Moviola

Dos guardias infernales y después ni en los sueños hay calma. Quedás anclado en tu zona de violencia. Si fuera Gildardo López Reyes, un amigo mexicano que escribe reflexiones sobre la vida diaria, diría que te quedás de frente con tu monstruo.

¿Cómo bajás del tren? Te tenés que tirar y te hacés mierda o decidís dormir hasta que el tren termine el recorrido y se aplaque el chirrido en tu cabeza, pero el tren va tan rápido que te sacude para todos lados en la vía podrida de tu vida y ese acelere inútil te tiene así, hasta que en un paso a nivel sin barreras, como todos los tuyos, te la das con un bondi o se la das a un bondi y lo dejás volcado sobre un costado de la realidad.

Capaz que pasó eso, porque yo soy un tren que en la ciudad va a paso de hombre y cuando cruzo los pasos sin barrera vengo con la bocina a full cien metros antes porque de verdad sé el poder del hierro de mi locomotora. El que se cruza, fue.

Algo mío se sale de control y lo abarajo como uno de esos chascos a resorte que salen de las cajas sorpresa. Lo abarajo y lo achato y lo vuelvo a meter en la caja y vuelvo, además, a precintar la caja hasta que la fuerza del resorte venza la resistencia de la tapa y salga el muñeco, como un grito pelado, hacia la luz.

El Chinito y el Damedós le echan la culpa de las malas emociones al clima del barrio.

Es el clima en que se vive acá, dicen, haciéndose los Sabios de la Orden del Escabio, porque los tres salimos un rato de la mufa a coleccionar birras encima de la mesa, en la vereda del kiosco del Raulito. Ellos por hacerme el aguante y yo por aguantar.

No hablamos del asunto o yo no hablo y ellos van de callados sobre eso, porque me corresponde a mí empezar con los sincericidios. Ellos lo ven así. Y podemos estar toda la noche mudos, escabiando y batiendo cualquier huevada, que es la misma milonga que estar mudos, porque no hablamos de lo que hay que hablar.

El barrio nos devora. Primero nos acorrala y después nos devora, como un gato gigante que encontró un ratón triste con el que entretenerse un rato largo.

En la cabeza me resuena el: ¡eh, eh, vo no te metá que vo so yuta, gato, vo so yuta y ya te va tocá!

—No te tocan porque el viejo Babaya sabe que el único que la mantiene viva a la Nai sos vos —dice el Chinito— Pero tampoco es para que te andés haciendo el héroe.

Yo no pienso en que me hago el héroe. Pienso en que me sale ese otro tipo que vive adentro mío, el del resorte ese que no puedo achatar y salta cuando menos nos conviene a él y a mí, pero es autónomo, y salir es algo que decide él como si fuera algo ajeno a mí.

Después del “incidente”, Agresti me llamó a su oficina y me dio “el sermón del buen bombero”, que terminó con un: “nene, ¿no tenés nada mejor qué hacer? ¿Ahí en la Coope no te precisan? ¿Por qué no hacés horas extras en la Coope y te dejás de joder con los Babaya? ¿Quién te pensás que sos?¿Don Quijote?

Yo le contesté que estaba con Leiva, en la casa de Leiva, cuando escuchamos los cohetazos. Que estábamos ahí por asuntos de la Coope ¿Usted que hubiera hecho, mi comisario?¿Quedarse en el molde siendo de "la fuerza"? Lo de "la fuerza" se lo dije remarcado y agregué: "Ya bastantes inútiles tiene "la institución". Esa parte, Agresti hizo como que no la oyó.

Cuando se lo conté a Muñoz, se prendió fuego. Un poco creo que la rabia fue por Agresti y su connivencia mafiosa y el otro poco, o mucho, fue por lo que me dice siempre: “vos no entendés que te dije ‘perfil bajo’, junior”.

Me da igual lo que me diga Agresti y me da igual lo que me diga Muñoz. Lo que me digan ellos dos me chupa tres huevos.

Lo digo en voz alta y el Chinito y el Damedós me preguntan quién es Muñoz porque mi jefe se llama Pavón y repiten ¿quién es Muñoz, Santi?

—Un amigo de mi viejo —salgo del paso y me escondo detrás de la jarrita de birra, mientras pienso que el soldadito se meó cuando le puse su propia pistola entre las cejas y que fue el Correntino Leiva el que me frenó. El Correntino Leiva, con su casa baleada y su familia abajo de las camas, fue el que salió en su bata animal print a pararme gritando que ¡somos mejores que ellos, no hagás cagadas, pendejo, no te cargués un fiambre, no hagás cagadas, pendejo!

E que yo soy yuta, amigo, le contesté al Correntino parafraseando lo que me habían gritado los que se escaparon.

Él hacía ademanes mientras salían otros vecinos para organizar el linchamiento del soldadito que yo había cazado como a un ratón triste, igual a todos los que el gato gigante que es el barrio se quiere masticar muy despacito.

Otro grupo había cazado también a dos soldaditos más y los traían a trompadas limpias, para apilarlos con el que tenía yo y masacrarlos a todos juntitos, como quien rompe un hormiguero montañita.

Al toque llegó Agresti, ni que estuviera apostado en la esquina protegiendo la balacera contra la casa del Correntino Leiva.

Antes de que los lincharan, cargó a los soldaditos en el móvil y me dijo a mí: “usted, venga conmigo y espero que se haya identificado”. Su eclecticismo me causó gracia.

—Sí —le dije— les grité: ¡alto, bombero! Tengo testigos, mi comisario.

Agresti me miró mal, como si le hubiera faltado el respeto a su autoridad con mi humorada.

Ahora, desde lejos y con las birras, parece una cosa medio épica, una realidad distorsionada, una película.

No sé de dónde sale la Katita.


Estoy en esos momentos en que cualquier polvo me viene bien porque no sé en qué tramo de la historia se me cayó del pecho el corazón.




Glosario:

Te la das con un bondi: chocás contra un colectivo

Mufa: mala suerte

Hacer el aguante: dar apoyo.

Yuta: policía

Gato: el sirviente del jefe que ejerce autoridad prestada (idioma carcelario).

Cargarse un fiambre: hacerse con un muerto.

Soldadito: el chico menor de edad que integra la fuerza de choque de los narcotraficantes (generalmente entre 12 y 15 años de edad)

Al toque: al momento, al instante.




Comentarios

  1. Un texto muy potente, lleno de tensión. Me pareció un hallazgo la imagen de los chascos a resorte para mostrar las reacciones y el estado interior de Santi.
    Muy contenta de que hayas vuelto a publicar, Simón.
    Un abrazo grandote.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola amiga. La verdad es que estoy como vos a veces, con pocas ganas de blog o de escribir en el blog, porque escribir, siempre escribo, pero para mí. No le veo mucho objetivo a escribir en el blog así que volví a los cuadernos Éxito (no a los Rivadavia) y si los chicos del taller no me empúan para que levante las historias, me las quedo para mí.

      Gracias por venir, Mirella. Un abrazo bien grandote, amiga!!

      Eliminar
    2. Arreglé eso que me dijiste del clima. Tenías razón. Anoche andaba cruzado. Ahora me parece que se entiende más, amiga.
      Otro abrazo grande y agradecido.

      Eliminar
    3. Permitite ese desgano, yo lo tengo muy seguido. Ahora porque estoy embalada con la historia de Piera, pero hay períodos en que uno necesita desconectarse y también me borro. Lo que pasa es que la gente que te ha tomado afecto se preocupa por tu silencio.
      Aunque no publiques, lo importante es que sigas escribiendo para vos en los cuadernos Éxito.
      Abrazos, Simón.

      Eliminar
  2. Tu forma de contar tiene un "algo" difícil de definir para mí, como una frescura de tal tipo, que parece que el texto está recién hecho, que te salió de un tirón, y que lo que uno está leyendo en realidad no son símbolos escritos sino que es el sonido de tu propia voz que lo está contando, como si fuese una grabación. Oral.
    Y el ritmo de la la prosa es vertiginoso, pero no desaforado, sino rápido y prolijo. Uno no necesita procesarlo porque lo engulle esa rapidez, a veces trepidante como el mecanismo de la locomotora, a veces más contenido, pero siempre sacudiendo para que la atención del lector no decaiga.
    Una delicia leerte, Simón, amigo. Un abrazo.
    Ariel

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola amigo!! Gracias por venirte a leer. La verdad que me pasa un poco lo que le cuento a Mirella. No estoy muy motivado para andar escribiendo y publicando en internet y lo que leés no tiene ninguna elaboración. No es que me siento a repasar hasta que se me gasta el texto. Es de un tirón. También tenés que estar motivado para corregir y la verdad, no estoy en sintonía.
      Si no fuera por los chicos del taller que quieren ver las historias en internet, creo que ya hubiera dejado de subirlas desde la hepatitis.
      Un abrazo grande!!

      Eliminar
    2. Te entiendo, Simón, con el tiempo te vas a dar cuenta, o tal vez ya te hayas dado cuenta, que a todos los que escribimos -para publicar o para nuestra intimidad- en algún momento nos pasa lo mismo. A mí me pasa y me ha pasado, que me dan ganas, no solamente de no mostrar lo que escribo, sino, directamente, de dejar de escribir, dejar el lápiz al costado y a otra cosa.
      Te lo digo desde mi experiencia, Simón, a veces uno se satura, entra en un limbo de desazón y ve todo oscuro. Yo no sé a qué se debe, en mi caso creo que se debe a que la energía que vuelco, el trabajo que le pongo, las horas de corrección, de dudas, son incontables. Y, a veces, llega el cansancio, o algo parecido. Es como cuando te corriste toda la cancha, durante todo el partido y el equipo pierde.
      Es todo muy raro, las experiencias son intransferibles, lo que te cuento es lo que me pasa a mí, a vos te pasará otra cosa. Pero, en todo caso, lo que quiero decirte es que a todos, en mayor o menor medida, nos pasa. Es más, no estoy seguro que lo que a vos te pasa coincida con lo que yo percibo que te pasa.
      No hay consejos, Simón, y yo tampoco me atrevería a hacer eso, es algo muy personal, solo quiero contarte mi experiencia. Cuando yo caigo en esos vacíos, sé que es inevitable y no tiene remedio, sé que tengo que hacer una sola cosa: nada. El tiempo sucede, transcurre, poco o mucho, y lo dejo correr, me siento a mirar el agua del arroyo, no me impongo metas, no me siento obligado con nadie, como si estuviera en la cama, enfermo, obligado a no hacer nada. Desaparezco del mundo. Y un día sucede que tomo la birome, de nuevo, y garabateo algo que tal vez me gustó, y ahí sigo, y comienzo de nuevo a tener ganas. O de repente releeo algo que escribí hace mucho, y me digo "esto tan mal no estaba", y así picoteando de a poco, vuelve a salir algo. Y reflexiono sobre lo que hice, Simón, sobre todo eso, reflexionar al estilo de los griegos, como si uno tuviese todo el tiempo del mundo para encontrar respuestas (si es que tiene preguntas que lo inquietan). Y si no, pensar en otra cosa, cambiar de rutina.
      Una vez intenté seguir escribiendo a pesar de que no tenía ganas, seguramente porque me sentí obligado, digo yo, aunque no sé si fue por eso, no estoy seguro. La experiencia fue espantosa: me sentí peor.
      Recuerdo que se lo comenté por mail a un escritor, amigo, viejo sabio, y me respondió de inmediato. Me dijo que de ninguna manera escriba si no estoy motivado, así, tajante. Después me contó que él se había pasado más de veinte años sin escribir y, que, cuando volvió a hacerlo se encerró un mes y escribió una novela de un tirón.
      Simón, te cuento estas cosas con el ánimo de acercarte mis vivencias. No sé si lo que te cuento, en algún punto coincide con lo que vos llamás "no estar en sintonía", y tampoco sé si te sirve que lo haga. Lo que te quiero decir es que me sale de adentro decírtelo.
      Un abrazo grande, amigo Simón!
      Ariel

      Eliminar
    3. Hola amigo. Sí, entiendo perfectamente lo que me querés transmitir. No es con la escritura en sí el problema. Yo no pienso cuando me voy a sentar a escribir que tengo que escribir un cuento o algo. Escribo solamente cuando me sale. Como te dije, mis pretensiones pasan por otro tipo de cosa.
      El asunto por ahí es publicar en el blog. Al principio con los chicos del taller habíamos hecho un pacto: íbamos a contar todo lo del barrio que no sale por tv, como si fuera una novela. Darle visibilidad a algunas cuestiones.
      Será que no le veo utilidad real y soy un chabón con espíritu práctico.
      Capaz que tenés vos razón, amigo y tengo que darle un tiempo al asunto y mientras tanto seguir como estaba antes, con el taller de la Coope y los cuadernos y mi vida, hasta que me vuelva el impulso para internet.
      Dios dirá.
      Un abrazo grande y muchas gracias por contarme tu experiencia, amigo.

      Eliminar
  3. Esa canción es preciosa. Siempre pienso cuando te leo que eres muy maduro para la edad que dices que tienes. Bueno lo importante es que tus escritos me llegan al corazón. Abrazos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Eli!! Hay lugares donde se crece rapidísimo y si no madurás, te maduran a la fuerza.
      La canción es muy linda, sí.
      Un abrazo grande!!

      Eliminar
  4. Te leo por primera vez y aunque el lenguaje de tu tierra me es difícil comprender. Me ha gustado esta historia.Es una pena que no escribas más en el blog , espero leerte de nuevo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola María del Carmen. Gracias por leer. Sí, entiendo que te resulte complicado, así que como me sugirieron varios amigos, al pie del episodio pongo un glosario, para que se puedan entender mejor los localismos.
      Lo del blog fue un experimento. Lo dicen los subtítulos. Creo que tengo que hablarlo con mi almohada.

      Un abrazo grande!!

      Eliminar
  5. Estoy con Mirella, me alegro mucho que hayas vuelto a publicar.
    Aunque en esta ocasión tus letras anden entre la dureza y la fuerte determinación.
    Tengo que preguntártelo, ¿todo bien?
    Un abrazo fuerte, amigo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Irene!! Por ahí vengo con malos tiempos y escribir en el blog me parece una tontería porque me doy cuenta de que es igual que escribirlo en los cuadernos o publicar la revista del taller, que por lo menos, con los chicos la repartimos por el barrio y los vecinos se enteran de que intentamos laburar los problemas, aunque sea escribiendo.
      Hay momentos más jodidos que otros. La cuestión es remarla hasta salir de la oscuridad.
      Muchas gracias por preguntar, amiga.
      Un abrazo grande!!

      Eliminar
  6. Hola amigo Simón.
    La alegoría del tren en marcha es magnífica comparándola con el tren acelerado de tu vida. Así como la del muñeco del resorte. Entiendo perfectamente lo que quieres decir cuando te sales de control.
    El Chinito y el Damedós puede que tengan razón, un poco tiene que ver el clima (te cuento que aquí en la isla hay una zona muy muy ventosa donde se han hecho estudios por el índice tremendo de suicidios…el viento descoloca, pero supongo que la incidencia mayor es el tipo de vida, el barrio, la falta de oportunidades…seguro)

    Me ha gustado también mucho cuando “sin decir diciendo” se dice más callado o hablando de otra cosa salvo de lo que importa, tú lo has explicado muy bien , lo de la milonga esa de los conversadores.

    Al margen de esto te quiero comenta algo que no debes tenerme muy en cuenta, pero fíjate que al no ser argentina me parece demasiado los giros coloquiales o locales que has empleado; cuando lo haces con los diálogos casan perfectamente en la boca de los conversadores, prestándole naturalidad y realismo, hay un quilibrio (te lohe alabado en varias ocasiones), pero fuera de esto a mí me parece un poquito excesivo. Te repito que no me hagas mucho caso porque leo en modo “castellano” aunque sea insular.

    ¡Tremenda la afirmación del barrio que devora y acorrala!

    Oye, Simón, no te extrañe que en los momentos malos se tenga ganas de un polvo aunque no sean de estrellas (cuando se muere alguien, después de los funerales, cuando los hombres se van a la guerra…dan ganas de perpetuarse, y si no de perpetuarse, pues al menos distraerse ¿o no?, no me extraña que te distrajeras, o recolocaras un rato el corazón con la Katika. .. a ver que dice la otra cuando se entere.

    ResponderEliminar
  7. Borré un comentario porque me salió repetido.

    Simón, leyendo las respuestas de los compañeros y las tuyas propias, leo que dices que fue una especie de pacto con los chicos para contar las cosas del barrio...y entonces ¡ahhh entonces sí que sí se necesita la boca del pueblo!, así que no hagas caso de mi reseña anterior ¿vale?

    Un abrazo de los fuertes fuertes.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Isabel. Te leo y leo a una mujer que sabe mucho de la vida y de las experiencias de las personas. Esas son las cosas que forman a un escritor. Entre ellas, la amplitud de su criterio, dice un amigo mío.

      Sí, los coloquialismos se deben más que nada a que trato de respetar el pacto con los chicos, como vos decís: La voz del barrio.

      Muchas gracias por todas tus palabras y por tu compañía.
      Un abrazo grande!!

      Eliminar
  8. Qué duro relato Simón, pero qué bueno es. Me ha dado mucho gusto hacer una aparición en él, gracias. Las cervezas, a pesar del efecto que tienen no pueden reemplazar un polvo. Esos son necesarios.
    Me ha gustado todo el texto pero particularmente esa parte de los silencios, yo soy alguien que no cuenta mucho, me viene de herencia.
    Bueno, te dejo un abrazo grande y me alegra volver a leerte.

    ResponderEliminar
  9. Hola, amigo!! La vida por acá cada vez se pone más dura, la verdad.

    Y también es verdad que un polvo a tiempo te salva de la muerte, aunque no sea con la mujer que vos amás.

    Un agradecido abrazo grande, Gildardo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

ZONA POPULAR

Alfajor santafesino

La rara incapacidad de escribir una carta de amor

Bajo fondo

El pájaro en la ciénaga

Lo kafkiano de lo que no está.

Sabonim

Inteligencia sin claridad.

Cristales de sal