Feroz muchacho de viento

La verdad es que yo tardé mucho en explorar los cuadernos de mi viejo. Me parecían reliquias sagradas que me costaba tocar y como cada vez que los tocaba me ponía a llorar, lo evité y lo evité y lo evité.

Cuando mi viejo estaba vivo era otra cuestión. Mateábamos juntos, antes de que me fuera a la guardia nocturna que a él tanto lo jodía que yo tomara. No quería que trabajara de noche porque decía que de noche todo es peor y usaba una expresión que me quedó grabada: “de noche, la oscuridad medra” decía, como explicación a su empecinamiento en que yo no hiciera esas guardias. Hasta se chamuyó a Pavón para que no me las diera porque sabía que era yo el que las pedía. “No sé qué carajo quiere demostrar el pendejo este”, me dijo Pavón que le dijo mi viejo, la vez que hablaron sobre mí.

Mientras mi viejo estuvo al frente del Destacamento, era otro cantar. Me mandaba él a las guardias nocturnas que él también hacía (aunque si tengo que decir la verdad, mi viejo vivía adentro del cuartel) para que nadie dijera que me favorecía o que por ser el “hijo de” o que yo tenía privilegios o coronita. Después de un tiempo pensé que lo hacía para enseñarme bien el oficio y para que pasáramos la mayor cantidad posible de tiempo juntos, ya que no lo habíamos podido hacer durante mi adolescencia, por más que yo lo visitara. No es lo mismo visitar que convivir.

Cuando mateábamos en la nochecita antes de las guardias, él siempre escribía en sus cuadernos Rivadavia. Escribía muchas cosas. Los versos para mi vieja, por ejemplo. Los versos de amor para mi vieja.

Una vez le compré un cuaderno como los que yo usaba en la facu. Un cuaderno Éxito, de edición limitada, oficio y espiralado, con la tapa ilustrada con los mejores paisajes de Argentina.

Me parecía más práctico escribir en un cuaderno grande que en esos Rivadavia tapa dura forro araña, todos comprimidos y duros, valga la redundancia, en los que mi viejo dejaba su corazón.

—Mire m’hijo… Yo le agradezco el gesto pero no, me gustan los chiquititos estos, porque ¿sabe qué?, cuando yo era chico estos cuadernos eran caros, muy caros… Mi madre no me los pudo comprar nunca cuando yo iba a la escuela. Me compraba los otros, los blanditos. Yo siempre quise uno de estos cuadernos ¿vió? —dijo, sencillamente.

¿Qué le podía decir? Me le quedé mirando y él hizo crujir la yerba y siguió escribiendo y mateando, corriendo a un costadito el cuaderno que le acababa de regalar yo para que escribiera más cómodo.

A veces me leía sus cosas porque yo le insistía. Me daba mucha curiosidad esa parte de mi viejo, tan diferente del trabajo y hasta de su forma de ser, porque cuando escribía, mi viejo se iba hacia adentro, casi como que cambiaba de color y el aire de la cocina se ponía distinto alrededor de él.

A mi viejo le gustaba escribir y leer en la cocina.

Él me las leía bajito sus cosas. No declamaba ni impostaba la voz ni nada de eso que hacen muchos cuando leen y otros los escuchan. Mi viejo leía sus cosas con humildad, como si se estuviera confesando conmigo.

En las reuniones con sus amigos no era así. Le gustaba cantar, payar, bailar, cocinar, ser el alma de la fiesta. Lo de cocinar lo heredé de él más que de mi vieja. Siempre cocinó él mejor que ella, porque a mi vieja cocinar no le gusta.

En el Destacamento era como un padre para todos. No era un jefe aunque era el jefe y como tal se comportaba, pero siempre estaba pendiente de los problemas del personal y por sobre todo, de su contención. Era tierno y estricto a la misma vez con sus hombres, como un padre.

Naiara vino a ayudarme a ordenar un poco la casa, aunque yo le dije que no hacía falta y se asombró de que yo fuera tan ordenado. Le molestó que no hubiera platos sucios haciendo una montaña de mugre en la bacha de la cocina y que toda la ropa estuviera planchada y sin agujeros, colgada en el placard y no regada por todas partes.

Le dije que eso me pasaba solamente cuando tenía las guardias largas y que si no, me gusta tener todo así como ella lo veía, porque el desorden y la mugre me vuelan los pelos mal.

—Es como que se me desordena la cabeza si alrededor mío está todo enquilombado —le expliqué.

—¡Sos una pinturita, boludo! —me felicitó ella— Estás listo para el casorio. Una joyita, Santu.

Yo aproveché el tiempo extra que el plus de mi orden tipo toc me aseguraba, para que pudiéramos estar un rato juntos.

Fue ella, que insistía en pasarle un trapo a los libros de la biblioteca, la que encontró el cuaderno espiralado que le había regalado yo a mi viejo aquella vez. 

Mientras ella ordenaba los libros que desempolvaba, yo la abracé, la apoyé, me pegué contra ella para besarla y ella, que estaba justo con el cuaderno en las manos, se quiso soltar con lo de siempre: “no boludo, no…” que solamente derroto cuando Naiara se copetea. Ahí siempre transamos hasta quedarnos sin aliento.

La acorralé para besarla igual y ella me surtió un cuadernazo en la cara que me dejó los espirales marcados y cuando yo volvía al ataque, el cuaderno cayó abierto porque La Macabra lo tiró para ponerse en guardia, como si fuéramos a un combate de taekwon-do.

Verlo escrito me detuvo. Ver que mi viejo había escrito también versos en ese cuaderno me cambió el chip por completo y bajé los ojos y me agaché a levantar aquellas hojas con el mismo ademán con el que muchas veces levanto a un anciano que quedó atrapado en alguna desgracia.

Ahora sostengo el cuaderno y lo miro. Naiara me mira a mí, mudo delante del cuaderno mágico que la salvó de mi necesidad de comérmela de una buena vez y para siempre. Para toda la vida.

En el cuaderno hay poemas también, pero no son para mi vieja.

—¿Son los versos de tu viejo? —me pregunta Naiara.

A ella no la perturban nunca nuestras escenas. No la preocupa que yo tenga estas ganas y que cada dos por tres la acorrale en algún lado y le coma la boca por la fuerza, hasta que deja de ser por la fuerza y empieza a ser de a dos puro placer.

Es como parte de nuestra relación que las cosas sean así, complicadas y forzadas por apremios como ella dice siempre: “Gorra tenías que ser con tus apremios ilegales”. Cuando lo dice se ríe con los labios mojados y colorados a besos.

—Leeme uno —dice Naiara— Dale Santu, leeme uno.

Yo estoy desconcertado. Hojeo el cuaderno que está todo escrito.

En la primera hoja, por eso de empezar por el principio, el poema que le leo a Naiara habla de mí:

Nombre de apóstol tu nombre,
feroz muchacho de viento,*
es un camino tu nombre,
hijo mío, alma de fuego,
en lo calmo de tus ojos
un mar viejo va creciendo
para llenar con sus peces
la soledad de mi entierro.

Tu nombre, nombre de apóstol,
camino, nombre y silencio,
hijo que nombro en la noches
para encontrarme el consuelo,
no quiero contarte ahora
como me vengo muriendo
porque te disfruto así
hecho un cóndor de alto vuelo,
que crece como un sol ancho,
maduro, fuerte y entero.

Mis ojos te miran, hijo,
mientras voy envejeciendo.
Ponés alas en mis ojos
feroz muchacho de viento.

Se me corta la voz y me pongo a llorar con unos sollozos tan grandes que Naiara, para consolarme, me besa en la boca y se deja besar.



*Mi viejo era medio esotérico. Creía en cosas de otros mundos y mucho en la astrología. Lo de viento es porque soy de Géminis, que es un signo de aire.


Glosario:

Chamuyó: apalabró.


Pendejo: en Argentina significa muchacho, chico joven, inmaduro, inexperto.


Payar: improvisar en décimas tocando la guitarra.


Enquilombado: hecho un lío.


Toc: trastorno obsesivo compulsivo.


Copetear: pasarse en la ingesta de alcohol.


Surtir: dar un golpe.


Comérmela: hacerle el amor.


Gorra: fuerzas del orden, policía, autoridad.





Comentarios

  1. Ahora me toca a mí pasar por este rincón, Simón.
    Me encuentro con que tus relatos están escritos en español de Argentina, lo cual me resulta muy enriquecedor (me encantan muchas de esas palabras que has puesto en el glosario).
    En cuanto al texto, me gusta el realismo que se trasmite a través de la sencillez, donde a la vez se esconde un mensaje profundo y triste.
    El poema y el final dejan con el corazón en un puño, pues el lector puede sentir el dolor que en ese momento se apodera del narrador.
    Te animo a seguir escribiendo.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Hola Sofía!! Muchas gracias por venir al blog. Sos muy bienvenida en este lugar.
      Como todo lo que cuento en el blog pasa en un barrio marginal de una ciudad, el idioma que uso es el que uso en el barrio. Hablamos así en el barrio.
      Una gran amiga me aconsejó que pusiera un glosario, porque como pasa con todo lenguaje autóctono, los de otros países no me iban a entender lo que decía o se iban a perder muchos matices, así que le hice caso y por eso pongo el glosario con las explicaciones al final.
      Es cierto lo que observaste. El narrador se puso a llorar literalmente cuando terminó de escribir el capítulo.
      Un abrazo grande!!

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  2. Muy conmovedor, Simón, creo que todos los que te leemos ya aprendimos a querer a tu viejo a través tuyo. El poema es bellísimo y cuánto amor hacia vos se desprende en cada verso.
    También me gusta la forma en que contás la compleja relación con Naiara. Como siempre, me voy recontenta con la lectura.
    Ahora las sugerencias:
    Fijate en el segundo párrafo "Cuando mi viejo estaba vivo..."hay una reiteración de la palabra noche, nochecita, nocturno... tratá de sacar alguna, por ejemplo la primera "nochecita", porque enseguida aclarás: "antes de que me fuera a la guardia nocturna".
    "...como explicación a su empecinamiento en que yo no hiciera guardias nocturnas". No repitas el "nocturnas", podés poner "esas guardias", se sabe de qué estás hablando porque acabás de decirlo.

    "Fue ella, que insistía en pasarle un trapo a los libros de la biblioteca, la que encontró el cuaderno espiralado que le había regalado yo a mi viejo aquella vez." Va mejor con las dos comas.

    Disculpame, soy una hinchapelotas perfeccionista, es que tenés tanta madera de escritor que no puedo evitarlo.

    Un gran abrazo, Simón.

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    1. Hola amiga!! Qué haría si no te tuviera, Mirella!! Ya corregí todo lo que me indicaste y por favor te pido, amiga, no digas que sos hinchapelotas. Sabés más y por eso ves cosas que a mí se me escapan, así que yo estoy recontra agradecido de que me las indiques, así corrijo, porque no sé si alguna vez me puedo llegar a dar cuenta solo de esas cosas. Será después de mucha práctica, capaz.
      Te cuento que lo terminé de escribir llorando. Cuando tuve que copiar el verso me agarró una cosa en el medio del pecho y no podía copiar de lo que lloraba.
      Un abrazo muy grande!!

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  3. aFíjate Simón la diferencia de tu relato y el que me comentaste de “La casa del Francés”, donde una vez muerto el extranjero sus cosas se abandonaban en la basura y se quemaban. En este tuyo de “Feroz”, comienzas precisamente tratando como una reliquia sagrada los cuadernos de tu padre. Las personas queridas perduran en los recuerdos.

    Me ha gustado mucho que reiteres el “lo evité y lo evité y lo evité”, que puede que no sea el modo correcto de expresarlo sintácticamente… con esas copulativas tres veces repetidas, como podría ser decir " lo evité repetidamente" (qué mal suena así ¿verdad?), lo evité una y otra vez (pasable), pero tu forma personal de expresarlo hace que me detenga justamente en la frase reiterativa porque se evidencia el esfuerzo de evitarlo. Es como lo veo y te lo alabo, a veces al lenguaje hay que hacerle una regañiza, pero con ingenio, como lo haces tú, compañero.
    Tu viejo me encanta, el modo en que incides en él, el cariño con qué lo retratas, especialmente cuando tu viejo escribía y se iba hacia dentro, cuando hasta el aire de la cocina cambiaba. Un hombre natural, nada impostado.
    Y de ti, Simón, también hablas como sin querer queriendo, que necesitas cierto orden externo para amueblar tu cabeza.
    Me ha emocionado el poema de tu padre, tanto como tu forma de escribir compañero. Ya sabes Simón de donde te viene el ingenio.

    Un abrazo cariñoso y enorme con permiso de Naiara.


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    1. Hola Tara!! Este episodio lo empecé a escribir con mucho empuje, como con muchas ganas de contarlo y terminé llorando porque se me hizo verdad algo que me dijo hace un tiempo otro escritor de la red: cuando llorás, es que te exprimiste por dentro. Me lo dijo refiriéndose a llorar cuando escribimos porque en vez de escribirlo, lo vivimos de nuevo o lo revivimos. Él me decía que uno consigue llegar hasta la médula de su propia emoción y por eso llora y me dijo también: no creas, yo lloro mucho cuando escribo.
      Me gustó eso de "amueblar la cabeza". A mí el desorden me corre los muebles del espíritu, porque si uno tiene orden en las ideas, lo tiene en su entorno, porque eso se proyecta y hay armonía.
      Ya bastante caos veo todos los días. Si dejo que se me meta el caos en la casa, no voy a tener una cucha donde meterme.
      Gracias por tu cariño, amiga!!
      Un abrazo grande.

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  4. Hermoso y emotivo, Simón, hay parte de un final de una frase que te destaco.
    ".... Mi viejo leía sus cosas con humildad, como si se estuviera confesando conmigo." En estas líneas puedo imaginar a un hombre que hace y dice las cosas de corazón, sin importar en que cajón caigan, simplemente se deja llevar por el amor que siente en el hacer, hablar, sentir ... es en sí mismo un ejemplo de dignidad y sabiduría.

    Este relato me ha conmovido mucho, también percibí algo así por tu parte como; nostalgia, una inmensa ternura y respeto por tu progenitor.

    El poema es SOBERBIO, comprendo tus sollozos, y me cae muy bien Naiara.
    ¡Un gran abrazo!

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    1. Hola Mila!! Perdón por el retraso en la respuesta, pero me dieron el alta y tuve que reintegrarme al trabajo. Ahí no te permiten usar internet.
      Mi viejo era bombero. De vocación, digamos, eligió ser bombero cuando salió de la Escuela de Cadetes. Era un convencido de que "lo bueno hay que hacerlo, no decirlo". Era una persona especial y me enseñó mucho. Entre otras cosas me enseñó la dignidad para llevar una enfermedad terminal y morirse con la misma dignidad con la que vivió.
      Yo lo extraño mucho. Trato de no defraudar su memoria respetando en mi vida las enseñanzas que me dejó.
      Un abrazo grande y gracias por acercarte.

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  5. Hola Simón,
    Al leerte de nuevo comprendo mejor tus letras y lo que ellas simbolizan para ti, al resto nos llega haciéndonos participe de tu nostalgia.
    Rememorar el pasado es un acto precioso por tu parte. El poema es muy bello.

    Gracias por el glosario, habían palabras que no comprendía.
    Un abrazo.

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    1. Hola Irene!! Gracias por acercarte. Lo del glosario me lo sugirió una escritora argentina y tuvo toda la razón. Vos confirmás eso con lo que me decís de que ahora entendés mejor lo que escribo. Uno a veces no se da cuenta de esos detalles.
      Un abrazo grande!!

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  6. Me ha llamado la atención, Simón, cuando hablas de tu actitud hacia este relato, dices que te exprimiste después de haber llorado y hay un amplio camino que debemos recorrer para que aprendamos a medir nuestras fuerzas, mala cosa es estar entero cuando concluyes un poema, yo, soy muy aficionado al deporte, siempre he dicho que nos debemos quedar como un ciclista que acaba de terminar una contrarreloj y sabe que no se ha guardado nada. He encontrado interesante el relato y hermoso ese romance que lo culmina.

    Un abrazo.

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    1. Hola Francisco!! Qué sorpresa tan grata que hayas venido al blog y me dejaras un comentario. Es muy valiosa para mí tu palabra, amigo!!
      El relato es uno de los episodios de la novela en que parece que se va a convertir este blog: una novela por capítulos.
      Antes escribía cosas sueltas, como para desahogarme, pero desde que hice el blog, estoy tratando de darle coherencia y continuidad a lo que voy contando, así que ya puedo considerar que cada relato es un capítulo.
      Eso de terminar "exprimido" ya me pasó varias veces desde que empecé con estas historias. A veces las vivencias demuestran que son heridas mal curadas. Otras veces terminé riéndome, porque mientras escribía entendí muchas cosas de los hechos que contaba y que en el momento de vivirlos no había apreciado.
      La poesía es de mi viejo. No solamente era un lector apasionado sino que yo creo que su vocación secreta era ser escritor y que por eso escribía de manera tan abundante. Me vendrá en la genética, supongo.
      Un abrazo grande y te estoy muy agradecido por haberte llegado hasta mi blog.

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