Lo kafkiano de lo que no está.

A veces uno está ahí y se sale de la vaina por contar la verdad pero alguien te dice que la verdad no existe, que los trolls manejan la verdad en las redes y que la red es la realidad y por lo tanto, no es virtual. Cada uno la pinta como le manda el jefe.

La verdad es del que la ve, más allá de cómo la interprete al final, pero no hay un testigo más locuaz que el ocular que agarrás in situ, cuando acaba de pasar la cosa y toda está fresco y uno sabe perfectamente lo que vio y el cerebro no te lo acomoda para que duela menos. Uno sabe perfectamente lo que vio si estaba mirando o sabe perfectamente lo que escuchó (aunque el oído por ahí es un sentido que te dibuja la realidad porque capta demasiados ruidos al mismo tiempo y entonces hace como una especie de dibujo sonoro de algo que no ve).

Cuando Pavón me manda a preguntar a los vecinos, yo voy y pregunto al toque.

En general los bomberos no preguntamos nada. Estamos demasiado ocupados en solucionar lo que pasa para distraer personal en preguntar. Y una vez que la cosa terminó (a veces lleva su tiempo), por ahí algún vecino se arrima con los chismes, pero ya está como inventada la realidad que se acaba de vivir y los relatos empiezan a parecerse a cuentos.

Pero Pavón, como mi viejo, fue de Seguridad antes de elegir ser de Técnica o sea, bombero y, por eso tiene una vocación rara por saber, por investigar, por entender qué pasó de verdad en lo que parece que pasó. El fondo de la cosa, dice siempre.

Yo fui de las últimas camadas de Seguridad. A mí me tocaron todas las últimas: la de los últimos egresados de las escuelas técnicas, después del asesinato a la educación que protagonizó el gobierno de Menem y la de los últimos egresados de la Escuela de Cadetes que tienen la obligación de andar armados por la vida, aunque seas personal técnico.

Pavón me manda a preguntar a mí porque dice que tengo dentre con la gente. Por ahí lo influye el título que conseguí en la facultad pero que a mí me importa nada, porque realmente no nací para psicólogo de diván. Pero él me manda a mí, porque considera eso, que tengo dentre.

Yo con la gente siempre hablo. Soy bombero y ser bombero es medio como ser de la Cruz Roja: un salvador del mundo. No está errado el concepto. Somos pocos y raros, la verdad. De Seguridad podés ser por el sueldo. Bombero sos porque te lo manda el alma.

Eso último que dije es lo que decía mi viejo: Hay cosas que te las manda el alma.

Como Pavón me mandó, yo fui.

La mujer estaba sola, sentada en el tapialito bajo, justo al lado del pilar de luz de su casa o sea que pagaba la luz y no como la mitad del barrio de ese lado, que se engancha. Eso me habló mucho de ella. Que tuviera medidor de luz.

Estaba sola ahí. Sentada en el tapialito y sola y en el espacio verde de delante de la casa había un montón de enanitos de yeso, cuidando el jardín.

Ella me pareció un enanito de esos, que se hubiera salido y estuviera afuera, sentada en la tapia bajita y pensando qué cosa había hecho mal para perder la magia de su maternidad.

Me presenté y me miró con unos ojos hechos todos de noches de luna nueva. Ojos en los que nunca hubo un momento con luna, pensé yo, pero después me centré en la orden de Pavón porque escribir no sirve en los momentos en que la gente sufre. Sirve solamente después, para contar lo que la gente sufre.

A pesar de que ya le había preguntado si era la madre de la víctima del "incidente", me presenté otra vez porque ella me miraba sin hablar, y ese silencio me empezó a aturdir.

Pavón me manda a mí a hacer estas cosas porque todos dicen que nací viejo. Debe pensar que como ya nací viejo tengo de sobra espíritu para soportar los garrones horribles que a todos se les atragantan.

—¿Quiere un mate?.. Me vendría bien un mate ¿y a usted, bomberito?

Yo le digo que sí a esa figura que deja la tapia baja y se mete en el patio con enanitos. Caminamos a través de tachitos con plantas. Huelo a orégano y enseguida a romero.

La casa es tan estrecha que el colchón de dormir parece grande en ese espacio donde la mesa y la heladera se pelean con la cocina y la ropa.

Cuatro chapas, pienso. De este lado del barrio, cuatro chapas. Y hasta el camperón del uniforme me parece demasiado grande en ese espacio tan chico, que huele a muchas cosas que no alcanzo a diferenciar. Me saco el casco porque me doy cuenta de que lo tengo puesto. Pienso que es un gesto ancestral eso de sacarse lo que cubre la cabeza cuando uno entra en la casa de otro.

La mujer le pone fuego a una de esas cocinas de dos hornallas que dependen de la garrafa social. Y ya me dijo el Chino que los del “lado de allá” cobran cualquiera la garrafa social, por si a mí se me ocurría decirle al Correntino Leiva que mejor nos encargábamos nosotros de eso. Pero Leiva ya me había dicho que no podíamos, porque nosotros, los de la Coope, somos “de este lado” y en este lado no te dan la social “porque somos todos laburantes, tenemos sueldo en blanco”. A veces parece que el Correntino se hubiera quedado atascado en otro tiempo, en otro barrio, hasta en otra realidad.

Miro a la mujer que está de espaldas y pienso que la casita es muy chica con respecto al patio con los enanitos y las latitas con orégano y romero. Que podría haberle comido un poco al patio y agrandar la casita para estar más cómoda y que no parezca que todo está muy apretado y en conflicto, cuando uno entra.

La pava en la que la mujer calienta el agua es una de esas pavas panzonas y negras por el hollín del brasero. Requemada por el fuego del carbón con el que calienta el ambiente. El Chino vuelve a repetir en mi memoria: “Les cobran cualquiera por la garrafita esos hijos de puta que la tienen concesionada”.

Ella me dice: Siéntese.

Me señala una silla y yo espero de pie que ella también se siente.

—La Nara...¿se va a salvar? —me pregunta, todavía de espaldas a mí y sacudiendo el mate para acomodar el polvillo de la yerba— ¿Dulce o amargo lo toma?

Yo le digo que como venga y ella dice: “amargo, pues”.

—No sé. Vine a avisarle que la llevaron al HECA, por ahora —respondo también su pregunta anterior. Quiero explicarle algún detalle más pero ella me interrumpe.

—¿Consiguieron hacer entrar la ambulancia hasta acá? —quiere saber, más con tono de burla que con asombro.

Las ambulancias la tienen jodida. Cada dos por tres los asaltan si deciden entrar, así que generalmente esperan afuera y hay que llevar al paciente hasta donde se quedan los médicos del SIES. También los asaltan en su propia base, cada tanto y les llevan lo que tienen ahí y también, de vez en cuando, les pegan porque atienden a uno antes que a otro, en un enfrentamiento de bandas rivales.

Entiendo la ironía en la voz de la mujer.

—Antes lo tomaba dulcito ¿vio? Pero con lo que está la azúcar, todo se pone amargo… como la vida, bomberito —me dice cuando acomoda el mate y la pava sobre la mesa.

“Y, sí”, le digo yo y ella se da cuenta de que estoy intentando encontrar la forma de preguntarle cosas sobre si sabía lo que pasaba con la hija y el yerno, si la hija había hecho alguna denuncia, si ella podía aportar algo o hacerse cargo del nenito mientras se libraban las actuaciones; cosa que no debería estar haciendo yo, pero como Agresti no mandó ni una paloma mensajera para hacerse cargo de su parte, Pavón, aunque no tenemos nada que ver, tomó la posta.

—Mire… se lo tiene merecido. Cuando se fue a enyuntar con el vago ese, yo se lo dije. Estaba avisada "esa pendeja". Le dije lo que le iba a pasar. Pero ella se había calentado con el vago ese y me contestó que yo estaba celosa, porque la prefería a ella en vez de a mí. Eso me contestó..¡Mire si iba a estar celosa! Yo ya lo había echado ¿vio? Porque tenía la mano pesada y siempre estaba tenaza o re mamado. Ella se fue con él. Bueno, ái tiene… Estaba avisada.

—¿Usted puede hacerse cargo del nene? Es su nieto —pregunto yo—  porque de acá hasta que llegue alguien de Niñez a tomar cartas en el asunto, la criatura va a pasar de mano en mano de los vecinos.

Pienso que uno de mis compañeros sacó al bebé de la casita junto con un destino de moneda mojada y sucia de ceniza, después del incendio en el que no murió, no sé si de casualidad o de milagro o en una de esas, no murió porque está condenado de antemano y definitivamente a morir de otro modo, más adelante, cuando la vida le avance otra vez encima, porque mi compañero consiguió salvarlo a tiempo de asfixiarse con el primer avance.

—No. No puedo. Esa pendeja que se quemó ya no es mi hija, bomberito —me aclara la mujer— Estaba avisada. Yo le dije que el vago ese la iba a desgraciar cualquier día. 

—No se quemó sola, señora. Le prendió fuego el... —me doy cuenta de qué no sé cómo llamar al tipo— Y está el bebé, que lo sacamos vivo ¿vio? Está el bebé.

A mí me apuran por el handy porque "ya nos vamos".

—Piénselo, señora… es un bebé ¿Qué culpa tiene el nene? Y usted es la abuela.

Lo digo por las dudas.

La mujer no me escucha. Solamente me abre la puerta para que me vaya de una vez.





Glosario:

Al toque: de inmediato.

Tener dentre: tener llegada a la gente.

Tachitos: generalmente recipientes de lata o de otro material.

Cobrar cualquiera: pedir precios exorbitantes.

HECA: Hospital de Emergencias.

SIES: Servicio Integrado de Emergencia Sanitaria.

Tomar la posta: hacerse cargo de una situación.

Estar tenaza: estar muy drogado.

Re mamado: muy borracho.

Pendeja: jovencita.


Comentarios

  1. Que voy a comentar que tu no sepas..Me encanta como escribes y el corazón que tienes.Siempre he admirado la profesión de bombero.Dificil profesión.Abrazos grandes Simón

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    1. Hola Eli!! Gracias por venir a leerme una vez más y por comentarme.
      Yo amo mi profesión, porque va mucho más allá de apagar incendios. Los bomberos hacen muchas cosas más en ocasiones de desastres, en búsqueda de personas, en rescates. Hasta bajamos gatitos de los árboles, jajajajajaja.
      Un abrazo grande!!

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  2. Durísimo el relato, Simón, precisamente duele porque es real. Uno lo escucha o lo ve por la tele. Vos los vivís y sabés cómo transmitirlo.
    Tenés unas reflexiones excelentes y algunas descripciones poéticas para suavizar un poco el tema.
    Me gustaría que lo revises, hay errores de tipeo y sobre todo en la primera parte mucha repetición de "eso" y algunos "de" que se pueden suprimir.

    "Porque todos dicen que nací viejo, Pavón me manda a mí a hacer estas cosas." Queda mejor si invertís la oración: Pavón me manda a mí a hacer estas cosa porque todos dicen que nací viejo.
    "Seguridad por ahí podés ser por el sueldo": De Seguridad podés ser por el sueldo. (sacaría "por ahí" que lo repetiste más arriba)
    "Sentada en el tapialito y sola y en el espacio verde de delante de la casa había enanitos de yeso, que cuidan el jardín." (le sacaría "de esos", lo decís en la siguiente frase).
    Son sugerencias para que te fijes, sabés que soy una pesada con ciertas repeticiones y con lo del tipeo.
    Un enorme abrazo, querido Simón.

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    1. Hola amiga!! Gracias por estar tan atenta y hacerme ver las fallas. Yo encontré un montón más y ¿sabés qué, amiga? me di cuenta de que el tema me jodía tanto que hasta había omitido cosas, así que aproveché la corrección para corregir y agregar algunos detalles, algunos cambios de palabras y algunas cosas que no sé por qué no puse de una.
      Ahora como que quedó más completo y yo me quedé más tranquilo.
      Muchísimas gracias, Mirella y un abrazo muy grande!!

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  3. Excelente Simón. Te juro que me hiciste entrar en esa casita, con un uniforme puesto, me vi sacándome el casco y tanteando el diálogo con esa mujer. Sabés contar la tragedia sin maltratar al lector, sobrevolando el drama, acercándote al núcleo despacio, como en este caso, arrancando desde la descripción del patio hasta llegar al centro de la historia, para alejarte luego, después de que la mujer abre la puerta para que salga el bomberito.
    Un lujo en ese abanico que vas abriendo despacio para contar de a poquito, como en voz baja.
    Te mando un abrazo, amigo Simón.
    Ariel

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    1. Hola, amigo!! Como le digo a Mirella, le retoqué algunas cosas que me había comido porque por ahí el tema me jode más de lo que yo estaba dispuesto a admitir, así que ahora creo que muchas cosas quedaron más resueltas dentro de mí, al poder escribirlas. Son detalles chiquitos, pero no sé por qué me los comí en la primera escritura.
      Igual pienso que ya bastante tragedia es la tragedia como para que venga uno a echar leña al fuego. Sería pasar de lo dramático de la realidad a un exceso que la realidad no tiene, porque la crudeza es crudeza, así, a secas y no precisa que encima la estemos adornando "a lo escritor", jajajajajaja.
      Yo también te mando un abrazo muy grande, Ariel!!

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  4. Qué congoja he sentido con esta lectura, Simón.
    El relato posee pinceladas de temas variados, pero interconectados entre sí de manera inteligente. Se trata de un drama social en el que vemos por un lado la dificultad de una profesión en la que el esfuerzo físico, el rescatar y el salvar vidas va muy ligado también a la psicología, al contacto con los sentimientos de las personas. En ese sentido, creo que la frase de que escribir "Sirve solamente después, para contar lo que la gente sufre" describe con exactitud la esencia de lo que son los testimonios.
    Y qué decir de esa otra lacra social del maltrato, acrecentado en este caso por el odio familiar de una madre hacia su propia hija y su nieto. Da mucho que pensar, sin duda, ya que es una forma cruda y sincera de acercarnos a la realidad.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Hola Sofía!! Gracias por venir a leer. El blog se llama Distopías, justamente por todo este tipo de cosas. A veces parecen de otra realidad, de un momento post apocalíptico y sin embargo están ahí, pertenecen a la vida diaria, son cosas que pasan todos los días y que no se solucionan sino que más bien parece que se ahondaran conforme la sociedad se va acostumbrando y poniéndose indiferente.
      Un abrazo grande, amiga!!

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  5. Un milagro ignorado, como el pequeño niño que queda sin nada. Eso, conmueve y más lo real, puesto que constantemente esta el ángel que queda en tierra con las alas cortadas. Es triste Simón, que pienso en un poco en lo valiente de todos los bomberos (Incluyendote) a lo que con lleva todo el drama y las escenas que aún guardas con nostalgia y claro, las futuras en enfrentarse.
    Hasta pronto Simón. Me gusta lo real, así que volveré.

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    1. Hola Gaby!! Muchos milagros se producen y la gente les pasa por encima sin verlos. Los pisotea y los estropea. Después se quejan y se andan preguntando ¿qué pasó para que pase tal o cual cosa? Yo no voy a andar por el mundo juzgando al prójimo pero siempre me llama la atención como se porta la gente delante de determinadas cosas, así que soy bastante observardor.
      Tengo un problema más que con el cómo, con el porqué.
      Un abrazo grande!!

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  6. Hay que ser muy valiente para hacer eso que tú haces Simón, hay que tener huevos. Y no sólo me refiero a ser bombero. Eso que describes, enfrentarte a esa mujer con lo que se está enfrentando ella, hay que ser valiente para poder preguntarle y decirle cosas.
    Hay tantas orillas de la realidad en lo que describes. Y con esta prosa tuya que da gusto leer.
    Un abrazo.

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    1. Hola Charly!! Bienvenido a Distopías y muchas gracias por acercarte y leer.
      La verdad es que lo de la valentía no me lo puse a analizar nunca. Yo le digo "compromiso". Creo que pasa más por cómo cada uno se compromete con lo que hace o cómo entiende lo que hace. Muchas veces es difícil pero si trabajás de eso ya sabés lo que vas a encontrar o vas a ver. Y más que a lo de bombero, hablo de las formas de reaccionar de la gente del barrio. Viviendo en algunos lugares es fácil entender como funciona el pensamiento de los que viven ahí. En una de esas en otro lado se portarían diferente.
      Un abrazo grande!!

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  7. Hola Simón. Por fin pude venir a leerte.
    Para empezar el título “Lo Kafkiano de lo que no está” le va perfecto.
    Es éste, un trabajo un tanto ambiguo (con voluntad por parte del autor, supongo, de que así lo sea)… lo virtual, lo real…, pero es que…”La Verdad”, así, en mayúscula, como concepto es de difícil definición, la verdad de los demás, nuestra verdad, la intuición primogénita de la verdad. Yo creo que hay que aprender a hacer caso a la intuición.
    Y luego ya de generalizar… te centras (y nos centras) en la situación concreta de lo que ocurrió, o dicen, o cuentan, o piensan que ocurrió. Tus dotes de observación son magníficas y como dices “el dentre” supongo que ayudarían: la mujer que huele con medidor de luz y enanos en su jardín perfumado de romero y ojos de noche de luna nueva.
    Otra cosa que bajo mi punto de vista está conseguido es el tono, el tono cáustico de la mujer, sin explicarlo demasiado, simplemente la has puesto a hablar (actuar) con el tono adecuado para que podamos captar su ironía, lo que no dice, o lo que medio dice, lo que esconde, lo que guarda.
    En fin, que ya conozco tu manera de escribir y la distinguiría entre un montón.
    Sello e impronta única, y en todo ellos hay un compromiso social y humano con los aplastados.
    Un abrazo compañero.

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  8. Se me olvidó ayer decirte que tienes un equilibrio saludable entre el lenguaje concreto y el abstracto. Un ejemplo de lo concreto es lo fácil que se ve (y se huele) el jardín con sus enanos, la casa menguada, y un ej. entre otros tantos de abstracción, lo que ve el cerebro y no acomoda.
    Un binomio perfecto.

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    1. Hola Tara!! Gracias por venir. Yo también creo que la verdad como definición no existe y está formada por una sumatoria de visiones que aportan cada una su óptica. Las primeras frases se refieren a algo que dijo alguna vez el gobierno que ya pasó: "La inseguridad es una sensación". Era una falacia para ocultarla, porque todos veíamos pilas de muertos en hechos de inseguridad todos los días y el índice de femicidios crecía de manera exponencial en todas partes, con la modalidad: "te prendo fuego".
      Para mí la verdad es una cosa kafkiana. Algo que nunca se termina de resolver y queda a gusto del consumidor.
      Muchísimas gracias por eso que me decís del "equilibrio saludable". En eso, te confieso que me esmero. No quiero cargar las tintas sobre nada y que todo se refleje a sí mismo de la mejor forma.
      Se lo explicaba el otro día a un amigo de mi viejo y me decía: Sos un "antiescritor", jajajajajajaja.
      Un abrazo grande, amiga!!

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  9. Hola Simón,

    La verdad es única, cada uno tiene la suya propia, porque las creencias son personales y aportan ese tipo de libertad visionada.
    Con este escrito rompes el corazón del lector, ufff... qué pena.

    Me alegra volver a leerte.
    Un abrazo.

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    1. Hola de nuevo, Irene. Sí, la verdad más que única diría que es personal.
      Por desgracia, lo que cuenta este episodio es cada vez más común en vez de que pase cada vez menos.
      Gracias por leerme, amiga.
      Un abrazo grande!!

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