Re-saqueado

—No me gusta verte así, chabón. Estás hecho bolsa.

No la escuché llegar a la Macabra y hasta que no le dio un manotazo a la botella que hizo un ruido bárbaro al caerse no registré que ella estaba conmigo, porque yo tenía los ojos cerrados y no me había sacado ni el uniforme.

Apolonio no dijo ni mu. Por ahí entendió que la Macabra eran refuerzos que le caían del cielo.

—El correntino me dijo que viniste escabiado, que te vio re escabiado cuando se cruzaron ¿Problemas de laburo, Santu? Te pega mal el chupi a vos igual que a mi viejo, amigo. Vos sabés que te pasa eso, amigo, pero no te rescatás.

—La cagué.

—Siempre que te escabiás la cagás, Santucho.

—La cagué mal pero si me preguntás qué me pasó, no te lo puedo explicar porque no sé ni yo, amiga. De verdad que no sé, Maca. La cagué con un tipo del que me hubiera gustado ser amigo y no sé ni qué me pasó ni por qué la tuve que cagar.

—Es porque te escabiás, Santu. Es fija que la cagás. Vos sabés que no tenés que tomar porque te pega mal, amigo. Te ponés dado vuelta y se pudre la momia siempre. Te ponés recatinga amigo, recatinga te ponés.

—Se me movió la mierda de adentro, amiga. No sé, es algo que no sé. Hay cosas que veo a veces, que no tienen nada que ver conmigo pero que hacen que se me mueva la mierda de adentro de acá —me pego en el corazón— y no lo puedo controlar y la cagué con este chabón, mal, amiga, mal.

La Macabra agarra uno de los banquitos y se sienta del otro lado de la mesa y con una mano se levanta el mechón púrpura y me muestra la cicatriz del botellazo que le cruza la cara y le deforma todo un ojo. Tiene ojos de color de agua que se recontrapintarrajea de negro alrededor como un panda de ojos claros desparejos.

—Vos también te escabiás, Maca. Y también te pega mal y bardeás a la gente.

—Pero yo me rescato, amigo. Yo me sé rescatar, amigo. Vos vas barranca abajo. Pisas el fierro a fondo, mal, y terminás en cualquiera. No tenés pedal de freno vos, amigo. Y después andás así y para que se te pase, otra vez te escabiás. Es un círculo, viste Santiago. Más te escabiás para curarte, más te enfermás, te ponés recatinga peor, amigo. El vicio no libera, como dice el padre Coco. El vicio atrapa, encierra, te agarra de rehén.

—¿Tu viejo se arrepintió de darte un botellazo en la cara?

—Mi viejo está perdido. No sabe lo que es arrepentirse de nada. Dale, chabón… sacate el uniforme de  bombero que me da cosa la gorra y andá a darte una ducha a ver si te resfrescás. Yo te hago un café y voy de la Lili a comprar tortas fritas a ver si se te chupan el alcohol que tenés en la panza, amigo. Menos mal que no tenés guardia. Graciadió que no tenés guardia que Pavón te ve así y te suspende.

Se levanta para hacer lo que dice.

Yo la miro. Me levanto. Me le acerco tanto que retrocede como instintivamente y se pone en guardia, también, instintivamente.

Yo le digo: Dame un beso.

La Macabra frunce la boca y da dos pasos para atrás.

—Con ese bando a alcohol, no.

El Apolonio se interpone de frente a mí y la Macabra se va.

Yo me quedo ahí parado, con los brazos y los ojos estirados y el perro marcando el "hasta acá".



Comentarios

  1. Eres genial, Simón. Me recordó a mí la historia. Yo la cago mucho, pero tenía un padre que ya no es pero es eterno. Tenía un padre que me quiso mucho, recuerdo ese último año cuando me miraba. Era eso de decir sin una sola palabra en la boca, porque tuvo un varios hiptus: Este es mi chabón, es mi hijo. Lo hizo bien. Le enseñé bien. Este es mi hijo ...y lo quiero aunque no se lo pueda decir... él lo sabe, sabe cuánto lo quiero. Lo llevo grabado en mis ojos, aunque no se lo pueda decir. Él puede leerlo en mis ojos porque mis ojos lo deletrean mejor que mi propia boca.

    Murió pensando que su hijo era el mejor hijo de la tierra. Y a mí eso me sirve. Me vale más que cualquier regalo en este mundo. Es mi regalo. Lo recibí cuando miré los ojos de mi padre ese año último en que murió.

    Solo se rindió mi padre, Joaquín, al quinto infarto cerebral. Solo se rindió cuando se le cayeron todas las neuronas. Pero se rindió amando a su familia...y a su hijo.


    Eres un gran escritor y mira lo que consigues. Un gran abrazo para ti y para Apolonio.

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    1. Yo creo que mi viejo se rindió cuando entendió que yo estaba listo para bancarme completamente la vida, Vicente.
      Es muy emocionante lo que me compartís, chabón.

      Un abrazo muy fuerte.

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  2. Si esto fuera boxeo, el relator diría que es un capítulo de transición.

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    1. Me salió así por algo que me pasó y salió así, pienso que porque es en alguna medida parte de las vivencias del protagonista y como anda a los bandazos entre su naturaleza y sus mambos.

      La historia no se diga que está re ordenada. Más bien está como el protagonista y cuando me ponga a ordenarla voy a tener que ver donde meto esta parte o si la dejo o si la saco aunque te digo Fernando que me re encariño con las cosas y después no me da el cuero para mandarlas a la papelera.
      Un abrazo fuerte y gracias de nuevo por venir.

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  3. Hola Simón!
    Está bien que uno se encariñe con lo que escribe. Lo que a veces puede ocurrir -sin que nos demos cuenta- es que nos encaprichamos, que no lo es mismo.
    A mí me pasa que, con el tiempo, puedo darme cuenta de lo que me dijeron tiempo atrás.
    Pero cada uno es como es y anda siempre con lo puesto, dice Serrat.
    ¡Salud!

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    1. No, Fernando, encapricharme no porque si sobra sobra y como vos decís, si uno es sincero con lo que quiere conseguir, más tarde o más temprano te das cuenta de que lo que te dijeron es cierto. Yo soy así. Rectifico, nunca me emperro. A veces me apasiono, pero no me emperro y sé volver sobre mis pasos.
      Un fuerte abrazo!!

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  4. ¡Qué bueno! Mejor saber reconocer errores. O eso creo.
    ¡Salud!

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