle que está muda y callada.
Los gatos están muertos
y un montón de ratones

les afanó las armas.


Historias de musas muy románticas

Como una musa a pie
ibas buscando a quien desesperar.
Una musa en un bosque
una musa, sola en una montaña
que se escapó del Tibet.
Como una musa a pie que no encuentra
la boca de un autor para su idioma,
vas y venís
hablando de lo no correspondido,
de lo esperado no correspondido.
Hay un reclamo muso
como un ala de musa porque yo
a las musas siempre les pongo un par de alas.
Pero te vas a pie
por el bosque de montaña alta
donde no hay ya una voz que te duplique
o te explique
ese disenso muso que se vuelve poema
cuando la musa quiere
un autor al que querer de veras.


Personas tóxicas

El tiempo y el destino derogan sentimientos
derogan emociones
los caducan y excluyen de las góndolas
donde antes fueron “de primera marca”.
Se transforman en restos que están rancios,
su viejo brillo es un polvillo seco
que opaca con sus dedos miserables
las ventanas que abrimos a la vida
porque no quieren luz que nos alumbre
si ya no existen ellos en nosotros.
Entre el amor y el odio hay solo un paso
que muchos buscan dar corriendo
y tropiezan y caen en el foso que cavan.
Para ellos, los culpables siempre
somos los que seguimos caminando
ya libres de su peso.


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