El Principal

Cuando Carmelo apareció con ese mate de metal envuelto en goma eva de color rosa, todos nos quedamos mirando lo que parecía un tulipán de plástico que el sargento había ido a comprar al chino, cuando todos por fin coincidimos en que el porongo anterior estaba rajado y aunque le teníamos un cariño de hermano en la mala, una ronda con él era un enchastre. Le hacíamos el aguante al mate solamente porque siempre estuvo con nosotros. Parecía eterno hasta que se rajó. El jefe lo puso en la repisa de los reconocimientos, al lado de las plaquetas de honor al mérito y de las copas de fulsal y de truco.
El mate rosa era un bajón. Todos lo mirábamos torcido, porque era rosa. ¿Celeste no había? fue lo que preguntamos todos y después barajamos otros colores. Carmelo, imperturbable, dijo: Era ese o uno de vidrio forrado, con corazones y besitos, también rosa. Elegí el más sobrio.

—Hay que quejarse con el chino ¿Cómo no se le ocurre un poco de variedad?

—Será daltónico.

—Es chino. No entiende una pepa de mates.

El mate se quedó ahí un rato en que nadie tomó la posta de cebador hasta que el propio Pavón lo agarró como a una mujer con la que pensaba bailarse un tango y el mate rosa, todo tulipánico como una flor mujer, quedó atrapado adentro de su mano oscura y garrienta, porque Pavón tiene unas manos de gigante y casi perdido en esa manaza que se apoderaba de él, lo vimos desaparecer y reaparecer preñado de yerba y todo copetudo a la manera en que puede ser espumoso un mate con una boca de medio metro y que encima tiene un techito como dos alitas que le salen del lomo redondo.

—¡Qué miran, señores! —medio que nos gritó el jefe— ¿Nunca vieron un mate?¿Prefieren un pocillo sin manija como teníamos antes del porongo?

Fue la orden de empezar la ronda y todos nos acostumbramos al matecito rosa, sedoso, femenino, como un caracolito caliente y erótico que además, es irrompible.

Ahora ya lo manoteamos, lo queremos, lo extrañamos, lo necesitamos, y el matecito rosa siempre está, inalterable y redondito, haciendo su función de mate tulipán y nadie se acuerda de que en este grupo de a ver quién la tiene más larga, hay un mate rosa que circula en la guardia y a través del cansancio y calienta las manos y la vida en este destacamento inhóspito arrumbado en esta zona franca de cualquier orden y de cualquier ley. Y ojo con que se vaya a perder, como el otro día, que Gómez lo metió en la heladera de puro distraído que es el subayudante Gómez y dimos vuelta el destacamento porque pensamos que nos lo habían afanado. Es como si nos afanaran un amigo o que a un amigo se lo llevara un ovni.

¡Nos chorearon el mate! era el grito unánime. El matecito rosa, nuestro redondito y alado matecito rosa.

Cuando Carmelo nos lo presentó dijo: Yo tengo uno de estos en casa. Son un fierro. No se rompen más y no te quemás porque la goma eva es aislante.

Y ahí está, un alma metálica envuelta en una cálida suavidad que lo hace manso, querendón, acogible en este ámbito rasposo en que vivimos debajo de las chapas del galpón.

Metal que no se rompe. Metal que resiste. Metal que es fuerte y quema. Pero todo, debajo de esa quietud rosa que oculta con su tersura extraña toda la verdadera resistencia.

El matecito es un bombero más, el Principal Pantera Rosa.


Comentarios

  1. Espléndido relato, Simón, de una ternura encantadora. Tenés una capacidad para transmitir emociones que hace malabarismos con la historia con la seguridad del que tiene claro hacia dónde quiere llegar y cómo. Leí todo el texto con una sonrisa, paladeando tu lenguaje. Con la gente de tu destacamento, con esos hombres que viven en la tragedia cotidiana y un mate rosa hiciste un poesía en forma de prosa. Un genio, Simón.
    Ariel

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    1. Hola Ariel, amigo!! Mirá que sos generoso, chabón... La verdad, el matecito ese nos da ternura a todos. Uno le agarra cariño a las cosas más insólitas. El otro mate ya es un prócer. Este, siempre de guardia.
      Un abrazo grande

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  2. Me pasa como al chino daltónico , que tampoco entienda una pepa de mates pero me he reído un montón con el envase rosa chicle en forma de tulipán entre las manos masculinas de los bomberos valientes y las iniciales miradas desconfiadas. Claro que más vale el rosado, más sobrio que el de corazoncitos.
    Así que también le pegas al humor Simón, ya me lo sospechaba ¿eh?
    Te marco un despiste, se te olvidó abrir la interrogación en esta frase “¿Celeste no había?
    Otra cosa, generalmente los excesos de diminutivos suelen minimizar un texto restándole calaidad, pero en tu caso los has usado con habilidad, mimándo el vaso como si fuera un bebé, y por el gran contraste del matecito rosadito y demás “itos” con los hombres tan “machotes” , lo que le da un tono de hilaridad extremo, el chiste se hace más chiste, y más visual las escenas.
    Personalizas el mate dotándolo de “alma metálica en vuelta en cálida suavidad mansa”, "la quietud rosa" la elevas a literatura cómica y humana, pues como dice el amigo Ariel, hay ternura en el Principal de Pantera Rosa.

    Eres un Genio Simón ¡Y de los grandes!

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    1. Hola Tara!! Yo creo que era más por lo que iba a pensar el que llegara de que teníamos un mate de color rosa, que porque el mate fuera rosa. Algo de eso hubo. Y son pequeñas escenas de alegría que se hacen muy necesarias, creo que en la vida de todas las personas y por eso hay que rescatarlas.
      Genio yo? Jajajajajaja, demasiado piropo, amiga!! Genios son otros que andan por ahí. Eso a mí me queda re enorme. Me lo voy a tomar como un error de teclado. Jajajajaja.
      Un abrazo grande

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