El pájaro en la ciénaga

Nadie se casa con su ángel de la guarda.


Ella creció como una ciudadela sin fundador. Creció al borde del agua, donde el arroyo, a veces, se come la ribera y produce que se desmoronen, hacia los remansos, las casillas precarias.

Tiene ese olor salado del tumulto y ese color de vasija sin horno y sin esmalte, esperando siempre engalanarse con colores brillantes que no llegan. Es pálida como una tiza gris y por momentos parece transparente, “como piel de axolote”, dice el Chino.

Él sabe cómo es un axolote porque, hace un tiempo, a su vieja se le había ocurrido tener una mascota y compró eso en una veterinaria del centro. Le habrá parecido original que una “bruja” tuviera un bicho exótico que nadie sabía qué era. Lo exhibía en el fondo de una pecera, como si fuera una forma de gelatina sin sabor que de tanto en tanto se movía.

Pese a que el Chino dice eso de la piel transparente, yo prefiero imaginarla como de papel de arroz o tersura de geisha. Para mí, Naiara es como un ánfora de cuello muy fino y largo y barriga menuda, de esas que se ven en pinturas históricas. Es descarnada y toda líquida cuando se pone triste como hoy. Yo la guardo despacio contra mí. La envuelvo en mí y la dejo hacer de nena chiquita y acurrucada, llena de ajenidad dentro de un mundo que no entiende y que tampoco la entiende.

Babaya padre tiene una tara especial con Naiara. Cuando ella nació, su familia hizo una fiesta enorme, como si hubiera llegado al barrio una princesa.

Yo no entendía mucho en ese entonces de mis cinco años, pero recuerdo que me puse muy celoso de aquel recibimiento monumental porque ya tenía la impresión de que mi nacimiento no había hecho feliz a nadie, como tampoco parecía hacer feliz a nadie mi presencia en la casa. O por lo menos, a mi vieja no la hacía feliz. A mi viejo lo veía poco. Estaba todo el día en el cuartel o estudiando u ocupándose de las cosas del barrio.

Cuando la madre de Naiara venía con ella recién nacida a mi casa, para conversar con mi vieja —porque en aquel entonces todos eran amigos en el barrio— yo me la pasaba mirando ese paquetito extraño y quejumbroso que se le movía entre los brazos.

Con el tiempo entendí que Nevenka no venía a conversar, sino a consolar, a darle apoyo a mi vieja porque mi hermana mayor ya había muerto. Lo entendí con el tiempo, porque mi hermana mayor es como si hubiera sido un fantasma, algo efímero que yo no alcancé a ver bien mientras ella cruzaba, corriendo, los cuatro primeros años de mi vida para desaparecer sin dejar rastros.

La madre de Nai no hablaba bien el castellano pero se hacía entender con gestos dulces y una voz pequeña, como de papel. Parecía minúscula al lado del hombre con el que se había casado. Menuda, inaparente, muy pequeña, lo mismo que su voz. Desaparecía por entonces como fue su destino final, cuando la depresión terminó por devorarla.

Naiara tiene un poco de su madre. Su madre se le pone en los ojos cuando Nai está triste. Hay algo que se achica en su interior, como un pajarito que se muere.

Sin embargo, cuando no está tan triste como hoy, es fuerte y atropelladora como su padre y Pakito le dice, en vez de “la Babaya, la Bravaya”.

El día en que se tomó todo el frasco de pastillas contra le depresión que usaba su vieja, la encontré yo que venía cruzando baldíos para visitar a mi viejo.

Ella estaba sentada debajo del único paraíso que quedaba a la entrada del barrio y a mí el colectivo me había dejado en cualquier parte porque estaban arreglando algo en la avenida y no permitían el tránsito hacia la salida de la ciudad.

Si el colectivo hubiera entrado al barrio, yo no la habría visto debajo del paraíso, sentada, embarrada, viuda, con los cabellos pegoteados de una pasta entre aceite de auto, tierra y lágrimas. Parecía un animalito de cera, disfrazado con las ropas de una bruja. Un animalito acurrucado entre un montón de trapos rotos que no conseguían protegerlo del frío.

Al hospital la llevé yo. Ella tenía catorce años, yo dieciocho casi diecinueve.

Cuando Nai se despertó me dijo que se había ido a sentar debajo del paraíso porque sabía que Dios, si era de verdad Dios, le iba a mandar un ángel de la guarda.

Después de que ya todo se normalizó, mi viejo me comentó casi riéndose: “¿Sabe lo que me dijo el trastornado del croata? Qué él me prometía a su hija para usted y que si yo estaba de acuerdo, podíamos arreglar el matrimonio ¡Mire si estará chiflado además de andar en cosas raras!"

A veces maldigo que de turco, a mi viejo solamente le haya quedado el apellido.

Ahora, yo tengo esa misma sensación de protector eterno de aquel día, así que ella puede quedarse acurrucada contra mí horas enteras, como un pajarito que de tanto en tanto pierde las ganas de volar.








Comentarios

  1. Hola Amigo:
    Cómo destacas de Nai su fragilidad y su corazón de niña , lo haces con tanta ternura y protección.
    Muchas tantas contaste de su coraza que le pone a la vida.
    Seguí siendo su ángel... aún te necesita.
    Me encantó el tema de León, mira que me gusta , pero nunca lo había escuchado. Gracias por compartir tanto...
    Un abrazo afectuoso amigo !!!! Besos.

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    1. Hola, Desconocid@. Muchas gracias por leer en Distopías y por tus palabras de aliento.
      Un abrazo grande!!

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  2. Derrochas ternura Simón y tu escritura es pura magia.Que suerte tiene tu Naiara, y todos los que estan cerca de ti. Un abrazo fuerte.Me lo llevo conmigo.

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    1. Hola, Eli!! No creas, tengo un carácter bastante podrido, como dicen mis amigos, pero eso no les impide seguir siendo mis amigos porque parece que tengo también otras cosas que pesan más y mejor. Debe ser que este episodio las deja al descubierto.
      Un abrazo grande!!

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  3. ¡Hola Simón, qué alegría leerte! Me conmovió esta descripción de Nairara, la delicadeza que tenés hacia ella en esta prosa tan tersa, donde cada palabra destila amor, cuidado.
    La frase de cierre es para discutirla.
    Un enorme abrazo, amigo.

    Precioso el tema de León.

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    1. Hola amiga!! La verdad, la escribí con el corazón en la mano. Debe ser por eso.
      Discutíamos con los chicos sobre como escribir el amor, el buen amor y si el amor es o no es poético. Discutimos sobre si se regala o no se regala una flor a la persona que se quiere, que nos interesa, que queremos para nosotros.
      Hablamos de muchas cosas. Los chicos me dijeron que era antiguo porque les dije que una flor siempre es necesaria. Que una flor tiene un valor simbólico en el inconsciente colectivo.
      Y me terminaron preguntando ¿por qué no se casa con La Maca de una vez?
      Y entonces yo les contesté la última frase que vos decís que es para discutir.
      Un abrazo grande, Mirella!!

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  4. Un texto impresionante. Una muestra de algo que pienso desde que conocí tus letras: personalidad. Un estilo que atrapa por su crudeza y ese tono entre amargo y resignado con el que se construye una maravillosa historia de amor como es este relato. Él le ofrece protección, apenas una sombra de lo que de verdad querría ofrecerle o que ella le reclamara. Porque como reflexiona en la última frase: Nadie se casa con su ángel de la guarda. Magnífico, Simón.

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    1. Hola David!! Gracias por venir a leer. En este caso ya ofrecerle protección es salvarla de un montón de cosas y tratar de que entienda de una vez que el amor del bueno es todo eso: lo superlativo de la amistad más allá de todo.
      Pero es cierto eso, es mucho menos de lo que en realidad él quiere ofrecerle y que a veces lo transforma en un ángel de la guarda promiscuo que no sabe donde meterse sus pulsiones, porque además, respeta a ese pajarito sin alas que le dieron a guardar.
      Un abrazo grande!!

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  5. "Nadie se casa con el ángel de la guarda" bien podría ser el título de este capítulo, Simón.
    Digo porque me parece que hace tensión con la historia que se va contando. Así como está es un cierre. Si estuviera como título (acaso como epígrafe), deja la tensión flotando, ¿no?

    ¡Abrazo grande!

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    1. ¡Qué idea genial, Fer! Ya lo estoy arreglando. Gracias, amigo.
      Y gracias por venir a leerme.
      Un abrazo grande!!

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  6. Solo un hombre que ama a una mujer profundamente puede hablar así de ella.
    Naiara poder tener olor de tumulto y color de vasija sin esmalte, pero para ti es un ánfora de delicada forma, y sabed ver cuando se le ponen ojos de pajarito cautivo o mirada brava. Sabes mirar a Nai y sabes quererla.
    Y además de saber querer, eres un poeta grande Simón, que te quede claro.
    Gran frase final que corona el testimonio.
    Un abrazo, amigo Simón.

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    1. Hola Isabel! Muchas gracias por tus palabras, amiga.
      Alguien me dijo una vez, hablando de sí mismo sobre los sentimientos: "El amor te hace bueno".
      Creo que tiene mucha razón esa frase.
      Un abrazo grande!!

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  7. Qué sensación leer este relato, Simón. Me debato entre esa ternura sensorial con la que describes los lazos de cariño y amor, para después quedar de piedra ante la dureza de esa depresión que devora a Nai.
    Me ha gustado especialmente esta entrada.
    Un fuerte abrazo, amigo.

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    1. Hola, Sofi. Como conté alguna vez, los personajes de esta novela son todas personas dañadas, que remontan sus daños como pueden y dan una batalla diaria y constante contra ellos, con las posibilidades que tienen, apoyándose unos en otros y remando en las tormentas.
      Hay días mejores y días peores.
      Gracias por leerme, amiga.
      Un abrazo grande!!

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  8. Hermoso, Simón. Un relato para ponerlo en un cuadrito. Sí, tiene mucha poesía, y a mí eso me "puede", me conmueve, no puedo evitarlo. Yo creo que se debe escribir sobre cualquier cosa que a uno le interese, lo más importante es encontrar el lugar desde dónde escribirlo. Y una de las cosas que se salvan de esta vida, según mi humilde opinión, son los sentimientos que se agitan en esa palabra indefinible que es amor. Me encantaron los primeros párrafos, pero todo el texto es una joya. Un abrazo, amigo Simón.
    Ariel

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    1. Hola, amigo! Qué alegría verte, Ariel. Y más alegría si te gustó este episodio.
      Es una cosa de esas que necesitaba escribir desde adentro de mí más que desde la visión barrial de todos los problemas que quedan afuera de nuestros propios problemas.
      Un abrazo grande y muchas gracias por venir!!

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  9. Hola Simón,
    Letras escritas desde el corazón. Nos muestras tus sentimientos crudos, sentidos, transformados en belleza, real, desgarrada, que uno aguarda muy adentro porque la comprende. Haces que la sintamos.
    Es precioso, precioso de verdad.
    Un abrazo.

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    1. Hola, amiga!! Puro corazón. Eran cosas que quería decir para mí, para decirlas yo.
      Qué bueno que te haya gustado, Irene. Me pongo contento si fue así.
      Un abrazo grande!!

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