Lunar

Erótica lunar

Yo quería escribirte un poema que un día alunará
tu figura de piel en las paredes
con la forma de un gato sideral
luna penumbra,
un goterón de luz entre lo más oscuro
como un golpe,
raya de luna blanca en el creciente
invadiendo tus labios y oliendo a noche iluminada.
Luz de luna cortándote la sombra y tu meneo
como un chasco de agua que te empapa
toda la noche que cabe entre tus ojos.

Fugada hija de la luna y luna de mi cama
yo me voy apagando en tu marea,
regencia de agua blanca que derriba al sol


encima de tu piel.

La cara del Chinito lo dijo todo y estuvo un rato con esa cara extraña, como de no saber qué decir ni nada, así, mirando.

Después apuró su jarrita de birra, como si el pastor de su templo le estuviera reclamando algún pecado que él tenía guardado debajo de pilas de piedras o le estuviera pidiendo que por qué no le dejaba el diezmo que correspondía en vez de medio diezmo.

Me preguntó si el poema era mío y le dije que no, que lo había copiado porque me había gustado. Yo supe que así fijo como me miraba, no se creía mis explicaciones o si se las creía, le llamaba la atención que yo copiara poemas porque en su mundo, un tipo como yo es incapaz de copiar poemas. O capaz que sí, que su cara decía que un tipo como yo sí era capaz de copiar poemas a mano en un cuaderno, porque un tipo como yo evitaba la pelea, eso de cagarse a piñas a la menor como es la ley del barrio, intentando jugarse el rol de alfa donde no hay ningún alfa.

Ellos decían siempre que mi apellido iba con mi actitud. Santucho tiene ese fondo despectivo que se aproxima a lo mínimo. Uno no es un “santo” sino un “santucho”, algo de las categorías inferiores, porque yo no me agarraba a las piñas con nadie. Reculaba, decían ellos. Me iba al maso.

En la Escuelita de Artes Marciales de la Coope, yo trataba de enseñarles eso a los pibes. Ese asunto de ser un arma que camina. Un buen guerrero evita la confrontación, decía el coreano que me había entrenado a mí. A veces, hasta pasa por cobarde. Eso me enseñaron, eso enseño. Evitar usar el arma a menos que no haya otra opción que usar el arma. Pero mucha gente no entiende nada de eso. Usa el arma porque el arma es respeto y es poder y todos los demás dicen: Ojo con fulano…

Yo llegué después de la Macabra.

Ella ya daba clases a las pendejas cuando yo llegué. A las pendejas y a los chiquitos. Tenía otro objetivo su docencia. Quería que las nenas se supieran defender “de todo”. Me lo dijo así, con el mechón púrpura corrido a un costado de la cicatriz del botellazo, como si fueran dos caminos rojos. “De todo, Santucho, de todo”.

Ella es cinturón negro y yo soy cuarto dan, así que como el asunto es así, entre nosotros existe una cuestión de jerarquía. Pero yo la escucho, escucho ese “de todo” tan fulminante con el que me explicó por qué les enseñaba a usar el arma en toda ocasión. Todos sabemos lo que pasa detrás de las puertas, así que no me pareció mal que la Macabra hiciera su parte como le parecía que la podía hacer. Yo hago la mía también como me parece a mí.

El Chinito sigue tildado con el asunto de poema. Se quedó ahí. Al final me pregunta de quién es la poesía esa.

Yo miro su jarra de birra y le contesto si piensa comprar un libro del autor.

El dice: No te cuesta nada decirme acá, en confianza, entre nosotros, que el versito es tuyo.


Comentarios

  1. Hola Simón!
    Me gusta el modo de ir filtrando información, hace que la lectura sea ágil, a la vez que deja espacios a la imaginación del lector, que vaya generando teorías acerca de los personajes, y después se irán corroborando o no, como en los juegos de preguntas y respuestas, o algo así.

    Quería hacer un par de observaciones menores: en el poema, hay un verso que dice:
    como un chasco de agua que te empapa

    Creo yo que debería ser charco.

    Y luego, cuando habla de las peleas constantes, dice:
    "eso de cagarse a piñas a la menor como es la ley del barrio,"

    A mí me parece que después de menor iría provocación: a la menor provocación, porque de lo contrario queda como incompleta la frase.

    ¡Salud!

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    1. Hola Fernando! Qué gusto verte otra vez por acá. Muchas gracias por eso.

      Lo del charco lo pensé varias veces porque si te digo la justa, chasco fue un tipeo y cuando lo iba a corregir se me vino una imagen, esa de cuando pisás algo que parece firme y de repente te salta agua y te empapa las zapatillas y las botamangas. Cuando leí chasco se me apareció esa idea y me terminó gustando la sensación, por eso lo dejé. Ya te digo, la intención era poner charco que es la que va de verdad, como decís vos.

      "A la menor" es jerga, como muchas palabras con las que habla el personaje. Da para muchas cosas la expresión, como muchas expresiones que depende como uno las use quieren decir una cosa u otra.

      Pero la observación que me hacés me hace pensar a mí que en una de esas le estoy metiendo demasiado código, aunque el tipo hable así y que por ahí se me superpone el personaje en sí al narrador que no es tan personaje cuando narra.

      Ya veo que si algún día la termino, la van a poder leer solamente los argentinos si no le pongo un glosario adosado. Jajaja.

      Otra vez te doy las gracias por venir a leer.

      Saludos

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    2. Simón,
      El placer es mío. Me gusta mucho esta historia. Aunque debo reconocer que la voy leyendo de forma desmembrada.
      Entiendo perfectamente lo que decís de chasco y de a la menor, así que nada, saldadas mis dudas. Dale para adelante, entonces.
      (A veces me agarra el ataque de "maestro ciruela" y corrijo todo lo que leo, sin darle oportunidad a repensar cómo queda así como está)
      ¡Salud!

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    3. Más bien la estoy escribiendo toda desmembrada. Literalmente "a los ponchazos".

      Es genial que me digas las cosas que vas viendo como lector. Nunca nadie me dijo nada o si me dijeron, ya sabés, les das las cosas a leer a los amigos y para ellos todo está bárbaro y tiene uno que ser su propio crítico y su propio corrector si quiere que algo salga medianamente decente.

      Yo no quiero escribir mal. Quiero escribir bien. Prefiero que me corrijan todo el texto con fibrón rojo a que me dejen pasar todo.

      Por esto que te digo te estoy tan agradecido. Igual yo corrijo mucho, pero ya sabés como es, uno se encariña con lo que escribe y se pone blandito.

      Otra vez te agradezco un montón, la verdad.

      Un abrazo

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  2. Bueno, me alegra que te venga bien la lectura que hago. Siempre trato de hacer eso, desde que leí "Escribir la lectura", de Roland Barthes.
    Es cierto que en este medio la mayoría de las personas solamente permite halagos, por eso a veces uno se contiene.
    Me animé a comentar esta historia porque me parece que tiene mucha fuerza, está escrita con criterio, y la forma ayuda al contenido. Así que bueno, es un gusto para mi comentar.
    ¡Salud!

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    1. Hola de nuevo, Fernando. Yo te agradezco lo que me decís sobre la historia. Trato de hacer lo mejor posible dentro de mis posibilidades y por eso te agradezco tanto que me cuentes lo que ves mal, o raro o fuera de foco.
      La gente que solamente permite halagos me parece que no entiende que una crítica sana y seria ayuda mucho más que un aplauso. A mí, por lomenos, me ayuda mucho más porque me obliga a centrarme más y a buscar la mejor forma de decir las cosas y eso es un trabajo a conciencia para adelantar un pasito más todos los días en conseguir un nivel mejor, incluso de pensamiento.
      Te dejo un abrazo con toda mi gratitud y espero que empieces muy bien tu semana.

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  3. Haces del relato algo coloquial, algo cotidiano y le imprimes ese toque de genialidad que hace que uno se ría y disfrute. Me encantó el relato y demuestra que eres un gran tipo, que no un tipo grande...o también. Concluyendo...¿esos versitos eran tuyos o no?
    Un saludazo... Santucho.

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  4. Hola de nuevo, Vicente. De la genialidad estoy bastante lejos, apenas ordeno ideas o trato de que parezcan ordenadas. Jajajaja. La verdad es que puestas así hasta yo las veo mejor que todos los garabatos del cuaderno donde las tenía antes.
    Un poco me cuesta creer que guste y otro poco me lo quiero creer a toda costa aunque yo sé que me falta mucho y que esa es mi meta, poder escribir bien y darme el gusto de poder escribir bien por mí y para mí. No tengo grandes pretensiones. Solamente darme ese gusto.
    Y no soy un gran tipo, para nada. Soy un tipo común que labura y vive como todo el mundo , uno más del montón de tipos que hacen eso para comer y vestirse. Por eso cuento las anécdotas del barrio.
    Los versos los copió el personaje, como le dice a su amigo.
    Saludos y mil gracias por la buena onda.

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