No haciendo tablas

Antes de que mi vieja se fuera otra vez a lo de mi tía porque descubrió que con los seis puntos del tajo yo me arreglaba solo, le pregunté si no quería llevarse algún cuaderno de poemas de amor.

—El viejo los escribió para vos —le dije.

Ella me miró y dijo que no con la cabeza. Después, como si hablara con su sombra dijo también: Era medio poeta tu padre. Rodolfo era medio bohemio…

Pensé que mi vieja iba a llorar.

—¿Tenés novia, Santi? —me preguntó, en cambio, como descartando la otra página donde le tocaba llorar por mi viejo.

Le dije que no.

—¿Y qué esperás, hijo?¿No te gusta ninguna chica? —quiso saber, como si la preocupara que me quedara soltero y no pudiera arreglarme con mi vida sin la presencia de una mujer, por ese afán que tienen algunas de pensar que uno es un inútil y que si no están ellas manejando la casa, uno no come, no se baña y termina almorzado por las cucarachas que pululan encima de pilas de platos sucios.

Como me quedé callado para que mi vieja entendiera que esas son cosas mías en las que no se tiene que meter y que yo marco los tiempos en mi vida, cambió de tema.

—Tenés los mismos ojos de tu padre. Él era así, como vos. Ojos claros, pelo oscuro, gesto melancólico. Parecía un poeta de verdad —dijo.

Estábamos los dos en la puerta de la cocina y ella amagaba para irse sin irse, así que le dije que tomáramos unos mates antes de que se fuera, total un domingo no laburábamos ni ella ni yo. Ella porque era domingo y yo porque tenía que cumplir el “reposo obligatorio”, decretado por Pavón.

Me dijo que no.

Yo sentí que mi vieja tenía miedo de hablar conmigo de mi viejo y prefería escaparse con sus medias palabras antes de que se le escaparan a ella palabras enteras sobre él.

—Cualquier día deberías venir a casa de la tía a comer —me invitó, forzando la sonrisa y cambiando otra vez de tema.

—No es “la casa de la tía”. Es tu casa también, ustedes son dos —repetí lo que le digo siempre.
—No empieces con eso, Santiago.

El diálogo parecía un intercambio de santo y seña.

—Te crié como pude —se quejó, como si precisara todo el crédito en eso o se estuviera disculpando o justificando no sé por qué reclamo que yo no le estaba haciendo.

—Me criaron bien —afirmé, con el plural en la mano y porque, además, es verdad. Mi viejo no fue de esos que se desentienden una vez separados de su mujer. Siempre estuvo ahí, a veces pienso que hasta a pesar de mi vieja y ni qué decir de mi tía. Él siempre estuvo ahí y no aflojó ni siquiera al final. Peleó con el incendio de su propia vida hasta que fue uno con el fuego.

Mi vieja en cambio se dejó arrastrar hasta que fue una con el agua, porque no sé si no pudo o si no quiso, pero el agua la arrastró en esa deriva de dejarse llevar por lo que hay y no bracear un poco, aunque sea para decirse a ella misma: nadé y busqué una orilla.

Naiara me dijo el otro día algo que me dice todo el mundo: “Santu… se les murió tu hermana”, como si eso a mí me tuviera que alcanzar como justificativo o como paliativo para que yo pasara automáticamente al plano gris que se confunde con todas las nieblas del alma humana.

Racionalmente entiendo. Mi egoísmo no es tan descomunal. Entiendo que nadie supera la muerte de los hijos, como dicen Pavón y el Correntino Leiva, pero mi hermana pasó a ser un fantasma del que nadie habló más y al que le concedieron el don de desaparecerme a mí, de paso, de la vida de mi vieja, sobre todo.

No son cosas de la razón, son distrofias emocionales, como me dijo una vez un profesor en la facu con el que me llevaba muy bien y que quería que fuera ayudante en su cátedra. Yo no quise. Ni siquiera sé bien por qué estudié más allá de para curarme de esas distrofias que decía mi profe.
Iba a la facu y al mismo tiempo a la escuela de cadetes y me recibí primero de oficial subayudante que de psicólogo. Todo por seguir a mi viejo, que fue el primero en oponerse a mi opción de vida. Él prefirió siempre que yo fuera psicólogo y yo, como siempre, no le hice caso ni a él ni a mi vieja, que hubiera preferido que fuera ingeniero, porque para eso me emperré en terminar la secundaria en una técnica, según sus palabras. Ella nunca entendió mis motivos para ese emperramiento, como tampoco los entendió mi viejo cuando entré a la Escuela de Cadetes, aunque se terminó resignando porque no le quedó más remedio que “tener un hijo boludo”, como dijo siempre que habló del tema.

—Ya que no querés tomarte otros mates, si vas a la parada del colectivo te acompaño. A esta hora no podés andar sola por la calle —le dije a mi vieja y le chiflé a Apolonio, que va conmigo a todas partes como un guardaespaldas.

Ella me dijo algo sobre los seis puntos del tajo que yo no me tomé la molestia de escuchar. No se puede caminar sola, por ahí solo es distinto, pero sola, para nada. La única que camina sola es La Macabra, pero eso es porque ella es una Babaya y los babayas no se tocan entre ellos. Menos se van a meter con la hija del jefe de la tribu si no quieren terminar con la casa prendida fuego con ellos adentro.

Mi vieja deja de protestar y salimos. La parada está a dos cuadras. Mi vieja va saludando a los pocos “vecinos fundacionales” que la reconocen. Es una mina joven pero igual está llena de canas que no sé por qué no se tiñe. Se lo pregunté una vez y me dijo que con el pelo rubio natural de ella, quedaban como mechitas. No sé si se engaña o se castiga.

La miro subirse al colectivo y mover una mano que se despide y que se va con ella como si fuera siempre una despedida todo entre nosotros.

La moto está detenida pero en marcha frente a mí.

—Empezá a cuidarte, Santucho… A vos no te va a salvar nadie, chabón. Oíste, chabón? Nadie te va a salvar… ningún gorra te va a venir a sacar de la zanja a vos. Ninguno de tus gorras amigos van a venir cuando estés en la zanja. Ojo con lo que le batís a la yuta, vos. Ojito.

Al Apolonio lo agarro en un salto que por poco me tira de verdad a la zanja, porque cuando Apolonio se descontrola le sale un Apohulk de adentro y son cincuenta kilos de músculo furioso que babea con todos los dientes afuera.

Los guachines rajan y se pierden por ahí, en un recoveco.

En un cuaderno, mi viejo había anotado, cuando el barrio se empezó a pudrir: “Acá no hay más Dios y no hay más Tablas. Cada uno se empezó a escribir sus leyes y todas valen para el que las escribe”.

Cuando llego a casa llamo a Muñoz. “Tenemos que hablar”, le digo.



Glosario:

Boludo: tonto, inhábil, zonzo. También se usa como apelativo cariñoso, en reemplazo del nombre.

Gorra: policía, la autoridad. Ponerse la gorra: ejercer autoridad.

Batir: delatar, avisar.

Yuta: policía (se aplica más a la policía de calle).

Comentarios

  1. Hola Simón!

    Es verdad, las cosas con las madres siempre quedan sin resolverse. Los cuidados que nos dan (o creen que nos dan) no los entendemos sino hasta mucho tiempo después.

    Un abrazo!

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    1. Eso me dice mi vieja: ¡ya vas a ver cuando tengas hijos! Y mi viejo me decía: "Te espero a los cuarenta".
      Un abrazo grande, Fer!!

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  2. No hay modo de zanjar las cosas, porque la vida de las madres y los padres a veces sucede en su cabeza y nosotros nos convertimos en una pared sobre la que rebotan ideas que más que dialogos son un monólogo prolongado. Me gusta mucho todo la calma con que a todo se lo lleva una corriente de agua, despacio, previendo que una montaña de historia se oculta debajo de esos dialogos parcos y sin bordes redondeados. Excelente Simón, un abrazo grande.

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    1. Hola Ren!! Me da una alegría verte que no te imaginás!! Qué bueno que hayas venido.
      El blog está empezando a tomar forma de novela. Cuando me lo hice a insistencia de una amiga, era para meter lo suelto que iba escribiendo en un cuaderno y ahora, no sé qué decir: empecé a contar y no puedo parar y se me está volviendo una novela por capítulos y me parece todo un descubrimiento la cosa y además, también un descubrimiento de mi mismo mientras escribo.
      Re heavy el asunto. Es como empezar a consumir una droga dura esto de escribir y tener siempre la voz en la cabeza con la historia que querés contar.
      Gracias por estar compartiendo la aventura.
      Un abrazo grande!!

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  3. Estás escribiendo con más cuidado, más prolijo en la cuestión del tipeo. Yo me fijo mucho en esas aparentes boludeces porque es una forma de respeto hacia el acto de escribir.
    Estas escenas sueltas que publicás van armando una historia (la tuya) que, evidentemente, necesitás compartir. Y los que te leemos con ganas estamos muy agradecidos que lo hagas. A mí me encanta tu forma de presentar a los personajes.
    De un modo vívido, profundo, con los conflictos que te producen algunos y el afecto que te suscitan otros.
    En este post volvés con tu madre y la seguís perfilando para que la conozcamos un poco más. El de afuera podría decir, al leerte, pero cómo, sigue llorando a una hija muerta cuando le quedó uno vivo. Sin embargo, yo siento que ella se ocupa como puede, a su manera, sencilla, probablemente más por todo lo externo, por tu comodidad, salud, tu vida amorosa, quizás sabiendo que te vendría bien una pareja porque ella no consiguió darte más cariño. O quizás no, solo está siguiendo las leyes de sus tablas.
    Te entiendo, querido Simón, ocupé en mi familia esa zona gris que vos mencionás, por eso sé que duele.
    Como rebelde que fui en mi momento, también sé que todos hacemos nuestras tablas. Al no seguir las que rigen, estás armando tu propia tabla, cosa que me parece muy necesaria.
    Un fuerte abrazote y seguí escuchando esa voz que te dicta el capítulo siguiente..

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    1. Hola, amiga!! Qué lindo verte por acá. Espero que estés bien y que no te maltraten los fríos.
      Lo de la zona gris solamente lo entiende el que la pasó, como vos me decís en el comentario. Hay que estar en la zona gris, sobre todo cuando sos muy chico y te gustaría brillar un poco más y que te vieran también un poco más.
      Yo sé que mi vieja me quiere. Es obvio que me quiere y que también se preocupa y todo eso de una madre y yo también soy medio rebelde y jodido y tengo mis propias leyes y mis propias mañas con las que armé mi vida. Será el géminis. Jajajajaja.
      Estoy tratando de revisar mucho lo que voy subiendo, justamente por eso que vos decís también del respeto al que te lee y por qué no, a uno mismo y no pasar por analfabeto.
      Un abrazo muy grande, amiga!!

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  4. Me ha gracia ese amagar de irse pero sin irse, es un gesto muy de madres cuando trata con hijos adultos.
    Has tratado muy bien la “contención”, el morderse la lengua y las ganas de hablar de Rodolfo, el marido separado o muerto.
    Y hay, sobre todo, por parte del hijo, un entendimiento de las imperfecciones humanas de los padres, no juzga a sus viejos, los entiende, a los dos, aunque no lo exprese explícitamente y aunque no edulcores los comportamientos paternales. Tienes sabiduría narrativa a la hora de contar sobre la humanidad de los padres “alma humana” que diría con buen tino Naiara, pues el silencio respecto a la hermana muerta pesa en el alma del hermano, y en la familia al completo. Eso entiendo.
    También me gusta que mezcles cosas… la facu…el Apolonio con sus 5o k... pensamientos aparentemente inconexos, ya sabes que cuando se piensa no se hace de manera lineal ni ordenada, sino que saltan las ideas de un lado a otro hasta volver a la idea central, al final consigues una argamasa coherente. Con esta manera de contar da la impresión de que estás pensando en voz alta en vez de escribirlo, y me parece un método muy bueno que te voy a copiar sin remordimiento para algún escrito, porque es muy efectivo.

    Si este trabajo fuera mío pondría la despedida de la mano de la madre como último párrafo del texto, porque es muy visual y muy de colofón final.

    Disculpa también Simón por este comentario un tanto disgregado, me he dejado llevar, la culpa la tiene tu testimonio.

    Que me ha encantado compañero, pero mucho mucho.



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    1. Hola Tara!! Lo que pasa es que la última parte, después de que arranca el colectivo y aparece la moto, engancha con lo que voy a subir ahora.
      La verdad, amiga, empecé poniendo cosas sueltas y se me terminó haciendo una novela, porque se me empiezan a engarzar unas con otras las cosas que voy contando, como en la vida. Jajajajajaja.
      Muchas gracias por venir a leerme una vez más.
      Un abrazo grande!!

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