Territorios

Naiara entró a la escuela cuando yo estaba ya en cuarto año y a ella la agarró la Ley Federal de Educación y terminó haciendo el Polimodal.

Su hermano mayor y yo, en cambio, fuimos de la última camada de técnicos que salió de la escuela antes de que Menem terminara de enterrar la educación. Fuimos los últimos, aunque el Eze se colgó con las previas y nunca terminó el sexto año, porque los técnicos teníamos que hacer seis años de secundaria.

La escuela esa era la única cerca del barrio y yo creo que salvando algunos que iban a las escuelas del centro, la mayoría de nuestros padres la vio como una opción potable que servía como una apuesta a nuestro futuro porque salíamos con un título de técnico debajo del brazo y podíamos entrar a trabajar. Cuando la eligieron, nadie se imaginó la catástrofe educativa y de toda clase que se vino después.

Aunque tuve la posibilidad de cambiarme a alguna escuela del centro, yo preferí seguir ahí, que aunque fuera de las técnicas una de las más pobrecitas, nos daba, sobre todo a los varones, muchas armas manuales para la vida. No todos saben hacer una instalación eléctrica, soldar, tornear, usar un toco de herramientas sin equivocarte de llave o de pinza, trazar un plano.

En aquel tiempo, el Eze y yo éramos amigos. Todos éramos del mismo grupo de gente que se había criado ahí, al borde de la ciudad como en un gueto que a todo el mundo le quedaba lejos y entonces se autoabastecía como podía.

Para ir a la secundaria salíamos todos juntos del barrio y caminábamos las quince cuadras. La primaria estaba mucho más cerca pero era igual de pobre.

Eso de caminar todos juntos nos unificaba más y por eso yo me empaqué con mi vieja que a toda costa me quería trasplantar a una escuela del centro y seguí en la del barrio.

Los días de lluvia teníamos que salir con botas de goma porque nos embarrábamos todos durante esa caminata por el costado de algo que decían que era una avenida pero parecía una ruta sin terminar. El mejorado de entrada al barrio se rompió enseguida, como si lo hubiera agarrado un bombardeo. Eran todos pozos que no arreglaba nadie.

Puede ser que nuestros padres sufrieran esa cosa de la marginalidad, como cuando las personas querían saber ¿dónde vivís? y nosotros decíamos el nombre del barrio y la persona fruncía la cara preguntando ¿dónde queda? Nosotros disfrutábamos de eso como un asunto territorial de vivir en otro planeta que era solamente nuestro, de los que nacimos y nos criamos ahí.

Igual que yo con el Eze, mi viejo y el padre de la Macabra también fueron amigos.

Babaya padre empezó con un desarmadero de autos y fue ampliando el “negocio”, buscando otros ramos que fueran muy lucrativos. Yo era chico pero me acuerdo de mi viejo comentándole a mi vieja que “el Quique se está haciendo rico muy rápido, en algo anda”. Era el instinto de mi viejo que después se confirmó.

Cuando al Eze le compraron la moto dejó de caminar con nosotros. Iba en moto a la escuela pero no llevaba a Naiara. Ella caminaba igual que hacíamos todos. Yo los esperaba en la última parada del bondi y seguíamos todos juntos. El Eze se fue abriendo despacio y Naiara, al revés, se fue acercando cada vez más a los que andábamos de a pie.

Ella siempre iba con la Colorada, porque la Katita y las otras la hacían aparte. Ahora dirían que le hacían bullying. Era más chica que las otras y la agarraban de punto por la cicatriz que le rompía la cara. A la Colorada también la agarraban de punto porque además de ser también más chica, decían que era hija del lechero porque no se parecía a sus padres. Al Colorado le decían lo mismo, pero como era amigo del Eze, se cuidaban más. El Eze y el Colo se hicieron íntimos y nos pasaban a todos los que caminábamos, los dos montados en la moto y bardeando. El Chinito supo decir que esos dos guachines iban a terminar mal.

El Eze se dio un palo con la moto haciéndose el canchero con sus willis porque se llevó puesto un camión que recolectaba la escamonda y quedó en silla de ruedas porque se partió la columna. Habla mal y se hace todo encima.

El Colo está preso aunque todos dicen que en eso por lo que cayó preso, el Colo no tuvo nada que ver y que es porque él es uno de los “babayas” y siempre anda con fierros. Lo agarraron con un 38 que tenía la numeración limada y lo metieron adentro, por las dudas. Babaya padre no lo sacó. Lo dejó a la sombra, dicen que porque se cobró una mejicaneada.

La Macabra me mira aparecer en la puerta de la cocina de la Coope y arruga la boquita. La miro revolver la olla del locro y ella no me dice nada. Está enculada porque me quedé dormido y no vale que le diga que tuve 36 horas de guardia porque hay varios con carpeta médica por las gripes. Yo igual le digo bajito que precisaba dormir.

La gente ya está sentada y esperando.

—Andá a ayudar a las del horno con las empanadas, Santu, que está el Chino solo —me dice la Macabra— Vino mucha gente del otro lado.

—Hay hambre, amigo —dice la Colo mientras va cortando el pan— Dentro de poco vamos a estar todos haciendo cola... los de acá y los de allá.



Comentarios

  1. Simón, impecable, impresionante, tengo una aguja en la espalda. Si fuera un gato te diría que se me pusieron los pelos de punta en el lomo. Primero porque me llevaste al barrio de mi infancia, en Lanús, nosotros también caminábamos por esas calles de barro para ir a la primaria primero y después al secundario, al industrial. El asfalto estaba lejos, cerca de la estación, me acuerdo. Pero cuando empezaste a hablar de lo que vino después de Menem, ahí se me pararon los pelos, me acordé, como si me pasara una flecha por el mate, del 2001. Y después cuando hablabas de los fierros me acordé de mis amigos de la barra. Yo tenía dos barras: una que era más cheta con las chicas del normal y la otra con los amigos del barrio con los que teníamos el equipo de fútbol 5, los atorrantes. Me acuerdo que también había uno que se parecía a Eze y que terminó mal, primero se metió en la droga y después en el choreo; un día lo encontraron en un zanjón con el cráneo agujereado. Pero lo que más me impactó fue lo del final porque tenés razón, a este tranco todos vamos a estar haciendo cola.
    Pero yo no lo puedo contar con la polenta que lo hacés vos, Simón, por eso me engancho tanto con la lectura de tus textos.
    Mirá, a mi me gusta mucho como escribe Pablo Ramos, y él siempre que puede lo cita
    a Isaak Bábel: "la palabra tiene que ser significativa, sencilla y bella, en ese orden", y eso es lo que tiene tu literatura. Simón, ojalá no te salgas nunca de ese modo que tenés para contar. Un abrazo, amigo.
    Ariel

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    1. Hola amigo!! Este país está lleno de "momentos inolvidables" y eso que por lo menos a mí, ya me agarró la democracia, pero igual, las cosas nunca estuvieron bien, no hay que engañarse. Por lo menos acá, en este provincia y en esta ciudad, nunca estuvieron bien del todo. Hubo épocas, pero solamente épocas de mejoría.
      Lo peor es que no supieron manejar la seguridad y así estamos como estamos. Nosotros por lo menos, los de mi generación, todavía teníamos viejos que le daban prioridad al estudio, te mandaban, te metían eso en la cabeza, te buscaban un futuro. Después ya se pudrió la momia y nunca se arregló.
      Acá a veces, con los guachines de la Coope, es como si predicaras en el desierto. Les decís y no te entienden, no saben para qué, porque nadie les dio el ejemplo de nada y todos viven de planes y bueno, lo que ya se sabe que pasa en estas zonas. El "trabajo" es salir a chorear y el "sueldo" es la Asignación o algún otro de esos planes junta vagos.
      Un abrazo grande, Ariel!!

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  2. Hola, Simón. Es la primera vez que leo tus escritos y debo decirte que me emocioné. Tanto por tu forma de escribir como por el contenido tan argentino.
    Te felicito y cuentas con una nueva lectora.
    Un abrazo

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    1. Hola Mirna!! Bienvenida a las distopías de esta ciudad que trato de retratar. Me pone muy contento saber que te gustó mi forma de contar las cosas.
      Muchísimas gracias por leerme y por lo que me dejas dicho.
      Un abrazo grande!!

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  3. Entraste en los territorios de la memoria y cada uno te acompaña desde sus propias experiencias, las mías escolares no fueron tan malas en cuanto al ambiente, también humilde, de laburantes, pero sí fueron muy duras y rígidas en lo familiar.
    A Ariel le decís que con los pibes de la Coope no hay "prédica" que valga, es que para esta generación de planes sociales no hay un para qué, se ha perdido todo sentido, todo anhelo de progresar y el futuro es hoy, porque muchos ni llegan al mañana. Y a pesar de eso me alegro de que no aflojes y sigan brindando esa puerta abierta.
    Me gustó un montón cómo lo contaste.
    Abrazo grande, Simón.

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  4. Hola Mirella!! Yo no sé bien dónde está el problema, porque si vamos al caso, yo no soy mucho mayor que los pibes de los que hablo y me crié igual que ellos, en el mismo barrio y con las mismas carencias. Tuve que ir por el barro hasta una escuela que no tenía estufas porque la mayor parte de la zona no tiene gas natural y cenar pan empapado en matecocido porque había que pagar la cuota de la casa. Todas cosas así. En una de esas fueron nuestros padres los que hicieron la diferencia porque eran ellos los que traían el aprendizaje ya desde sus propias casas y no lo negociaban. Eran toda gente laburadora, que laburó toda su vida y le daba valor a tener un trabajo. Mi vieja cobra la pensión de mi viejo, que no es poca plata para ella sola y sin embargo sigue trabajando como toda la vida. Siempre me dice: "Yo me gano lo que me llevo a la boca".
    Y la droga, amiga. La droga es imparable.
    Un abrazo grande!!

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  5. Creo Simón que por aquí, en España, la llamaban la escuela técnica laboral, donde te preparaban para una profesión, se hacía a la vez el llamado “bachiller”. Luego estaban las universidades laborales que se consideraban de inferior categoría, al menos por los “pijos” de turno. Dependía del Ministerio de Trabajo y optaban a él a los hijos de los trabajadores con sueldos relativamente precarios o para facilitar el derecho a la educación de la población trabajadora. La fundaron los falangistas y ya no existen. Lo suyo es becar sin diferenciar el tipo de educación ni encerrarlos en “guetos” hechos a su medida social, aunque de estas universidades salieron grandes profesionales y políticos sociales de muchas de esas universidades (nidos de rojos y comunistas según el gobierno franquista).

    Perdona la digresión Simón. Respecto a tu testimonio es interesante saber cómo funcionaban, o no, en tu país, aunque cuentas que hubo posteriormente una catástrofe educativa.

    Pero lo más importante no es lo que cuentas, sino cómo lo cuentas, tus implicación vivencia y sobre todo emocional.

    Entiendo lo que dices de que caminar todos juntos los unía más, y también entiendo (nos haces comprender) el sentido territorial del barrio.
    Y luego estás como incides en las características de cada uno del grupo en Naiara, Katita, la Coloada, el Eze, el chinito, el Colo…, y lo que más me gusta es que no los juzgas, te limitas a describirlos, a ellos, y a sus incidencias, y lo haces hasta cierto punto de una manera como de pasada (el accidente de Eze, que se partió la columna, el Colo preso…), como si fueran hechos corrientes.

    No se Simón si es que me he perdido algo, o no he comprendido la última parte…a mi me parece que hay un salto en la historia desde que apresan al Colo hasta que La Macabra te mira aparecer en la puerta de la Coope. No se cuenta quien es la Macabra (a lo mejor lo has hechos en otras historias en la que la nombras, o esta forma parte de una serie) y tampoco entiendo que es la Coope, pues no se menciona en toda la historia y en el contexto de la frase no le pillo en sentido. Eso no quita para que sea un estupendo relato, seguramente la culpa es mía por no entender algunos giros aunque generalmente los metes tan bien en la frase que resulta fácil la comprensión. Veo que tus compañeros argentinos te han no solo entendido, sino que se sienten hermanados.
    Un abrazo grande compañero.

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    1. Hola Tara!! La Macabra (Naiara) está si no en todos, en la mayoría de las cosas que cuento. Tengo capítulos enteros de ella conmigo y de ella con ella y de la relación que hay entre nosotros. La Macabra y Naiara son la misma persona. Eso se explica en uno de los capítulos bastante anteriores, donde hablo de su nombre. Creo que es en la carta de amor o en uno de esos. Después de Santiago, que es el que cuenta, creo que junto con el Chinito es la más nombrada de la historia.

      Lo que cuento de la escuela es un recuerdo, como para situar que algunos nos quedamos de este lado del barrio y que La Macabra, que es del otro lado, siempre está con nosotros.

      La Coope tiene un capítulo para ella sola que se llama "La Coope", además de que la mitad de las cosas que cuento pasan adentro de ella. Es un capítulo donde intento explicar como funciona el barrio. Coope viene de Cooperativa. Pero le decimos coope.

      Las escuelas técnicas, o los industriales, eran escuelas especializadas en crear mano de obra calificada para ingresar a la industria nacional. Técnicos especialistas, los llamados "oficiales" que ingresaban después a diferentes fábricas con una capacitación real en la especialización que salías. Salías sabiendo de esas escuelas, aunque fueran, como la mía, medio precarias.
      También teníamos escuelas con finalidad comercial o las que eran simplemente bachilleratos.
      Ahora todo eso volvió pero pasamos períodos negros en la educación argentina porque cuando destruís la educación, al pueblo le cortás las piernas y las alas y eso es lo que pasó.
      Un abrazo grande!!

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    2. ¡Ahhh... !, ya decía yo que me estaba perdiendo algo...
      Gracias Simón, por la aclaración.

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  6. Es cierto, la escuela responde a un proyecto de país. Si la idea ya no es que haya industria nacional, y la que hay está muy robotizada, la escuela ya no tiene sentido.

    La vida de la gente deja de tener sentido. Solamente vale la ganancia. Hemos escuchado cosas como que ciertas provincias son "inviables", como quien habla de un kiosco.

    En fin. Siempre bien escrito, Simón, salvo en la siguiente frase casi al final del capítulo:

    "El Colo está preso aunque todos dicen que en eso porque lo metieron preso", que resulta medio incomprensible.

    ¡Salud!

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    1. Hola Fer!! Ya arreglé eso que me dijiste. Tenés razón. A veces me pasa que leo y releo y leo cosas que me parece que las puse pero que no están. Trampas lógicas del cerebro, supongo.
      Las escuelas técnicas para mí siguen siendo necesarias porque si no, es el mundo de los chantas, más allá de las industrias y de todo, es saber hacer un montón de cosas, como en mi caso, entender lo que es una instalación eléctrica que sea eso y no una trampa mortal. Porque fui a una escuela técnica se resolver muchísimos problemas que le queman los papeles a otros.
      Pero bueno, ya sabemos como es este país.
      Un abrazo grande!!

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  7. Me gustó mucho como trabajaste este capítulo en el que todo se dice como de pasada, pero que sitúa al lector con mucha precisión en el plano espacial y sus habitantes. Con anécdotas sencillas, trabajás cosas profundas.
    Tenés el don, pichón. De verdad.
    Abrazos

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    1. Lo que me parece que tengo son muchas ganas de escribir, de contar. Lo del don se lo dejo a los que escriben bien. Yo quiero contar cosas a mi modo y con mis modos.
      Pero te estoy muy agradecido porque siempre me tenés una palabra de aliento y de verdad, amigo, me re alientan las cosas que me decís, como las que me dicen otros amigos que también tienen la voluntad de venir a leer lo que yo pongo.
      Un abrazo grande Gavrí!!

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