¿Dónde queda Lituania?

—El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen —dijo el Correntino Leiva y miró para afuera del salón de la Coope con un reojo feo de esos que en vez de reojos parecen escupidas.

Los chabones que estaban con nosotros tratando de armar el Día del Niño, le siguieron la mirada al Correntino como un montón de perros y terminaron allá, en la puerta, donde se había parado él, El Lituano.

De los grupos de la Coope se había ido ya hacía un tiempo que se empezó a hacer largo, no tanto porque el Lituano no volviera, sino por él mismo, por las cosas en las que andaba haciéndose ver como de otro palo, uno que le daba más plata y más chapa que el trabajo social. Un “trabajo posta”, como le supo decir a Pakito alguna vez en que Pakito le recriminó la onda que curtía. Después, el mismo Pakito nos vino a contar: “Nico, el Lituano, se cruzó de vereda”.

—¿Y ahora qué quiere este?.. Che, Lituano, acá no hay nada para vos. No vendemos falopa, no les pegamos a los viejos, no afanamos a los chabones que salen de la escuela, no le rompemos a corchazos los frentes de las casas a los vecinos ¡Fiu, fiu… jueeeera bicho!¡Jueeeeeeeera!

El Correntino y yo miramos a La Macabra porque le gritaba al Lituano como si estuviera echando a un perro de los tantos que se nos saben meter en la Coope cuando huelen comida porque queda el portón abierto durante las horas de merendero.

—Pará, nena… Tranquila —susurró el Correntino, porque pensó que el otro, allá en la puerta y mirando para adentro, iba a sacar un fierro y arreglar la ofensa— ¿Buscás algo, Lituano? ¿Te podemos ayudar?

La frase a todos nos sonó entre la boludez y la gastada. Creo que fue la entonación que Leiva le puso a la palabra “ayudar”, lo que creó esa ambigüedad burlona y servicial.

El Lituano se había apoyado en la entrada, contra el marco de la puerta que estaba abierta hacia el patio y permanecía ahí, quieto, como una cosa que nos hubieran dejado como donativo, una especie de adorno, de estatua yesosa grotescamente vestida con una campera vieja que parecía irle grande, y que no era en nada parecida a las que hasta hace poco el Nico lucía haciendo ver lo bien que le iba con el “trabajo posta” que había elegido.

—Ma, dejalo… ya se va a cansar y se va a ir —terció el Chinito y siguió haciendo equilibro para colgar las guirnaldas de las vigas del techo.

El Lituano seguía ahí y todos los demás estábamos incómodos con esa presencia de mal agüero, inmóvil y reclinada contra una de las jambas. Con la capucha del jogging subida sobre el cabello parecía un cuervo, un pájaro dañino, de color gris oscuro, encorvado, que esperaba comer un cadáver que nunca se moría y que para esperar, se hubiera armado de paciencia infinita.

—No se va.

El Lituano se había hecho una fama horrible. El sicariato le iba como un guante a su fisonomía, porque su cuerpo y su gesto respondían a la sonoridad de la palabra “sicario” que uno se imagina cuando le repica en los oídos. No sé si porque todos sus viejos amigos estábamos sugestionados con su nueva profesión, pero nadie dudaba de que El Lituano no podría haber sido otra cosa en el mundo que un sicario.

Pero no era Babaya. Naiara se encargó de aclararlo la primera vez que nos llegó el rumor de la transformación lituana. Lo aclaró con un escueto: “Del lado de mi casa, no es. Trabaja para el Rocoto”.

El lado de su casa también lo tenía de enemigo y ella se refería así a la vereda opuesta, al barrio oscuro, como si le hubiera tocado vivir de ese lado por un azar del trazado municipal y hubiera quedado atrapada en la zona sin luz, junto a todas las malas hierbas que se gestaron en la sombra.

—Voy a ver qué quiere —dijo Leiva, porque notaba la inquietud de los pibes y yo pensé que se imaginaba que El Lituano había venido por alguno de los que nos estaban ayudando o, por qué no, por Leiva mismo.

—O por mí —dije en voz alta lo que pensaba yo. Me miraron todos preguntándome ¿qué, qué? a lo que yo agregué— Mejor voy yo.

—Sí, mejor que vaya el profe porque si está enfierrado él lo desarma. Vo estás gordo, Corrientes, y te la va dar —conferenciaron los chicos pero el Correntino ya se había separado de nosotros y cruzado la puerta del salón con banderines, guirnaldas y piñatas, donde estaban las mesas coloridas para el chocolate con churros y los numeritos de las sorpresas.

“Andá Santu”, me mandó Nai, “si Nico quisiera matar a alguien no se hubiera quedado ahí parado. Quema y se va”.

—¿Querés algo, Lituano? ¿Por qué estás ahí de florero? —escuché que le preguntaba el Correntino Leiva, mientras se le iba acercando muy decidido, con su aspecto de ballenato peleador, fortachón, petiso y morocho como un perro malo.

Lo alcancé casi sobre el portón y justo para escuchar la respuesta que El Lituano le daba, con una voz que parecía borracha, que le reptaba encima de la lengua y se le caía como baba de los labios. A mí me pareció que hablaba otro, que no era El Lituano que todos conocíamos.

—Quisiera conocer Lituania, de donde vinieron mis abuelos. Me gustaría conocer Lituania, Corrientes ¿viste? Vos que sabés de todo, no me contás cómo es Lituania.

Naiara, el Chinito y varios chicos también se habían acercado y todos mirábamos a ese chabón ahí, que preguntaba por la tierra de sus abuelos, desconcertando el aire.

El ruido de la moto le tapó por completo la voz y con dos tiros lo vimos caer hacia adentro, desarmado, casi abarajado por el Correntino mientras todos los demás rajaban para el salón y se ponían a cubierto.

—Contame de Lituania, Corrientes… ¿Vos sabés donde queda Lituania? Me quiero ir a vivir ahí…

El Correntino me miró, porque yo me arrodillé también al lado de él. Los ojos del Lituano parecían los del Nicolás que se había criado con nosotros, mientras nos decía: “Me quería despedir porque me voy a Lituania… con mis abuelos…” y nosotros descubríamos que además de los tiros tenía varias puñaladas en la espalda y todo era sangre debajo de la campera horrible que no parecía ninguna de las suyas.


La Macabra llamó al 911, como siempre que pasan estas cosas. 






Glosario:

Chabones: tipos, personas, amigos, compañeros, otros humanos.

Chapa: prestigio, licencia.

Trabajo posta: bien pagado.

Curtir onda: tipo de vida que se elige.

Falopa: droga.

Afanar: robar

Corchazos: disparos de armas de fuego.

Juera: fuera.

Fierro: arma de fuego.

Boludez: tontería.

Gastada: broma repetitiva.

Estar enfierrado: estar armado.

Quemar: disparar el arma, matar con arma de fuego.

Estar de florero: estar quieto en un lugar sin ocupación aparente.

Rajar: huir corriendo, irse velozmente.

Comentarios

  1. Por qué le mataron? Solo quería saber donde estaba Lituania. Que fuerte. Eso es la selva. Como siempre es grande tu escritura. Un abrazo muy fuerte. La canción preciosa.

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    1. Hola Eli!! Creo que está aclarado que era un sicario. Lo que pasa en este episodio es un ajuste de cuentas. El chabón se queda en la puerta de la Coope porque ya tenía todas las puñaladas. Los tiros son solamente el remate. Sabía que se iba a morir y por eso habla de Lituania, como una vía de escape o como una ilusión, creo yo. Ya estaba mal herido cuando se queda apoyado en la puerta y los que pasan con la moto, solamente lo rematan.
      Es linda la canción ¿viste?
      Un abrazo grande, amiga!!

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  2. Hola Simón, pesqué tu publicación por casualidad en Google+, no me llegó la notificación.
    Nos contás un regreso muy triste: alguien que llegó al final de su historia y quiere que ocurra en el ámbito bueno al que perteneció. También, tal vez en su delirio, siente la necesidad de volver a sus orígenes, los de su familia, como quien quiere alcanzar la tierra prometida.
    Cada vez manejás mejor el entramado del lenguaje coloquial en los diálogos con la parte reflexiva, más literaria y poética.
    Encantada de leerte.
    Un abrazo grandote.

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    1. Hola amiga!! Tal cual lo decís es como fue. Yo supongo, ahora a la distancia, que quería huir de su "trabajo posta" y que lo de Lituania era una especie de evasión con la que soñaba como con un refugio.
      Qué bueno que te haya gustado, Mirella.
      Un abrazo grande!!

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  3. Hola, Simón. Un placer leerte por primera vez. Un relato duro y descarnado que nos inicia en el meollo de la acción, o al menos en el desenlace de la misma. Tipos duros, resignados a la vida de mata o muere, tan habitual que la Macabra tiene interiorizado lo que hay que hacer "siempre que pasan estas cosas". Diálogos duros y efectivos a los que le queda que ni pintado esa jerga, al vivir en España se me escapaba el significado de algunas palabras, aunque se entienden por el contexto.
    Justo al final de sus días, el Lituano se pregunta por Lituania, un lugar que curiosamente jamás conoció, donde quizá todo hubiera sido distinto, ahora que todo termina. ¡Saludos!

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    1. Hola David. Bienvenido a las Distopías. Este, como todo lo que hay en el blog, es un episodio más de la misma novela, así que los personajes, para los que siguen el blog, ya son conocidos porque son siempre los mismos.
      Con el tema del argot ya tuve varios cuestionamientos, así que por eso agrego después de cada episodio, un glosario, como para que haya una referencia de significados. Trato de mantenerla con el lenguaje del lugar que la novela cuenta y el que manejan los chicos del barrio. Al principio, cuando la empezamos, era mucho más cerrada, pero nadie entendía nada, así que hubo que morigerar esa parte "código".
      Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo grande!!

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  4. Bien, Simón, en muy grato ver cómo se te va puliendo la prosa y tu narración tiene, cada vez la vara más alta. Es un placer leer la frescura de los diálogos y la eficacia, la contundencia del texto. Un tramo duro que pinta a los personajes del barrio en forma cada vez más nítida. Un abrazo grande, Simón.
    Ariel

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    1. Hola, amigo. Tratamos de universalizar un poco y no parecer que está escrita en dialecto, jajajajaja. Así que le vamos encontrando la vuelta a cómo expresar mejor sin perder el barrio en el intento.
      Muchas gracias por venir, Ariel.
      Un abrazo grande!!

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  5. Qué bueno ese reojo feo que parece escupidas.
    Queda clarísima las fronteras “morales” de la Cope con las reglas de no pegar a los viejos , ni….
    Conseguido el tono irónico-mordaz del verbo “ayudar”
    Al Lituano lo has dibujado perfecto, parece una caricatura de los malotes de las pandillas urbanas….y al ballenato Leiva y el desconcierto de todos por la curiosidad del “sospechoso y sospechado” por conocer la tierra de sus abuelos. Haces que le pillemos coraje al lituano y luego, al final, que sintamos pena por él.
    Un final tremendo ¡tremendo!
    ¿Sabes Simón?, no solo cuentas bien, sino que tienes dotes de observador, siempre digo que para poder escribir primero hay que saber ver, y tú, compañero, haces radiografías certeras de las situaciones y de los personajes que transitan por ellas.
    Un abrazo, compañero.

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    1. Yo iba a poner escupitajos, pero los pibes me dijeron: escupidas, pofre, escupidas. Ya corrijo poco y nada, dejo más bien que fluya.
      ¿Cuántos de nosotros estamos atascados como el Lituano, Isabel? Demasiados. Pero en nuestros roles. Demasiados.
      Hoy, porque era sábado, dimos cine en la Coope. Usamos Netflix y un smart tv grande.
      Por si la querés ver, esta es la peli que hoy le proyectamos a los chicos que quieren salir de este lugar: Elefante blanco, de Pablo Trapero.
      Cada uno sacará sus propias conclusiones.
      Te mando un abrazo grande, amiga!!

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  6. Sabes Simón, a mí me ha parecido una especie de querer redimirse, un arrepentimiento, toda esa fantasía por querer saber de dónde vino su gente, cómo es Lituania. Con tu narración haces que parezca que uno ve una película, que uno escuche cada voz del relato.
    Y bueno, los chicos han podido ver de primera mano que el que a hierro mata a hierro muere, aunque como dijiste en el otro, la experiencia de los otros sólo nos queda en anécdota.
    Un placer leerte amigo.
    Abrazos

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    1. Hola amigo!! A mí también me pareció algo así. Buscaba redención en el lugar donde fue bueno y en su raíz. Quería volver a él, creo yo, al tipo que era y que dejó de ser. Se acordó tarde el chabón.
      Un abrazo grande. Muchas gracias por venir.

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  7. Hola Simón,
    Qué episodio más duro, al final si que conocerá su tierra o yo quiero verlo así. Sin juzgar te diría que todo el mundo en su último aliento debería tener derecho a redimirse para poder encontrar un poco de paz, pero con la vida que escogió y el mal que debió cometer el peso ha de ser enorme y la justicia poca. Como ves tus letras me han provocado confrontación, :)
    Un fuerte, abrazo.

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    1. Hola Irene. Como le digo a Gildardo, yo creo que intentaba volver a sí mismo y que la muerte lo confrontó con su destino: el que hierro mata, a hierro muere.
      Podríamos haber corrido y dejarlo tirado, meternos atrás, como los otros, cuando se oyeron los tiros, pero nos quedamos ahí y lo abrazamos. Lo acompañamos. Creo que son cosas que nacen del instinto de cada uno, y a nosotros nos salió quedarnos con él a pesar de su mala vida y de todos los daños que ocasionó.
      Un abrazo grande, amiga!!

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