Inteligencia sin claridad.

La Macabra estuvo un rato haciéndose la boluda, seguramente porque el Chinito se la apalabró por el camino y le batió cualquiera por mi estado de ánimo.

Ella venía con sus bardos propios y estaba como yo, a medio hundir, escorada mal por sus asuntos, porque Nai siempre tiene sus asuntos y solamente si se le queman todos los papeles, se refugia en mi casa, como un pájaro. Yo siempre pienso que Nai se refugia en mi casa como un pájaro al que mutila una tormenta.

Yo estaba ya marcando con los chicos, cuando ella llegó a la clase de taekwon-do. No la miré, porque cuando uno está marcando, está marcando y nada más, pero sentí que su cuerpo entraba en nuestro aire, igual que una paloma entra en esas construcciones antiguas de la ciudad, como la Sala Lavardén o el Museo de Ciencias Naturales, o la iglesia del barrio de mi vieja, donde mi tía es catequista, o en la facu donde yo estudio Letras.

Cuando le dije a mi vieja, después de que me voló los pelos con que no ejercía de psicólogo, que estaba estudiando “además” otra carrera (encima la misma de mi viejo, dos veces la misma de mi viejo: bombero y ahora letras), se hizo un silencio que si yo fuera escritor, describiría como pavoroso, porque fue pavoroso y parecido a esos silencios que no tienen un nombre racional, cuando conseguís salir del fuego con un cuerpo en los brazos. Cuando sacás un cuerpo de un incendio, parece que todo el universo se callara y el silencio alrededor es peor que un grito.

Mi vieja hizo ese tipo de silencio y se fue a otra habitación de la casa de mi tía, de la que nunca volvió.

La esperé un rato largo pero ella no volvió, así que me fui y mientras me iba pensé lo que pienso siempre: ¿para qué mierda vengo?

Nai esperó que terminara la clase. Estuvo ahí, tensa y hambrienta, mirándome marcar, hasta que todos los chicos se fueron y se le desocupó el tatami para su clase con la chicas. Ella decidió, desde un comienzo y cuando yo llegué a la Coope a dar taekwon-do, que no mezcláramos, así que no mezclamos. Lo acepté porque ella estaba antes que yo.

Me saludó y yo entendí que quería combate.

Y le dije: No, Nai… ahora no.

Si ella decide que hay combate, hay combate. Y lo que hay, es combate, así que hubo combate que nuestros alumnos presenciaron como dos barras bravas que babean por la sangre del equipo rival, gritando tanto que parecía cualquier cosa, menos un combate de taekwon-do.

Al final se lo dije: ¿Ves lo que ganás, boluda? Que en vez de respetar la disciplina parece que apostaran en una gallera. Salen de acá y matan a alguien, boluda.

Le iba a partir la tráquea pero detuve el golpe y sencillamente lo marqué, mientras le decía eso.
Algo le hizo click. Me saludó, la saludé, paramos la masacre por la que ahora me duele cada golpe y ella debe estar que no se aguanta, porque yo me zarpo y si me calzan, calzo.

Por la locura que tenía Nai encima, intuyo que alguien le debe haber ido con el cuento de lo de la Katita, como no sea la Katita misma.

Sale poca agua de la ducha. Me enjabono cada moretón. La Nai te cagó a piñas, murmuró el Chinito y yo le dije “me dejé pegar”. Y ella sabe que me dejé pegar y que si quiero, la parto en dos, pero no quise, porque yo no pego, no soy como su viejo. Yo no pego, porque yo soy Santucho y no Babaya.

La miro frente a mí. Yo en la ducha y ella frente a mí, quieta, aparecida, como si el Apolonio, que es el encargado de frenar las visitas, no estuviera, como si no sirviera para un choto. Seguro que el Chinito la dejó saltarse por el tapial del fondo, porque la reja del frente está cerrada.

La miro frente a mí y ella me mira como si yo fuera una novedad toda estropeada por sus golpes certeros.

No sé en qué momento del combate le rompí la boca. No lo sé. Ahora veo que la tiene amoratada y rota, deforme, dolorida. Y ella mira los golpes que me dio en el cuerpo desnudo y empapado, a medio enjabonar.

—¿Qué hacés, Naiara?

Como no sé qué preguntarle, se me ocurre preguntarle eso, porque tampoco sé qué hacer, así en pelotas delante de sus ojos que me miran mirarla o mirarle las lágrimas que le ponen de agua la mirada, como la ducha me pone de agua el cuerpo a mí.

—Vine a ver si estás bien.

—¿Y vos?

Recuerdo que debo manotear el toallón, así que lo descuelgo torpemente y me lo enrollo en las caderas, con cara de boludo y cierro las canillas mientras encharco el baño.

Naiara me dice que no me enjuagué el shampú de la cabeza. Tenés todo el shampú, me dice y casi que me mete otra vez en la ducha.

Yo insisto en preguntarle si está bien.

Se mete en la ducha conmigo y me dice: Sos un hijo de puta, ¡que fuerte que pegás cuando se te va la inteligencia!



Glosario:

Batir cualquiera: decir cualquier cosa.

Bardos: problemas, líos, asuntos.

Estar marcando: en taekwon-do, ejercitar los pumpses.

Volar los pelos: alterar.

Zarpar: pasarse, hacer algo de más, por fuera de lo establecido.

Calzar: acertar.

Servir para un choto: no servir para nada.

Boludo: idiota.




Comentarios

  1. Que relato amigo,, la verdad muy completo sin obviar detalles como siempre lo haces. Una real y sincera forma de contar. Logras adentrarnos a los que te leemos .
    Sin más palabras!!! Te dejo un fuerte abrazoooo!!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Marce, genia!! Por fin pudiste llegar, amiga. Te quiero, santiagueña!!
      Gracias por hacerme saber que pudiste leer y que leíste.
      Un abrazo muy grande.

      Eliminar



  2. A mi me deja el corazón encogido y no sé por que este relato me hace llorar.Seré boba.....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Eli! Será porque en cierta manera describe una situación de violencia entre dos personas que se quieren y no pueden manejar bien lo malo que les pasa.
      En una de esas, fue por eso que te hizo llorar.
      Un abrazo grande, amiga!!

      Eliminar
  3. Muy bien escrito, estás cuidando más todos los detalles del tipeo y del lenguaje coloquial. Es un relato duro que muestra cómo los asuntos no resueltos inclinan a la violencia. Descargar en el otro las propias frustraciones y el otro, a su vez, también hace lo mismo. Y el tatami parece un sitio adecuado y además con público, como una competencia entre un bando y el otro. O la bronca de un amor que no termina de concretarse.
    Me gustó mucho, Simón.
    Un abrazo bien grandote.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Mirella!! Se me van despertando las neuronas así que terminé por asumir que no puedo ser al mismo tiempo narrador y personaje, así que prefiero apostar al narrador.
      Lo más lamentable es que los chicos vean la escena de dos sabonim peleando porque no pueden controlar sus neuras, cuando vivimos predicando justo eso, que hay que controlar la neura porque el taekwon-do es un arma que requiere de control y serenidad mental.
      Un abrazo grande!!

      Eliminar
  4. ¡Hola Simón!, tu forma de contar sobre una relación de amor (sin duda lo es), es tan genuina, tan salida de las entrañas que no resulta nada impostada, y sin duda, la pongo al nivel de las parejas de la literatura clásica ¿por qué me tengo que creerme más a Romeo y Julieta, a Calisto y Melibea, a Ana Karenina y su conde, a Alessandro Baricco y su japonesa…, o a Cyrano y Roxana?, (aunque siento debilidad por los Cyranos), y es que creo que no hay mejor manera de contar que sacándolo de dentro, y mira, no hace falta lunas, ni balcones, ni venenos redentores ¡anda…me ha salido una rima!
    En serio Simón…Nai es humana, con todas sus imperfecciones es de carne y hueso… solo tus ojos saben ver (y tu boca contar) que la chica es un pájaro tocado del ala y tu sencilla casa un Museo, Sala o Iglesia... donde entra la paloma herida. Así como el modo en que la Macabra pega, mira, habla y entra en la ducha.
    A todo esto se le llama LI-TE-RA-TU-RA señor Simón, y de la buena, que lo sepas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Isabel!! Bueno, amiga... ¿y ahora que te contesto? Jajajajaja.
      Como le digo a Mirella, estoy ajustando bien al narrador y que el personaje no se lo coma, así que parece que va dando buenos resultados y eso me pone contento.
      Gracias por pasar a leerme.
      Un abrazo grande!!

      Eliminar
  5. Qué bueno , Simón, la escena de la ducha te quedó espectacular, parece otra pelea, la continuación de la que tuvieron sobre el tatami, no porque hubiera golpes sino por la forma en que la contás; parece que se estuvieran marcando, pero de otro modo. Uno espera una escena de sexo y vos la esquivás con esos gestos y esas miradas que uno imagina, dejando el suspenso en el aire del relato. Un abrazo, amigo.
    Ariel

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué bien lo interpretaste, amigo!! Qué bueno poder saludarte. Tiempo de no verte por ningún lado.
      Creo que la escena de sexo hubiera estado de más. Lo que se crea, en algún punto, es tensión sexual y creo que hasta ahí daba el episodio.
      Además, yo soy de la idea que de que lo erótico solamente se sugiere y que el lector haga el resto.
      Un abrazo grande!!

      Eliminar
  6. La violencia no arregla los problemas, pero la rabia por no poder solucionarlos les lleva a ello. Es un capítulo muy duro, Simón. Una relación complicada, que viene a decir si no eres feliz conmigo no puedo permitirte que lo seas con otro. Es injusto y doloroso. A veces es mejor apartarse aunque duela y el tiempo ya olvidará por nosotros.

    Un fuerte abrazo, amigo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tal como decís, son relaciones complicadas, Irene, porque siempre quedan irresueltas, por lo que sea y muchas veces, por cosas ajenas a los protagonistas.
      Y lo peor es que, estando dentro del círculo, te das cuenta que es un círculo y no tiene puerta.
      Gracias por leerme.
      Un abrazo grande!!

      Eliminar
  7. Buenísimo Simón. Toda la tensión de la pareja, con todos sus matices. Lo disfruto más ahora que tengo más información sobre los protagonistas. Sólo decir que lo he disfrutado mucho.
    Un gran abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola amigo!! Qué bueno que lo puedas disfrutar ahora, Gildardo. Y que bueno verte. Muchas gracias por leerme.
      Un abrazo grande.

      Eliminar
  8. No me gusta la violencia en ninguna de sus formas. Dicen que el amor duele, y este relato es una prueba de ello. No obstante, yo considero que los golpes solo traen más golpes, y quién sabe si la rabia contenida de estos dos enamorados al final terminará por desgastarlos por completo.
    Una narración dura en verdad.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Sofi. Muchas cosas dependen del lugar donde se desarrollan y de cómo están acostumbrados a vivir los de esos lugares. Si bien la violencia es repudiable en todo contexto, ciertos lugares, ciertas geografías, ciertos ambientes, ciertas atmósferas, son las que crean la ley del juego y ahí ya depende de la regulación que cada uno le ponga a su conducta, el ser más o menos violento en el momento en que la violencia invade tu espacio.
      La novela es una novela que pisa las dos veredas: un barrio marginal con un lado totalmente coptado por mafias y violento y un lado donde todavía persiste gente de trabajo, pero que no puede sustraerse a la violencia que lo envuelve todo.
      En ese espacio se criaron los dos protagonistas. Son dos hijos de un margen que a la vez, tiene dos márgenes diferentes.
      En un episodio anterior conté como la pareja de una chica quema a la chica, a la casa y por poco también a su bebé y cuando se le pide a la abuela de la criatura que se haga cargo del bebé, la mujer se niega porque la chica quemada dejó de ser su hija al irse con el que la quemó.
      Se supone que estos dos chicos del combate de taekwon-do son de "los buenos" en la novela pero cada uno pertenece a un margen distinto de la misma realidad. Se expresan como pueden.
      Un abrazo grande!!

      Eliminar

Publicar un comentario

ZONA POPULAR

Agitando un pañuelo es estar agitando un pañuelo.

Pasajes raros

Aniversario

Lo kafkiano de lo que no está.

No haciendo tablas

Madre hay una sola (menos mal...)

Bajo fondo