El cuadrado del fuego

A veces te quedás solo con el miedo. Estás entre un montón de otros y vos te quedás solo con el miedo como si alrededor tuyo no hubiera nadie y los únicos huevos disponibles dentro del panorama fueran tus huevos, esos que vos sabés que están fruncidos pero que están haciendo falta, que hay que ponerlos, que por eso estás ahí con la adrenalina que te incendia los pelos abajo del casco y los huevos fruncidos que se te fruncen cada vez más como si hiciera frío y no calor.

Mi viejo me hablaba mucho de esa sensación de “entrar al fuego”. Me decía “es tu fuego y el fuego, son dos fuegos, uno contra el otro”. Y después decía siempre lo mismo: “¿Por qué me tuvo que tocar un hijo boludo?”

Cuando yo era más chico y recién empezaba, yo veía a mi viejo. Era como parte del fuego. Era como el fuego. Alguna vez lo sacaron con principio de asfixia porque para mi viejo era el fuego o él. Pavón siempre dice que mi viejo tenía tanto fuego que no respetaba al fuego, lo quería domar, quería que el fuego no se comiera las cosas de la gente y quería apagar fuego con fuego, con su fuego. Y después siempre me dice: “Menos mal que tu jefe soy yo y te tengo cortito”.

Cuando la miseria se incendia tiene un olor especial. Huele a miseria que se prendió fuego por ser tanta miseria que ya iba condenada y huele así, a miseria quemada. Es un olor que yo no sé describir. Hay que olerlo para entender como es ese olor porque las casas de la miseria no tienen el olor de las casas que no son de la miseria. Huelen a mucho todo apelmazado, a mucho colchón sudado, a mucha ropa con grasa, a cuerpo y pelo, a chapa que se calienta, a velas, a carbón. No sé. Es una mezcla de olores a lo que huele cuando se incendia un rancho.

A la Juana se le quemó el rancho el Día del Trabajo, pero eso no lo va a levantar La Capital.
Ella vive del otro medio lado, en el territorio de los Babaya y por ahí, por eso me enojo con Naiara que quiere ayudar lo inayudable, porque acá la repartija de culpas es casi una arrebatiña y yo me enojo con ella y con el mundo de su gente que va y quema otra gente, a pesar de Naiara que está toda negra de hollín con el rímel corrido y todo eso negro que se pinta alrededor de los ojos, corrido, como una viuda fracasada a la que en el velatorio del finado se le aparecieron otras viudas para hacerla cornuda encima de viuda.

Cuando en el barrio pasan estas cosas yo siento que vivo en el infierno, en ese fuego inapagable del infierno y que todos nos quemamos por una cosa o por otra, pero todos nos quemamos en esas llamaradas.

La Juana viene a hacer pan con nosotros. Es una toba flaca que si se pone de costado, ya no la ves más de tan flaquita. Y uno siempre piensa como una mina esquelética y sufrida como la Juana, puede encarar el mundo, hacerle frente. Tiene seis hijos y cría a sus nietos, porque todo se lo tiran a esa voluntariosa espalda de mujer que es un palo vestido que se aferra a la tierra mientras alrededor le pasa el huracán.

Hace un tiempo le mataron un hijo. No se sabe bien por qué, nadie se lo quiso explicar ni a ella ni a mí y eso que yo hice mis movidas para ver qué había pasado, porque se lo prometí a ella que vino con La Macabra a apurarme a mí, que yo iba a averiguar. A lo sumo me dijeron: Corrió cuando dijimos “policía”.

Y le tiraron al chabón, así, de una, corriendo y por la espalda, porque acá es así. Después La Macabra me dijo algo de un lío de transeros y que se la cobraron al Gastón, que así se llamaba el hijo de la Juana. Por qué bien no sé, pero me lo puedo imaginar. Un vueltito que no estaba completo, un kiosquito a espaldas del kiosquero mayor, una moneda que era para otro. La vida por acá no vale nada.

Cuando la Muni creo esta dependencia, fue porque teníamos que atravesar toda la ciudad para llegar y llegábamos religiosamente tarde. Mi viejo tuvo mucho que ver en que se abriera este destacamento que cubre toda una zona dejada de la mano de Dios, como quien dice, porque la ciudad ya es demasiado grande para que lo cubra solamente el cuartel central.

A la Juana no le quedaron ni las chapas del rancho. El fuego le comió hasta lo que la Juana no tenía y yo la miro, esquelética como un palo negro, carbonizado, sobre el que cayó del cielo un rayo y lo quemó pero no lo partió. Lo quemó. Los rayos le caen y la queman, pero ella sigue ahí, quemada y todo.

La Macabra está jodida hasta más que la Juana.

Yo le pregunto si sabe qué pasó y Naiara me mira con su aspecto de viuda y me explica que la Juana dejó una vela prendida en el altarcito que le hizo al Gastón y que se ve que con el viento…
Sus ojos claros miran los últimos escombros.

—No fue mi papá, Santucho… Yo ya sé lo que vos estás pensando, pero lo que te digo me lo batió la La Juana, posta, chabón… Fue la velita. Fue por el altarcito, amigo…

Yo le digo que nosotros vamos a averiguar qué carajo pasó, aunque sea para nosotros mismos, porque estas cosas no le importan a nadie.

—Es fuego contra fuego, Macabra. Es fuego contra fuego.



Comentarios

  1. Qué manera tan genial y original de contar lo que puede sentir un bombero al enfrentarse a su enemigo ¡el fuego! Le va muy bien el tono coloquial que has usado Simón, pues si dijeras “testículos” además de ridículo, minimizaría el miedo, la adrenalina, el momento urgente de enfrentarse al miedo.
    Es sobre todo una crónica denuncia social, tremenda las frases de la miseria quemada, del olor específico de la miseria que solo huele a miseria.
    Y luego están los otros fuegos del barrio, las otras miserias, otros infiernos.
    Y Juana, tan flaca y tan valiente, madre de un hijo muerto porque corrió a la voz de “policía”, y encima se le quema el rancho, está jodida la pobre Juana
    Qué duras son tus crónicas compañeros. Queman.

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  2. Había leído el titulo como "el cuadrilátero del fuego" y pensé ¡qué buen título!, cuadrilátero como alegoría de un espacio donde el apagafuegos y el fuego se peleaban. Releo y el título dice "El cuadrado del fuego"
    ¿Por qué "cuadrado"? por curiosidad me gustaría saber qué quiso decir el autor, o sea, tú o vos, Simón.

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    1. Hola Tara!! No había pensado lo de "cuadrilátero". La idea que se me ocurrió parte de fuego con fuego (apagar fuego con fuego), como fuego elevado al cuadrado, de ahí lo de "el cuadrado del fuego" (fuego al cuadrado) Jajajaja, suena complicado hasta para explicarlo (la típica mía esa de complicar las explicaciones). Pero es por eso, amiga, eso es lo que quise simbolizar con el título.
      Mi deseo al escribir es tratar la realidad como la veo, sin hacer amarillismo o como se dice "cargar las tintas" y ponerme re dramático para conseguir un golpe de efecto. Quiero hacer la cosa lisa, como es, porque si yo también me pongo a exagerar, la realidad ya es exagerada en sí misma cuando pasan algunas cosas, así que sería un montón de exageraciones que por ahí taparían el hecho en sí.
      Prefiero contar liso y que la persona que me lee pueda imaginar lo que cuento a partir de mis palabras.
      Un abrazo grande, amiga!!

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  3. Simón, esto sí que duele, aunque no lo dramatices. El que sabe que significa el barrio, ese territorio que en los mapas tiene límites difusos, en el cual la pobreza marca la frontera, te entiende clarito. Lo mismo que cuando te referís al olor de la miseria, gente que quema a otra gente, transeros, parece un todos contra todos. Es muy complejo, Simón, hay que meter la nariz, o vivir ahí, si uno quiere saber cómo son las cosas. Cuando te leo me pasan muchas imágenes por la cabeza, y los pibes, sobre todo los chicos. Tu literatura sacude y es muy necesaria, tanto como el destacamento, para seguir intentando acallar el fuego como se pueda, aunque parezca que no le importa a nadie. Saludos, amigo.
    Ariel

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    1. A mí me parece que la indiferencia lo ganó todo. Que la indiferencia es como un tsunami que arrasó con todo, porque mi experiencia es que la gente se encoje de hombros hasta frente a las cosas más sobrecogedoras. Cosas que vos decís: hermano, si eso no te moviliza...
      Y no, hay una indiferencia absoluta por todo y en las Redes, todavía más. Todo es una pelotudez enorme que me hace sentir que la gente vive adentro de un pedo o peor, adentro de un libro de autoayuda, totalmente alejado del día a día.
      Eso del "no pasa nada" y "dale que va"...
      Un abrazo grande, Ariel. Disculpame si me fui de tema.

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  4. Excelente retrato de una sociedad tan tambaleante como la nuestra, que parece que se sostiene con piolines y que en el momento menos pensado se cortan. Especialmente en los barrios y zonas humildes.
    Creo que es uno de los textos que más me gustó desde que te leo, y los leo todos aunque te comente solo algunos, porque me suscribí al blog y los recibo por mail.
    Toda mi admiración y apoyo para los bomberos y lo de los huevos fruncidos no te hace menos corajudo.
    Un abrazo, Simón.

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    1. Eso mismo le decía a Ariel, Mirella. Todos miran para otra parte, desde las autoridades para abajo y la cosa crece, se multiplica y no muere, mata.
      Este parece un país que lo permite todo, un país en el que todo es lícito y en el que las provincias no existen. Yo sé más de lo que pasa en Baires que de lo que pasa en mi propia ciudad, si me tengo que guiar por los noticieros y eso que estoy en una ciudad enorme con un millón y medio de habitantes. Qué le puede importar a alguien lo que pasa en un pueblito perdido en La Rioja o en Misiones?
      Yo estoy muy agredecido porque me leés.
      Un abrazo grande.

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