Madre hay una sola (menos mal...)

Mi vieja ya había empezado a gritar en la calle, adelante de la reja y sin esperar que yo mandara a la cucha a Apolonio y le abriera la puerta a ella.

Gritaba desde afuera, levantando la mano retadora con la que me supo correr a chancletazos cuando yo me mandaba una cagada porque para ella y sobre todo para mi tía, las mías no eran travesuras sino cagadas, por culpa de la herencia paterna que formaba la mitad de mí y por culpa de que ¡los varones son terribles! Como yo corría y mi vieja nunca me alcanzaba para chancletearme a gusto, a veces se contentaba con tirarme la chancleta como un arma de esas arrojadizas, que tampoco llegaba a destino y gritarme: ¿Santiago Santucho, eso te enseñó tu madre? ¡Sos un mal aprendido!

Mi tía le hacía el coro.

Ahora, desde la puerta, mi vieja exigía como vecina barriera: ¡Santiago Santucho, abrile la puerta a tu madre, querés!

Apolonio se fue a la cucha solo, como si entendiera que la autoridad de aquella mujer que gritaba desde la vereda era tan poderosa que emanaba directamente de Dios. Se guardó como con los truenos.
Mi vieja le habrá parecido una tormenta, pero corporizada, que seguía diciendo desde afuera ¿Por qué no me atendés el celular?¿Por qué no me contestás los whatsapp si se ve que los leíste? ¡Si no es por Walter, no me entero de nada, nene!¿Así querés a tu madre, Santiago Santucho? todo a los gritos.
Al Chino mi vieja siempre le dijo Walter.

Con tanto lío, salió a ver qué pasaba la mamá del Damedós, que vive justo al lado de mi casa, tapial por medio, con un “Veeeeeeero, hooooola, taaaaaaanto tieeeeempo” y la sana virtud de que mi vieja se callara la boca porque se había pasado con el papelón y hacía tanto que no venía al barrio, que ya era una extraña.

Esa otra Vero que se casó con mi viejo y juntos pagaron pesito por pesito la casita, ya no pertenecía a la “rama fundadora”, como le dice el Correntino Leiva a los cien pioneros que ocuparon las casitas cuando las adjudicó la provincia en ese descampado de los suburbios, a donde llegaba por aquellos tiempos una sola línea de transporte urbano, con mucha suerte una vez por hora.

En la teoría, cuando hay una separación, el que se va siempre es el marido y le deja la casa conyugal a la mujer con los hijos, pero mi vieja no se quiso quedar “en este barrio”, a pesar de haber pagado la casita mano a mano con mi viejo. Dijo ¡ni loca me quedo en este barrio que está cada vez peor! y me agarró de la mano, porque yo todavía era chico y nos fuimos “a su barrio, con la tía Graciela” porque la casa de los abuelos es enorme y además, es de las dos hermanas, aunque mi tía Graciela lo vea de otra forma.

Mi vieja volvió al barrio del que se había ido, solamente cuando mi viejo falleció y lo velamos en el destacamento.

Esa vez la vi llorar como no me imaginé que mi vieja fuera capaz de llorar, porque cuando ellos se separaron, mi vieja lloraba con bronca, le saltaba la bronca por los ojos, las lágrimas eran como gotitas de bronca. No resbalaban, le saltaban desde adentro de los ojos. Después ya no lloró más o yo no la vi. Siguió con su vida opaca e indecisa, como vestida con un interminable medio luto, todo gris, como su trabajo de administrativa en uno de los sanatorios de la ciudad, donde seguro se va a jubilar sin pretender otra cosa más que lo que tiene, porque mi vieja está acostumbrada a “lo poquito y para qué más”.

Alguna vez, en alguna charla hablando de mi hermana fantasma, alguien me dijo que cuando a una madre se le muere un hijo, ya no le queda nada por perder. Y yo pensé que yo todavía estaba vivo y que si me pasaba algo en algún incendio, también me iba a perder a mí, por más enganchada que estuviera ella de la muerte de mi hermana. Después pensé que yo era algo como de segunda. Un premio consuelo. Algo que estaba ahí y estaba ahí y nada más, porque había llegado con un poco de viento o como un marcaperro de esos que trotan de costado por el costado de las vías y se terminan aquerenciando con algún vecino que les da de comer.

Mientras me termino de vestir, escucho a la vieja del Damedós explicándole a mi vieja que “lo cortaron porque la defendió a la abuela de los chicos López  de que le afanaran el monedero, ¿te acordás Verode los hermanitos López, los mellicitos esos mediosmedios atrasaditos, del Juan José, los hijos del Juanjo ¿te acordás Vero?, de la otra cuadra, de la Bibi, la bizca… los de la verdulería?

La vieja del Damedós le dice todo eso a mi vieja y después empieza con lo de siempre, que en el barrio ya no se puede vivir, que a las siete ya están todos guardados, que cada vez ponemos más rejas y que alrededor es tierra de nadie.

Abro la puerta y las miro en la vereda, como cuando era chico y ellas se juntaban a barrer y a comentarse chimentos fundacionales con otras vecinas.

A mí me dieron unos días de franco por el tajo y Pavón directamente me obligó a tomármelos aunque yo no quisiera. Créase o no, el tae-kwon-do ayudó bastante a que el tajo no fuera todo lo profundo que tenía por intención, así que en el dispensario de la Muni me dieron seis puntos, unas palmadas y me mandaron a mi casa con recomendaciones de reposo, que Pavón se tomó mucho más al pie de la letra que yo.

Abro la reja, saludo a la vieja del Damedós que me dice hola Santi ¿cómo va el chuzazo?

Mientras le digo que todo bien le hago espacio a mi vieja para que entre.

—Salvador del mundo igual que el padre… Chau Adriana, después nos vemos —entra diciendo mi vieja y empieza de nuevo— Pero será posible que me tenga que enterar por Walter de las cosas que te pasan a vos…¿No limpiás nunca, Santiago Santucho? ¡Esta casa es un chiquero!.. ¿Me tengo que enterar por Walter, nene?¿Dónde escondés la escoba?



Comentarios

  1. Una lee y se ríe porque está escrito con la ironía que da la resignación (¿o todavía no?) y recuerda las propias experiencias al respecto.
    Hay madres que nunca dejan pasar una, que viven con el reproche en la boca y la de Santiago Santucho parece que está siempre con el enojo a flor de piel, parece que ha acumulado mucha bronca. En vez de mostrar el afecto y la preocupación que la embarga, sale con los tacones de punta. Es un estilo de madre que no sabe expresarlo de otra forma.
    Hoy disfruté tranquila de tu texto, tomándome un cafecito bien caliente porque en Baires está frío, nublado y ventoso. Me gustó mucho, Simón, hiciste una descripción entrañable.
    Un abrazo grandote.

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    1. Hola amiga!! Yo tengo la misma impresión. Mi vieja ya nació enojada y su deporte es pelear conmigo por pelotudeces que se le ocurren a ella. Con la otra gente no es así, es una mujer muy discreta, de perfil bajo, opaca te diría, pero conmigo, se le sale todo el arcoíris por lo que digo ahí ¡los varones son terribles! Tenemos poco diálogo, la verdad, desde que yo me puse de parte de mi viejo y les eché en cara a ella y a mi tía que me hablaran tan mal de él. Más mi tía que mi vieja, pero mi vieja nunca le dijo a mi tía que se callara y eso es lo que yo le hago ver.
      Acá también hace mucho frío, ayer llovió y hoy está todo triste.
      Un abrazo grande!!

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  2. Fantástico, Simón, un retrato de la madre de Santiago impecable, desde lo emotivo y desde lo literario, porque tenés la particularidad de saber mostrar los hechos y los personajes para que uno los entienda con claridad sin tener que andar dando explicaciones. Se suben al escenario de tu texto y hablan por sí mismos. Es imposible no verlos, no escucharlos. Un eslabón más de la historia, me enganchó desde el principio. Un abrazo.
    Ariel

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    1. Muchísimas gracias, Ariel!! Creo que yo trato de contar como si estuviera contando una película en vez de escribiendo. En una de esas es por eso que te parece a vos lo del escenario y los personajes que hablan por si mismos. Trato de contar las cosas como si le estuviera contando a un amigo una peli.
      Un abrazo grande, amigo!!

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  3. A ver... si unes los comentarios de Blogger y de Google... y aquí, una vez publicado el tema, lo compartes mediante un, "Comentario" con tu perfil, es decir, tú mismo te comentas y compartes en tu perfil público, todos los comentarios que te hagan allí aparecerán aquí, y los que te hagan aquí, también.
    Es como lo hago yo, si te fijas, y no se pierde ni medio.

    Me ha gustado el tema, aunque yo detrás de todo lo que dices, veo una mujer generosísima, que no se llevó nada cuando se marchó, aunque podría haberlo hecho , y quizás un desconocimiento por tu parte de las causas profundas que la llevaron a la separación matrimonial.

    El miedo por los hijos, la amargura de una pérdida... hay en el texto muchos detalles que me hacen imaginar porqué una mujer puede volverse irascible y quisquillosa con un hijo, sin embargo, no me hiciste sentir, si lo pretendiste en algún momento, falta de amor por su parte y sí, un cierto desprecio por la tuya, como si os hubiera sobrado en la vida, a ti y a tu padre, siendo que ambos habitásteis la casa que ella ayudó a pagar con su trabajo.

    En fin... pensamientos que se me cruzan, más por asociación de ideas que por conocimiento real de los hechos.

    Nos estamos viendo...

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    1. En otras entradas también hablo de mi vieja y de que mi viejo llenó cincuenta cuadernos con poemas de amor para ella y que siempre me dijo: Yo amo a tu madre.
      Jamás le oí a mi viejo una palabra que demeritara a mi vieja, así que no sé de dónde podés sacar +Morgana de Palacios que hablo o hablamos con desprecio. No pasó lo mismo al revés. Mi vieja y mi tía se encargaron muy bien de llenarme la cabeza contra mi viejo (mi tía por acción y mi vieja por omisión), al que descubrí demasiado tarde, que fue cuando me fui a vivir con él y para nada mi vieja se fue sin llevarse nada. Se llevó todo, porque así era mi viejo y nunca se hizo el sota con la cuota alimentaria ni nada de nada. Dicho por mi vieja: "Siempre nos pasó de más".
      Y no lo estoy defendiendo. Estoy siendo justo porque cuando los hijos crecemos, abrimos los ojos y vemos que las cosas no son tan como las cuentan los padres desde sus emociones. Las cosas tienen matices y están llenas de medias tintas.
      No digo que mi vieja no me quiere. Sé que me quiere, pero su manera de querer es agresiva, siempre está enojada, yo siempre la vi peleada con la vida, más allá de la muerte de mi hermana que era mayor que yo y por eso tengo solamente recuerdos muy vagos que a veces pienso que me imagino. Se enfrascó en su mundo y se volvió tóxica, siempre oscura, siempre con el pensamiento negativo y los tapones de punta conmigo, porque en otros sentidos es totalmente indecisa y mi tía la re maneja.

      Y eso que me decís de los comentarios de plus y del blog, ya lo hice y se me borran todos los del blog y no vuelven a aparecer. No sé si es el formato que elegí que no permite las dos cosas, pero ya lo hice y no salen.
      Un abrazo grande.

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    2. Simón, el tema de unificar los comentarios del blog con Goole+ yo tampoco lo hice porque me salía un aviso de que perdería todos los que ya estaban publicados en Blogger. Entonces tengo separados el blog de G+, que sinceramente, cada día me interesa menos, la mayoría solo le da al + sin tomarse el trabajo de leer.
      Un abrazo grandote.

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    3. Hola amiga!! Sí. Ayer lo intenté pero me salían solamente cinco comentarios y nada más, en entradas donde hay diez o doce. Cambié incluso la plantilla con que hice el blog, que fue una de las sugerencias de Morgana, pero igual, figuraban 12 comentarios y salían solamente 3, así que intenté volver a la plantilla original, pero ya veo que no lo conseguí.
      Los voy a dejar como hasta ahora, así lo que está no se me pierde.
      Un abrazo grande Mirella!!

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  4. Tu “vieja” me recuerda a mi abuela que cuando no le hacíamos caso nos amenazaba con : ¡No te lo digo más con la boca que te lo digo con la zapatilla!... ahora encierran a una madre si se pasa con la chancleta. Eran otros tiempos y otros modos.
    Pero bueno… menos mal que tu tenías buenas piernas para salir volado y tu vieja no te alcanzaba, y encima con una tía… era un matriarcado tu familia donde mandaban ellas ¿no?, en la familia y en el barrio con la frontera de sus gritos
    Y luego está la otra vertiente de tu historia (supongo real), cuando te agarró y se fue del barrio matrimonial al barrio de siempre, a su barrio.
    Tienes el poderoso virtuosismo de hacer tan verídicas las escenas que a mi me parece ver llorar de rabia a tu madre, más que derramar lágrimas, saltan broncas, y eso se llama escribir de manera genuina, sin copiar a nadie, te sale de dentro, de la boca del barrio que también es tu boca.
    ¡Ay las madres!

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    1. ...se me cortó.
      Que te quería decir también Simón que no me pierdo ya ni una sola de tus historias aunque no siempre pueda comentarlas al momento. Me alegra mucho leerte amigo Simón.

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    2. Uno termina de leer sonriendo, quizás por la naturalidad con que está expresada la situación o porque lo contado resulta altamente visual. En ambas cosas concuerdo con lo que te dice Tara. Hay mucha verosimilitud en todas tus escenas y eso hace muy rico y muy asequible tu escritura, cercana al lector, amable, hablada de tú a tú.
      Abrazos, pichón.

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    3. Hola Tara!! Tal cual. Era un matriarcado. Hasta el perro era perra, una caniche que ladraba todo el tiempo, igual que mi tía.
      Sos muy amable conmigo. Gracias por comentarme con tanta generosidad, amiga.
      Un abrazo grande!!

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    4. Hola hermano!! Intento escribir como soy, no impostar una actitud o una forma de hablar que no sea la que va con lo que cuento. Me parece que no puedo hablar de otra manera porque sonaría raro, no se parecería a lo que estoy contando.
      Un abrazo grande Graví!!

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  5. De todos los personajes, me mata el Apolonio. Y no hay nada que hacer.

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    1. Hola Gregoria!! Es un rompecorazones el Apolonio.

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  6. Te amo te odio dame más

    dice la canción de Serú

    supongo que vale para las madres también

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    1. Algo de eso debe haber, Fer.
      Un abrazo grande!!

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