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En la secundaria uno la va de piola pero es medio gil.

La adolescencia es una etapa jodida en que a la vez sos más grande y más chico de lo que parecés, todo al mismo tiempo y depende quien te mire. Tenés algunos que son los rapiditos, esos que se las saben todas y pareciera que manejan el mundo de taquito. Cuando te los encontrás después de unos años, ellos son los pobres giles sin rumbo y vos, que eras el calladito que no se metía en los bardos y que miraba todo desde afuera, sos un tipo hecho y derecho. Al final terminan reconociendo lo piola que vos eras en la secundaria que compartían y qué habilidad tenías para negociar con la dirección (gracias al buen concepto que tenías ganado), en nombre de todo el curso.

Callado no fui nunca. Solamente supe cuando hablar y no todas las veces supe cuando callarme a tiempo, después de haber abierto la boca. Pero eso no lo pude aprender ni siquiera ahora. A veces el Chinito en la Coope me tiene que decir: ¡ya está bien, Santi, cortala! porque yo me doy manija solo.

La madre de la Katita siempre me quiso para novio de la Katita. La Katita alguna vez dijo lo mismo y anduvimos transando a medias un tiempo en la secundaria. Era la avanzada exploratoria, donde había que probarse que te podías transar una minita y tenerla muerta o al revés, estar muerto por una minita y que ella no te registre nunca por más malabares que le hagas adelante.

Hablar de sexo para mi viejo fue solamente decirme que si me encamaba con alguna minita usara forro. Esa fue la única lección que le pareció importante. Todo lo demás me la rebusqué solo para aprenderlo y practicarlo, porque según el concepto de mi viejo, aparte de tratarme siempre de usted, los hombres se hacen solos. Y eso que mi viejo no era un tipo anterior al Diluvio pero tenía esas cosas del fogueo del varón a campo y que se haga hombre de tanto estrolarse. Los padres de mis amigos no se quedaban atrás, tampoco, a pesar de que todos pertenecían a una generación revolucionaria y combativa que dividió aguas en la sociedad.

Lo mío con la Katita fue más un tema de curiosidad que otra cosa y que se terminó cuando ella encontró otro que no fuera tan obligatoriamente gasolero como yo. Me dejó de dar bola de la noche a la mañana y empezó a hacerse la interesante porque salía con un primo del Eze, que era como cinco años mayor que todos nosotros y tenía una 4 x4 con los vidrios polarizados. Nos dejó de dar bola a todos, no a mí solo, pero yo era el que hasta ese momento salía con ella y me dolió el desprecio porque no me dijo nada, solamente optó por ignorarme como si yo fuera una cosa y no el tipo con el que había debutado una tarde de diciembre cuando los padres se fueron al cine.

Una vez que ganaba una, porque la Katita es una potra, se me cumplía el dicho de “billetera mata galán”.

Mi viejo, que estaba muy hecho a pérdidas y ganancias, me llevó al cuartel con él y en el camino me dijo: Su novia es muy jovencita, m’hijo y a esa edad las mujeres andan confundidas. Esperesé un tiempo a que aprenda lo que vale un buen hombre.

Mi viejo habrá pensado que yo estaba remetido con la Katita y que sufría de mal de amores, cuando la verdad, yo sufría de mal de orgullo.

Mis amigos me bancaron. Hasta el Eze me dijo que la Katita era una guacha y que su primo era un forro. El Eze ya andaba en su moto, haciendo casi lo mismo que la Katita, pero tenía raptos de amistad cuando nos juntábamos en el minimarket de la Turca a jugar al metegol y al truco, a la salida de la escuela. Ahí él aprovechaba y se hacía su negocito con los porros. Siempre andaba con los ojos colorados como si se le hubiera muerto alguien muy querido y se la pasara llorándolo.

La Turca hacía la vista gorda porque le convenía andar bien con los Babaya, así que nos vendía birra y lo dejaba al Eze que manejara el kiosco de los porros como ella manejaba la quiniela clandestina.

Naiara era chica todavía. Era fea, desfigurada, flaca, jodida. Un bicho malo que encima daba todo el tipo del bicho malo. No se sabía bien si era mujer o varón, sacando porque llevaba el pelo largo para taparse la cicatriz. Nadie la quería, a excepción de la Colorada. Las otras le decían “el fetito” y en la escuela le habían puesto Franquestina.

Con nosotros se llevaba bien porque era la única hija mujer en una familia de varones y sabía cómo tratarnos a todos los amigos de sus hermanos.

A mí me fue entrando despacio, como una pequeña corriente de agua que se abre camino porque en la tierra hay un desnivel. No teníamos mucho trato porque yo solamente veía a mi barra cuando iba a la escuela o los sábados, que me quedaba en casa de mi viejo porque yo ya vivía con mi vieja en la casa de mi tía.

Con Naiara conversábamos de muchas cosas y nos reíamos mucho. Yo iba a tae-kwon-do en el centro, al Barat, que mi viejo decía que era la mejor escuela y ella iba a un gimnasio nuevo que se había abierto en la zona cercana al barrio. La primera vez que practicamos juntos, fue porque ella me lo pidió. Estaba asustada porque rendía para subir de cinturón y además “era mujer” y todos los que iban con ella eran hombres. Así me dijo. Yo enseguida le dije que sí.

Me llamaba la atención lo diferente que era a todas las minitas que yo había conocido. Aunque era más chica parecía más grande que todas las otras juntas.

Empezamos a hacer planes, cosas para la Coope. La Macabra tenía muchas ideas y empujaba como una locomotora, aunque como era chiquita y Babaya, los viejos de la Coope no le daban mucha bola.
Cuando yo me puse de parte de ella y arrastré al Chinito, a Pakito y al Damedós, mi viejo decidió darles una oportunidad a nuestras propuestas. A La Macraba mi viejo la trataba de “señorita Babaya” y nosotros nos cagábamos de risa, porque sonaba ridículo. A ella, sin embargo, le gustaba que él la tratara así y me decía: “tu viejo es todo un señor, te hace sentir que te respeta; vos sos igual a él, Santu”.

Como había vaticinado mi viejo, la Katita un día dio la vuelta y quiso retomar lo que había despreciado. Empezó a hacerse la seductora conmigo y a tirarme toda la onda. Fue después de que nos cruzamos en la parada del colectivo, yo con el uniforme y ella que volvía de un boliche, escabiada y fosforescente, con un top que casi no le tapaba las tetas y una mini que no llegaba a taparle el culo.

Me miró ahí y le dijo a una de las que volvía con ella: mirá el gorrita qué bueno que está, a que me lo transo. Y la otra le contesto: Es Santiago, amiga. Santiago Santucho. Te va a mandar a la mierda.
Los dos habíamos cambiado. Yo la reconocí al toque. Ella a mí no.


Se me quedó mirando desde abajo cuando el colectivo arrancó. Yo no la miré. Ya La Macabra me había dibujado un surquito de agua clara como sus ojos, en la mitad del corazón.


Glosario:

Piola: el que se caracteriza por su astucia.

Gil: tonto.

Bardo: problema, lío, barullo, descontrol.

Transar: tener una relación touch and go / comercio de droga. Depende del resto de la frase.  Transa: relación sin compromiso. Transero: el que vende droga al menudeo.

Minita: mujer joven.

Estrolarse: accidentarse de gravedad, chocar violentamente.

Escabiar: tomar alcohol.



Comentarios

  1. Se notaba desde el principio que Santi estaba muerto con La Macabra. Y esta frase final lo demuestra. Te deja sin aliento. Como esta oración que está al principio:

    "que eras el calladito que no se metía en los bardos y que miraba todo desde afuera para que le durara el buen concepto y después poder negociar en nombre del curso"

    Está un poco muy larga y te deja sin aire. Propongo alguna coma en el medio, Simón.

    ¡Abrazo!

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    1. Hola Fer!! Gracias por venir. No encuentro dónde meter las comas que decís porque no me manejo muy bien con la puntuación, pero se me ocurre que reformulando esa parte puede llegar a quedar mejor.
      Más tarde que voy a estar más tranquilo me pongo a ver qué te parece.
      Un abrazo grande, amigo!!

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    2. Por ejemplo:

      que eras el calladito que no se metía en los bardos, que miraba todo desde afuera (para que le durara el buen concepto) y después poder negociar en nombre del curso

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    3. Ahí ya lo corregí, Fer. A ver qué te parece. Me estoy yendo a la guardia. Mañana nos vemos, amigos.
      Otro abrazo grande y muchísimas gracias por tu tiempo y tu onda!!

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  2. Desde luego, has hecho todo un tratado de la revolución de las hormonas en plena efervescencia adolescente, tú lo llamas, o te llamas a tí mismo, “medio gil”, aunque tan gil no serías puesto que sabías diferenciar el mal de amor del mal de orgullo.
    Es entretenido lo que cuentas, lo he leído de un tirón y con la sonrisa puesta todo el rato, pues a mí me parece ver y escuchar al verborreico Santi que no sabe cerrar la boca a tiempo.
    Oye…, tu viejo sí que sabe dar consejos.
    Sobre las katita y las chicas en general es que resulta que crecemos más deprisa que los chicos, pon uno de 15 y una de 15 ¡ná que ver!, así que no me extraña que Katita se fuera con el primo del Eze, más aún si se deslumbró con el 4x4 de cristales polarizados.
    Qué gran comparación has hecho del agua y de cuando el amor entra despacito… bueno, no has usado la palabra “amor” ni falta que hace.
    Con la última frase (ya aprendí que la Macabra y Naiara son la misma), gran colofón final con el que me has ganado.
    ¡Cómo me gusta leerte Simón!

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    1. Hola amiga!! Es un placer que vengas, Tara. Tu último relato me emocionó mucho. Me pareció que lo lograste a full.
      Muchísimas gracias por lo que me decís. Los adolescentes se comen el mundo y después te das cuenta de que el mundo te dejó todo masticado y lo que salvás, como en las aceitunas, es el carozo y que de un carozo, sale un nuevo olivo.
      Un abrazo grande!!

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  3. Impresionante, Simón, qué bien contado, con una contundencia que no da respiro, uno se queda con el mate en la mano, si es que está tomando mate, y no puede darle la chupada siguiente hasta que termina la narración.
    Tenés una seguridad envidiable para no perder el rumbo del relato y sabés traducir en palabras las sensaciones, a medida que leo tus cosas voy conociendo más el modo en que las generás. Impecable, amigo, un abrazo.
    Ariel

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    1. Hola amigo!! Te juro que me sale de corrido, casi ni pienso. Eso que me decís de la seguridad debe ser porque cuento las cosas como hablo yo, sin plantearme escribirlas como un escritor, sino las voy contando, como en una charla en el bar.
      Mis amigos dicen que soy un genio "haciendo versos". Será Géminis, jajajajaja.
      Un abrazo grande, Ariel.

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  4. Buenísimo el retrato de una época tan difícil como la adolescencia. Es un tiempo de extremos, de rebeldías, confusión, tratamos de saber quiénes somos y se está formando nuestra identidad.
    Tu viejo, un sabio y el Santi va por ese camino. Con la Macabra tengo una cierta debilidad, la percibo frágil y corajuda a la vez.. Una hermosa mina.
    El final es para una lágrima emocionada.
    Abrazo grandote.

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    1. Así la viví yo a la adolescencia, sin saber bien donde pararme y teniendo que decidir bancarme ser el quedado y el que no quería líos o el que pensaba todo dos veces y al mismo tiempo, eligiendo lados y alzando la voz cuando no escuchaban a los demás.
      Mi viejo era un genio incomprendido al que admiraba y quería todo el mundo, por eso de que cuando a los otros se les quemaban los papeles, él sacaba papeles de repuesto. En eso sí que nos parecemos él y yo. Jajajajaja.
      La Macabra es como vos decís.
      Un abrazo grande, amiga!!

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