Bajo fondo

Aunque siempre quiera hacerme ver la cosa de otra manera, no sé si porque le conviene a él o porque le agarra culpa de haber pergeñado conmigo el rollo en que estamos involucrados a espaldas de mi viejo muerto, sé que en el tablero de ajedrez de Muñoz no hago de alfil ni de torre sino de peón, la única pieza con capacidad de coronar. Algo le tenían que dar de premio al pobre peón, ya que también es la primera pieza que cae en la volteada, como la infantería. Coronar es un albur y albur es una palabra que aprendí de un tango, cuando era muy chico y se lo escuché cantar al propio Muñoz en una de esas guitarreadas que organizaba mi viejo. Así de vueltas da la vida.

A veces, a este Muñoz que tengo delante se le escapa esa culpa y dice: “el finadito me lo hubiera entendido, porque tenía unos huevos ¡unos huevos!¡Tu viejo tenía unos huevos!

Yo solamente lo miro y él entra en ese trance melancólico, casi lloroso. Yo creo que Muñoz, a su manera, estaba un poco enamorado de mi viejo porque a veces la admiración parece eso: enamoramiento. Siempre agrega: “era tan especial tu viejo” y después se saca de un manotazo las nubes del alma y se encara conmigo y nuestro asunto.

En algunas cosas, no dejo que se meta. Son mías.

Por eso le digo que no le importa, cuando me pregunta: ¿Che, con la Babayita, qué onda?¿Es buche posta o qué?

—¿Ella te dio el fierro, no? No lo sacaste de la pila de escombro de la esquina…Te lo dio la minita ¿no? —insiste, con tanta falta de delicadeza que yo lo dejo de escuchar y miro por la ventana. Directamente lo abandono con su curiosidad y con su mierda. Pero el que calla dicen que otorga, así que enseguida me arrepiento y vuelvo los ojos hasta sus ojos y le digo que no.

—¿Pero qué dice? —protesto— No se haga el avisado, Muñoz. Y a Naiara no la meta. No tiene nada que ver ni con el padre ni conmigo ¿estamos?

Muñoz recula y se tranquiliza manoseando el cigarrillo que saca de un paquete también todo estrujado y manoseado pero que no puede fumar porque como hace frío, nos sentamos adentro y, aunque sea cliente vip, no lo dejan fumar en el bolichón de sus amores.

Le traen el café. Hay varios pocillos ya en la mesa, que el mozo no retira, no sé si por vago o por no perder la cuenta de lo que precisa cobrar.

La Macabra es una más entre un montón de hermanos. Los Babaya son una multitud, porque papá Babaya tuvo su propio harén de muñecas de la mafia, cuando se empezó a empoderar y a hacerse fuerte. Nai, como el Eze, son hijos del primer matrimonio, cuando todavía mi viejo y Babaya eran amigos y vecinos fundacionales del barrio.

Después, la cosa cambió. Empezaron a aparecer muchos Babayas. Facundo, el del arma, entre ellos, pero hay tantos, que ya no se sabe cuáles son los reales y cuáles los irreales. No creo que ni Babaya original sepa cuáles de verdad son sus hijos, y cuántos la juegan de prestado.

Hijas no tiene, a excepción de Naiara, que es Babaya hecha en origen, igual que el Eze. Los dos, originales y únicos, hijos de la primera (y oficial) mujer de Babaya. No es que alguna otra no se diga hija de Babaya Pachá, sino que él no precisa hijas mujeres, así que a las mujeres, sacando a Nai, no las registra como propias. Además, ninguna tiene ni la fuerza ni la furia de La Macabra. Por eso el padre la reconoce y la acepta. Ve una pura Babaya en esa personalidad indomable de Naiara, desde que Naiara le devolvió el botellazo y casi lo degüella.

Cuando La Macabra llegó a mi casa esa noche, Apolonio ni siquiera la toreó. Entonces, ella me lo dijo: “Casi le corto la garganta al viejo. Se lo aclaré, ¿viste Santu? Que nunca me vuelva a poner una mano encima porque lo mato dormido, le dije”.

Yo mismo le saqué la botella rota que todavía apretaba en la mano. Había venido de su casa con ese pedazo de botella agarrado por el pico y no sé si sabía que la traía agarrada. Yo le saqué la botella rota llena de filos y la tiré a la basura. No me acuerdo bien qué edad tenía ella, pero siempre tuvo cinco años menos que yo y yo era chico todavía y estaba en pleno duelo por la muerte de mi viejo.

Me dijo que se quería bañar y yo le dije que sí. Fue la primera vez que durmió en mi casa y en mi cama y yo dormí en el sillón con Apolonio y amanecí todo estropeado y lleno de calambres. Creo que el perro amaneció igual que yo, aunque en mitad de la noche se bajó y se acostó en el piso, al lado del sillón porque entendió que los dos no podíamos ocupar el mismo lugar en el espacio. Después, con el correr de las idas y venidas, ya nos acostumbramos a dormir como se puede y a amanecer acalambrados, el perro y yo.

Muñoz me mira a los ojos.

—Uno no se puede enamorar de sus informantes en este laburo, junior —dice, como si me hubiera estado contando una película de espías— Lo más cerca de Babaya que tenés, es la hija ¿no?

—Nai no tiene nada que ver —insisto yo— Ella trabaja conmigo en la Coope. Hacemos trabajo social juntos. Lo otro es asunto mío solo y punto. Lo hago a mi modo. Soy del barrio ¿No era ese el tema?¿Ser del barrio?¿Estar en el barrio todo el día?¿Conocer bien el barrio? Bueno… eso es. Nada más. Estoy ahí todo el día, trabajo ahí, es obvio que sé lo que pasa y cómo y por qué pasa y lo que se habla y hasta lo que no se habla.

—Sí, sí… —dice Muñoz y mira para afuera también, buscando sentirse cómodo para acomodar de nuevo la conversación— Te lo digo porque lo del fierro ese fue un quilombo… “es” un quilombo. Y no solamente nosotros atamos cabos, junior…

Yo le digo que ya me amenazaron pero que yo no lo tengo en cuenta, que eso en el barrio es moneda de todos los días y que te amenazan hasta porque los miraste feo o no les diste tu turno en la fila del kiosco y te atendieron primero. “Funciona así”, le digo, “y uno tiene que funcionar como uno es para ser siempre uno y no levantar sospechas. Agresti no es ningún gil”.

Muñoz odia a Agresti, aunque no sé bien por qué.

Cuando se lo menciono dentro de las cosas que le cuento, él se engancha en un discurso puteador en el que se enrolla un rato hasta que se le desinfla la vena y que siempre termina con la misma frase: “Las va a pagar todas ese hijo de puta”.

Creo que le interesa más hacerle saltar la banca a Agresti que a Babaya, como si el casino no fuera de los dos.

Pavón, en eso, le hace la segunda, siempre, pero por otro motivo. Tiene más que ver con que Agresti ignora los informes que le pasa el Destacamento cuando las bandas se queman las casas en su diaria de “hoy por mí y mañana por ti”. A Agresti no le interesa la intencionalidad de quién le prende fuego a quién, sino quién gana finalmente. Alguna vez le escuché decir: “De paso, el fuego limpia un poco el basurero”.

Como es cosa de todos los días, no viene ni el noticiero, así que más de una vez es el propio Pavón el que da la orden para que le peguen un llamadito a Canal 5 y hacer público el asunto. Una vez que sale por la televisión, ya no investigar es negligencia. Igual, tampoco pasa nada. Nunca pasa nada. Es como la pared con humedad: sube la del cimiento y baja la del techo. Resultado, toda la pared hace agua.

—¿Qué onda con la Babayita? —repite su pregunta original, quitando toda la segunda parte para establecer un diálogo más íntimo— Imaginate que se entera de “esto”.

Su mano hace un gesto entre nosotros, como si estuviera repartiendo naipes.

—Estaría sentada con nosotros. No es como el padre. No es como su familia. Naiara es especial, es distinta, Muñoz y a ella no la voy a arriesgar yo. Ya se arriesga sola haciendo lo que hace y jugándole en contra al apellido.

—La sangre tira, junior —protesta Muñoz— Una cosa es pelearla en la Coope esa de mierda que tienen ustedes y tratar de hacer las cosas bien… y otra muy diferente es saber que tu novio está trabajando para mandar a tu viejo a la sombra con cuatro cadenas… Ahora, que si fue ella la que te pasó el fierro con el que el hermano mató al chiquito, la cosa cambia.

—No somos novios la Macabra y yo —digo en voz baja.

Después, me quedo callado.


Glosario:

Buche posta: buen informante.

Fierro: arma de fuego.

Jugar de prestado: no ser de lo propio.

Quilombo: lío, problema.

Desinflar la vena: serenarse.

Hacer la segunda: apoyar, solidarizarse.

Mandar a la sombra: poner preso.


Comentarios

  1. Una historia peligrosa.Que bien contada Simón.Es de verdad? Por qué bajaste la voz? Un abrazo

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    1. Hola Eli!! Estaba terminando de poner el glosario, para que se entiendan bien todas las palabras.
      Bajé la voz porque eso siempre lo explico en voz baja. Será que estoy cansado de repetirlo y que no me crean.
      Muchas gracias por venir, amiga!
      Un abrazo grande.

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  2. Hola Simón!

    Qué bueno que la historia continúa. Y que va generando un dilema trágico: ¿el amor o el deber?
    Espero ansioso.
    ¡Salud!

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    1. Hola, Fer, amigo!! A veces la vida se complica y no es uno el que la complica sino que nos la complican así que hay que poner en juego la capacidad de resolver.
      Un abrazo grande y agradecido!!

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  3. Qué te puedo decir, Simón, que tenés una forma de contar que es imposible sacar la vista del texto. Te diría que te envidio porque la capacidad que tenés para escribir no tiene ningún hueco por llenar, parece que hubieses nacido con la birome en la mano. Este tramo de la historia tiene unos condimentos que le dan el sabor justo, necesario, como si fueses el cocinero en jefe, el chef, que le coloca la cantidad de pimienta justa para que el plato de comida quede perfecto.
    El texto tiene un ritmo que se reconoce, es tu estilo, pero a mí me gusta, además, cuando le ponés esos toques magistrales, porque dicen más, tienen un valor agregado que vale oro. Y esta parte del relato los tiene y en gran medida.
    Te quedó un pasaje admirable, Simón, para sacarse el sombrero. Te mando un abrazo grandote, amigo. Sos un escritor impresionante.
    Ariel

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    1. Me agarra como un escalofrío de adentro cuando leo comentarios así, amigo. Te agradezco muchísimo las palabras y los elogios. La verdad es que aprendo a ver lo que escribo a través de los ojos de todos ustedes y digamos que me voy aceptando con un poco más de confianza o de simpatía, porque una cosa es que a uno le guste lo que escribe y otra muy diferente es que los demás, sobre todo gente que escribe bien, te diga lo que vos me decís.
      Te aseguro que me caigo más simpático, Ariel, jajajajaja. Me veo mejor.
      Muchísimas gracias, amigo!!

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  4. Buenísima esta parte más "malandra" de la historia, en la que mostrás el lado oscuro del barrio y de algunos de sus habitantes.
    Me hago lío con el nombre de ciertos personajes : ¿Pavón es el jefe del destacamento y Muñoz un superior tuyo? Agresti es el comisario, creo.
    Me gusta como a los diálogos le vas intercalando gestos breves o comentarios para hacer más visual la escena.
    ¡Adelante, señor escritor!
    Un abrazo bien grande.

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    1. Hola Mirella!! Sí, Pavón es el jefe del Destacamento de Bomberos. El Jefe de Santiago y amigo del padre de Santiago.
      Muñoz es amigo del padre de Santiago y es de Asuntos Internos. Tanto Pavón como Muñoz pertenecen a la misma promoción que el padre de Santiago.
      Agresti es el comisario de la zona.
      En Santa Fe, Bomberos Zapadores pertenece a la Policía de la Provincia.
      Te digo lo mismo que le dije a Ariel: Ustedes están haciendo que me mire con mucha simpatía y con mucha más seguridad en el asunto de escribir.
      Un abrazo muy grande, amiga!!

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  5. Es verdad que la admiración, a veces, parece enamoramiento.
    Oye Simón, qué manera tienes de moverte de una situación a otra, de Muñoz a tu padre, del padre de nuevo a Muñoz, de Muñoz a la Macabra, de la Macabra a…, del pasado al presente… y con tal naturalidad que los saltos temporales y personales fluyen con esas frases tan largas y bien compuestas que llevan directamente al cerebro a formar las imágenes que quieres que veamos. Generas imágenes, sentimiento y emociones. ¿Cómo no ver a ese Muñoz con la culpa escapada…sacándose a manotazos las nubes?, ¿a Naiara, la única originaria entre las hijas del Babaya, con el casco de la botella rota por cuhillo?, ¿cómo no ver el barrio y su circunstancias y a ti mismo moviéndote en un difícil equilibrio entre bandas del bajo fondo?

    Tu genuina manera de contar, de diez y medio compañero.



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    1. Hola Tara!! Te digo lo mismo que a los otros amigos: le agarré confianza a lo que escribo a raíz de que ustedes me hicieron confiar. A partir de ustedes que me dijeron que iba bien, yo conseguí abrir el juego y tratar de dar más. Ser prolijo, cuidadoso, como me dijo Mirella desde el comienzo. Revisar bien las frases desde la gramática, como me dijo Fernando. No abandonar la voz del barrio, como me dijo Ariel y explicar lo que no se entiende, como me dijiste vos.
      Y así, de cada uno que me aporta un dato, yo voy aprendiendo y armando una forma de escribir que si da buenos resultados, como vos me estás contando, es gracias a ustedes, que me vienen leyendo y apoyando desde que largué el primero de los eslabones de la historia del barrio.
      Muchísimas gracias por todo lo que me aportás, amiga!!
      Un abrazo grande!!

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  6. Saludos Simón
    Me ha costado un poco entender algunas cosas pero creo que al fin he podido ligar los cabos. O eso espero. Supongo que tendré que empezar desde el comienzo para disfrutarlo como es. Te iba a preguntar sobre esa primer frase de la Babayita pero ha quedado claro con lo del buche. Por momentos me has recordado a Gravrí, hay algunos párrafos que me lo recuerdan mucho. Será porque los dos son argentinos.
    Lo he disfrutado bastante.
    Una historia complicada, parece.
    Un abrazo grande.

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    1. Hola Gildardo!! Primero que todo, gracias por venir a leerme. Los personajes son siempre los mismos y los episodios, aunque están un poco mezclados, siguen la historia. En una de esas, leyéndolos todos, te ubicás. Los otros amigos ya creo que se acostumbraron a los personajes y ya ven la historia con más claridad.
      Sos el tercero que me dice lo de Gavrí y la verdad, no sé dónde ven el parecido y como mi experiencia con eso del parecido (o de parecerle a alguna gente determinada parecido a Gavrí) es muy mala por no decir que es pésima y me gustaría olvidármela, dadas las cosas que se dijeron debido a eso, creo que ni a él ni a mí nos hace ningún bien que nos comparen.
      No sé si lo decís porque estás influenciado por alguien o porque es una conclusión tuya. Ya te digo que cada vez que me tocan el tema, a mí se me vuela la peluca.
      Yo leo mucho a Gavrí Akenazi como también leo mucho a Francisco León. Hay pocas personas en la Red que manejan la palabra poética como ellos dos. Es un aprendizaje constante leerlos por el buen gusto que tienen y por la prolijidad con que arman lo que escriben. Para mí es un placer ir a sus blogs, a ver si se me pega algo de la calidad que tienen ellos. Se nota que ninguno de los dos es un aficionado. En los dos se nota que ya la tienen re clara y que manejan de taquito la forma de armar las frases. Son escritores hechos, nada que ver conmigo, que ni siquiera me las doy de escritor, aunque los amigos que me leen me quieren convencer a toda costa de que sí.
      En una de esas es el tema de este episodio lo que te suena, porque Gavrí escribe de guerra y de espías y te habrá parecido que el tema de este episodio iba por ahí o porque el argentino de ciudad habla parecido.
      Me gustaría creer que es por eso y no por otra cosa, porque a veces uno ve lo que le insisten para que vea en vez de ver lo que es real.
      Perdoname, amigo, si se me salen de fila los patitos, con todo esto que te digo, pero la verdad que yo con vos y tu amiga entré con la pata izquierda y el que se quema con leche, cuando ve una vaca, llora.
      Si no va por ahí, te pido mil perdones pero con la flaca esa mantengo la guardia alta y no quiero ligarme de arriba otro quilombo con Gavrí Akenazi más ahora que el chabón está afuera de la Red y solamente nos mandamos mails.
      Un abrazo grande!!

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    2. Saludos Simón, no quería incomodarte, la verdad es que no creo saber hasta dónde llegó aquel desafortunado asunto. Cuando yo leí aquello del monstruo pensé igual que tú que el referido monstruo era el padre de la niña. Luego vi que no y me dio pena saber que un asunto tan desagradable para mí no estaba enterrado ya. Yo nunca he creído semejante cosa porque creo conocer a Gavrí lo suficiente para saberlo. A ti te voy conociendo, y la verdad es, que se parecen es más cosas.
      Lo he dicho como un halago, porque en verdad que hay párrafos en los que me recuerdas al cuervo, te digo que será porque ambos son argentinos, aunque mi buen amigo reniega de serlo, jaja.
      Sólo aclararte que no ha sido con mala intención.
      Otro abrazo.

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    3. Olvidate, amigo y te pido mil perdones si se me salió la cadena. Ya se me pasó porque como le dije a Mirella, a mí vos me parecés re buena gente, así que, también como me dice ella, es mejor que ya no me acuerde más de esos episodios y que me quede con lo bueno solamente y le de para adelante escribiendo.
      De verdad, amigo, perdoname si te hice sentir mal con lo que te dije y te prometo que me olvido del tema para siempre.
      Un abrazo grande!!

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  7. Que interesante trabajo Simón. Supongo , por algunas alusiones laterales, que la historia transcurre en un Rosario más actual que nunca. Me ha gustado mucho la tensión latente del relato y el escalonamiento en el que se van develando los personajes. Con un estilo austero y lacónico el lector va entreviendo lo dramático de la historia. Tal vez la extensión de la historia en el tiempo hubiera merecido un desarrollo mayor. Aunque hay dos o tres momentos de verdad impagables en el relato y de una gran originalidad. Tienes un gran potencial y espero que lo desarrolles. estaré alerta ante tus nuevos trabajos. Un abrazo.

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    1. Hola Néstor!! Un gustazo que estés por acá. La historia es solamente un episodio dentro de la historia general. El blog intenta ser la historia completa y transcurre en este Rosario tan actual en el que vivo y en uno de sus barrios más pesados, en que también vivo.
      El blog empezó siendo una recopilación y terminó por parecer una novela, un poco desordenada, o eso me parece a mí, aunque estoy tratando de darle forma.
      Te cuento ésto porque me decías eso de la "historia en el tiempo". El blog es eso: la historia en el tiempo.
      Estoy muy agradecido por tu presencia y por el aliento que me das.
      Un abrazo grande!!

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  8. El estar enamorado de alguien se amplia a muchos campos. No tiene porque simbolizar relación u atracción, sino simplemente admiración.
    Es una historia que engancha Simón, casi ni parpadeo. Las obligaciones en este caso están enrareciendo la relación, es una decisión muy complicada.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Hola Irene!! Es verdad lo que decís. La admiración es eso. Creo que era Gildardo el que decía que uno "ama" a su ídolo de fútbol o a su camiseta.
      Yo creo que es reconocer sanamente las cualidades del otro y el amor tiene todo de eso.
      Un abrazo grande, amiga!!

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