Naranja amarga

Estuve un buen rato revisando la pilcha como si de verdad tuviera mucha y para darme cuenta de que es tan poca que casi no se puede combinar sin salir siempre con lo mismo.

Yo no sé por qué apostarle a las camisas me hace acordar de tu nombre y cuando miro una y miro otra a ver cuál puede ser que te guste a vos, tu nombre, Naiara, se me deshace en la boca como un caramelo toffee. Se me impregna en el gusto. Me avasalla la lengua. No puedo ni decirlo y mientras lo pienso, pienso también qué camisa puede gustarle a una mujer que se llama Naiara. Qué camisa en un tipo que se llama Santiago, le puede gustar a una mujer que se llama Naiara, como un nombre todavía más difícil que una mujer.

Pienso que no escribo. Pienso, solamente, porque el Chinito está faseando en la puerta. Lo mando afuera a fumar y él obedece. Pone cara de Apolonio y obedece, así que Apolonio y él se quedan en el patio mirando las estrellas mientras yo elijo la camisa que te puede gustar.

Todos saben que cuando te copeteás te ponés brava y empezás a cantarle la justa a todo el mundo y a más de uno le cagás la noche.

Me pongo perfume.

Ya me puse desodorante pero además me pongo perfume como decía mi viejo que había que ponerse porque eso te da más hándicap. Mi vieja lo dejó por mujeriego pero a solas conmigo siempre dijo: “Tu viejo es un buen hombre. Tu viejo es un hombre extraordinario”.

Esas cosas que tienen las mujeres habrá sido. Vaya uno a saber. Yo me pongo perfume porque me gusta a mí y porque un día dijiste que te gustaba ese olor. No sé de qué hablábamos, pero vos dijiste que te gustaba este perfume que tenía puesto no sé quién y que yo me compré para gustarte.

El Damedós y el Chicho siempre le dicen al Chinito que yo soy un complicado, que pienso en complicado, que soy de ideología complicada y que esa complicación que tengo en las ideas me hace ser un tipo que quiere cambiar las cosas, hasta las que están bien, porque a mí se me pone que pueden estar mejor.

Tenemos que tener un día normal porque precisamos fondos en la Coope, así que no te podés copetear y bardear al mundo entero, Naiara. Hoy no podés, porque precisamos fondos y los precisamos por los chicos.

El Chinito me llama suavemente y yo lo miro por la ventana hacer dibujitos de humo hacia la luna mientras fasea tranquilo. Me dice que soy peor que una mina, que no termino nunca.

—Dale, Santucho… Si no te apurás un poco, te la vas a tener que bancar vos a la Macabra, porque cuando se copetea, ya sabés… no se rescata. 

Naiara.

Tu nombre en realidad es uno de esos caramelos ácidos que te ponen tirante la raíz de la lengua.

Salgo a la luna.

Cuando llegamos a la Coope con el Chino, vos estás ya en el centro. Estás bailando, pero sola. Estás bailando sola y tu cabello parece una bandera mojada.




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