Juegue callado


El Chino ya me tenía las bolas llenas con que quería un lugarcito para montar el taller de bicis en la Coope y armarse un grupito de guachines a los que les cabiera el oficio y si no les cabía, para arreglarse las suyas y no tener que pagarle al Rocoto, un peruano picante que monopolizaba la chapa y pintura de cuanta bici entraba al barrio rubia y salía morocha, porque era un chorro mal, según el Chino y se aprovechaba del apuro de los pendejos por lukear el material caliente.

El Chino tiene buena fe pero empezaba con lo del taller de bicis y terminaba momiando en cualquiera porque está peleado con las tres cuartas partes del barrio y de todos tiene cosas que decir que encima tiene la costumbre de venir a decirme a mí como si yo fuera el pastor del templo cristiano Redil del Reino (a donde va él los sábados a la tarde) o el Padre Coco, que es otro que también venía siempre a buscar apoyo logístico porque los transeros le hacían la vida literalmente un calvario.

Yo al Chino lo veía venir y ya se me volaba la peluca, porque el chabón tenía un sentido de la oportunidad único, así que siempre me agarraba en los tres minutos en que yo estaba al pedo. Para mí, me espiaba por el tapial de la Loli y cuando veía que yo me tomaba el descansito y me iba a la cocina a poner la pava, se mandaba. De paso se ligaba los mates y no tenía que gastar yerba él ya que la Coope proveía.

La única vez que estuvo piola fue un día en que me encontró apretando con la Macabra contra la pared recién revocada del sanitario. Ahí pegó media vuelta y cuando yo miré para el patio porque escuché el ruido del portón de chapa, solamente le vi el humo de los pasitos que se iban. Lo reconocí por las botamangas del pantalón agarradas con el broche de la ropa, para que no se le ensucien con la grasa de la cadena de la bici.

La Macabra se me había aparecido así, de pronto, bien vampiro de película y como uno siempre está en guardia, tipo el Padre Coco, casi me caigo a la mierda de la escalera con el cagaso porque encima yo estaba en el último escalón, como un equilibrista, tratando de encajar bien los caños de la luz en la canaleta mezquina que había abierto el correntino Leiva y renegando a las puteadas contra el correntino y su interminable ristra de parientes que ligaban solamente por ser de la familia aunque no tuvieran nada que ver con el canaleteado miserable.

La otra, de allá abajo, me salió con una pregunta de esas que son muy boludas y así nomás como si no viera qué pasaba me largó eso de ¿Estás ocupado? Ciega no es, así que se veía que yo estaba allá cagándome en el correntino, en la canaleta, en los caños y en mis ganas de hacerme mala sangre un sábado a la tarde en que el calor volvía el chapón del techo un horno pizzero y me chorreaba el sudor como si en vez de los caños de luz estuviera tratando de arreglar una pérdida de agua que me llovía encima.

Cuando el Chino le contó a los demás que me había agarrado apretando a la Macabra no le creyó nadie y yo me hice el sota y puse cara de “aguantá” cuando Pakito me vino con el chisme de lo que andaba diciendo el Chino en el mini (market) donde se juntaban los pibes de la cortada.

¿Qué se habrá fumado que ve cualquiera? dije solamente y Pakito me aseguró que lo mismo que dije yo habían dicho todos, porque todos saben que a vos la que te tira onda es la Katita, me explicó además.

A la Katita le decimos la Katita porque habla a los gritos como un lorito de esos de los chiquitos de monte que son solamente verdigrises y porque cuando empieza a hablar no hay forma de pararla. Se da cuerda sola la minita igual que los loritos cuando los agarra el sol del mediodía y gritan tanto que les terminás tirando un botellazo.

La Katita era del grupito que le hacía medio el vacío a la Macabra en la escuela, siempre me pareció a mí que más por terror territorial que otra cosa porque la Macabra nació cacica y es cacica.
Por eso no me agrandé con el tema de lo que el Chino les había batido a los pibes. El que se transara a la Macabra ya pasaba a jugar en otra liga.

Podría haberme agrandado y ganado puntos, pero me hice como que el Chino estaba fumado y veía cosas.


Lo hice por ella, por la Macabra.


Glosario:

Guachines: chicos jóvenes.

Chorro mal: ladrón que además de ladrón es malicioso.

Lukear material caliente: cambiar el aspecto de lo robado.

Momiar en cualquiera: hablar tonterías en base a suposiciones absurdas.

Transero: el que vende droga.

Volar la peluca: alterar el ánimo.

Chabón: tipo, persona.

Estar piola: ser oportuno, ser lúcido, no estar desubicado.

Boludo/a: tonto, zonzo (tiene otras acepciones pero dependen del contexto).

Apretando: tiene connotación de juego sexual en este contexto, ligando.

Hacerse el sota: hacerse el desentendido.

Ver cualquiera: alucinar.

Minita: mujer joven.

Cacica: femenino de cacique.

Transar: en este contexto, ligar.






Comentarios

  1. Leí un par de artículos y veo que empieza a haber como una onda, una serie, una cierta hegemonía en contar vivencias de un lugar y de unos personajes.

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    Respuestas
    1. Es algo que estoy escribiendo, tipo novela, a ver qué onda. Cosas que van pasando o que pasaron y que tenía todas sueltas, aunque acá también están todas sueltas, jajajaja.
      Muchas gracias por haber venido a leerme, Fernando.

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