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Mostrando entradas de 2017

Aniversario

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Nai me dijo que no fuera solo, que ella me quería acompañar. Yo le dije que no, que son cosas que hago solo porque las necesito hacer solo.
Nai insistió. Dijo muchas veces “dejame ir con vos, Santu”, porque ella, nadie mejor que ella ni nadie más que ella, me ha visto llorar lo que he sido capaz de llorar por mi viejo.
Le dije que no.
Ella se retrajo, dijo “bueno” y yo dije: “para mí es importante hacerlo solo, Nai…No te enojes”.
Ella me acarició.
—¿Cómo me voy a enojar, Santu? —se asombró— Hay dolores que se cargan de a uno… no se delegan ¿Cómo me voy a enojar, boludo? ¿Por quién me tomás?
Pensé que hacía referencia a la Katita pero me lo saqué al toque de la cabeza, porque Naiara sabe que nada que ver, que nadie más que ella sabe cómo abrirme el corazón con esa llave verde de sus ojos.
Mientras caminaba por el pasillo del cementerio hacia la tumba, vi a un tipo parado delante, que se arrancaba las lágrimas con una de las manos y con la otra sostenía un ramito que no depositaba en …

Inteligencia sin claridad.

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La Macabra estuvo un rato haciéndose la boluda, seguramente porque el Chinito se la apalabró por el camino y le batió cualquiera por mi estado de ánimo.
Ella venía con sus bardos propios y estaba como yo, a medio hundir, escorada mal por sus asuntos, porque Nai siempre tiene sus asuntos y solamente si se le queman todos los papeles, se refugia en mi casa, como un pájaro. Yo siempre pienso que Nai se refugia en mi casa como un pájaro al que mutila una tormenta.
Yo estaba ya marcando con los chicos, cuando ella llegó a la clase de taekwon-do. No la miré, porque cuando uno está marcando, está marcando y nada más, pero sentí que su cuerpo entraba en nuestro aire, igual que una paloma entra en esas construcciones antiguas de la ciudad, como la Sala Lavardén o el Museo de Ciencias Naturales, o la iglesia del barrio de mi vieja, donde mi tía es catequista, o en la facu donde yo estudio Letras.
Cuando le dije a mi vieja, después de que me voló los pelos con que no ejercía de psicólogo, que …

Agitando un pañuelo es estar agitando un pañuelo.

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Las cosas no cambian. No hay intenciones de que cambien las cosas para bien. Siempre es más fácil mantenerlas igual, evitar los riesgos que implica el compromiso, seguir el río abajo porque no se precisa oponer resistencia al arrastre y solamente, dejarse bogar, entre cosas que no cambian.
Yo voy dejando cosas atrás aunque el arrastre y bogar no saquen ampollas y las dejo porque como decía un profesor mío de la facu, el que sabe trabaja y el que no sabe, “enseña” y enseña ocupando los lugares de los que realmente saben lo suficiente como para hacerlo, pero que, porque saben, están trabajando en vez de enseñar y, eligen -como elijo- dejar cosas atrás.

Enseñar algo, cuando se sabe algo de verdad, es una vocación. Transmitir los conocimientos es una vocación. Saber, inclusive, es una vocación, porque saber o dominar algo, es un hecho implícito a haberlo estudiado a fondo, conocido a fondo y haber desentrañado sus palabras difíciles, hasta saber que es una vocación.
Es evitar servirse de…

Pasajes raros

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El Chinito vino temprano, cuando yo todavía estaba durmiendo porque la guardia me dejó out.
Su casa y la mía lindan por el fondo, porque el barrio se construyó así: casas que lindan por los fondos, tapial mediante, dentro de un mismo lote, a dos casitas por lote, con salidas por distintas calles.
El barrio no se construyó con esas manzanas regulares del resto de la ciudad o como son en el centro. Son como más apretadas, en lotes y en calles. Las manzanas del barrio no son manzanas. Son chiquitas y a lo largo, no cuadradas, sino en franjas.
Igual los viejos del Chino y mis viejos pagaron las casitas que eran de tres dormitorios, por la cantidad de hijos. En aquel momento todavía estaba viva mi hermana.
Creo que ayer en la Coope, el Chinito medio que se dio cuenta de que yo ando raro. Me preguntó, pero yo no le supe explicar qué me pasa. Dije “nada, por?” como haciéndome el desentendido y el Chinito se me quedó mirando, raro él también, porque sabe siempre cuando yo le birlo la posta …

Lo kafkiano de lo que no está.

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A veces uno está ahí y se sale de la vaina por contar la verdad pero alguien te dice que la verdad no existe, que los trolls manejan la verdad en las redes y que la red es la realidad y por lo tanto, no es virtual. Cada uno la pinta como le manda el jefe.
La verdad es del que la ve, más allá de cómo la interprete al final, pero no hay un testigo más locuaz que el ocular que agarrás in situ, cuando acaba de pasar la cosa y toda está fresco y uno sabe perfectamente lo que vio y el cerebro no te lo acomoda para que duela menos. Uno sabe perfectamente lo que vio si estaba mirando o sabe perfectamente lo que escuchó (aunque el oído por ahí es un sentido que te dibuja la realidad porque capta demasiados ruidos al mismo tiempo y entonces hace como una especie de dibujo sonoro de algo que no ve).
Cuando Pavón me manda a preguntar a los vecinos, yo voy y pregunto al toque.
En general los bomberos no preguntamos nada. Estamos demasiado ocupados en solucionar lo que pasa para distraer personal…

Bajo fondo

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Aunque siempre quiera hacerme ver la cosa de otra manera, no sé si porque le conviene a él o porque le agarra culpa de haber pergeñado conmigo el rollo en que estamos involucrados a espaldas de mi viejo muerto, sé que en el tablero de ajedrez de Muñoz no hago de alfil ni de torre sino de peón, la única pieza con capacidad de coronar. Algo le tenían que dar de premio al pobre peón, ya que también es la primera pieza que cae en la volteada, como la infantería. Coronar es un albur y albur es una palabra que aprendí de un tango, cuando era muy chico y se lo escuché cantar al propio Muñoz en una de esas guitarreadas que organizaba mi viejo. Así de vueltas da la vida.
A veces, a este Muñoz que tengo delante se le escapa esa culpa y dice: “el finadito me lo hubiera entendido, porque tenía unos huevos ¡unos huevos!¡Tu viejo tenía unos huevos!
Yo solamente lo miro y él entra en ese trance melancólico, casi lloroso. Yo creo que Muñoz, a su manera, estaba un poco enamorado de mi viejo porque a …

Metafísica propia

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—Siempre fuiste un chico tan difícil, Santiago.. ¡Tan difícil! Yo no sé qué hice mal para que salieras así. Siempre me pregunto ¿qué hice mal con este chico?¿en qué me equivoqué con este chico para que salga así?
Aunque sé perfectamente lo que mi vieja quiere decir con ese “salga así”, ya no le doy importancia a sus quejas.
Ella hubiera preferido que me quedara a vivir en el centro. Tanto mi tía como ella hubieran preferido que me quedara en el centro, que fuera un chetito del centro que no se moja la sombra en ningún margen, que tiene amigos chetos como él, todos muy educados y con carreras universitarias que les proponen un buen pasar económico. Tipos que no saben del hambre, que no tuvieron frío, que miran a la sociedad desde un costado aunque hayan ido a colegios católicos caros y pagos donde “se supone” que la piedad cristiana es una materia del programa.
Yo fui “a la pública” porque me empaqué y mi vieja estaba floja de riendas para controlarme y le tiró con el fardo a mi viej…

Alfajor santafesino

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Cuando me reincorporé al trabajo después de la hepatitis, abandoné el blog. Lo dejé ahí, como si hubiera sido una excusa para cautivar mi aburrimiento y que se distrajera contando las historias de mi alrededor; esas historias en que yo no estaba confinado y podían darme un plus libertario. Andar por ahí, rememorando, volviendo a vivir lo que la hepatitis no me dejaba cambiar por vivencias nuevas, a menos que me pusiera a hablar de cómo se saca jugosa una pechuga de pollo hecha a la plancha.
En el interín desde que Naiara me dijo que me hiciera el blog  en vez de seguir, yo también, el camino de cuadernitos que mojonaron la vida poética de mi viejo —así te lee la gente— , hasta que me diagnosticaron la hepatitis en el día del Campeonato Nacional de taekwon-do (a propósito pareció, aunque yo ya venía piloteando el malestar desde más de una larga semana haciendo como que no me sentía cada vez peor), escribí varias cosas, conocí algunas personas y traté de entender el funcionamiento del …

Cristales de sal

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Cuando Muñoz me llamó por teléfono yo acababa de abrir un paquete de sal gruesa y me había puesto un puñadito en la palma de la mano para salar el arroz.
Uno hace muchas cosas mecánicamente. No se fija. No tiene en cuenta los detalles pequeños, como la forma de la sal gruesa en el medio de la palma. No se detiene en esos materiales de la vida que constituyen lo diario de una construcción monumental en la que todo coexiste sin que necesite de nuestra mirada.
¿Por qué uno debería detenerse en esos fragmentos de estructura vívida que pueden ser los cristales de sal en la mano que quiere salar el arroz o el movimiento de las hojas del malvón, cuando les cae una gota de lluvia? ¿Por qué uno tendría que detenerse en el gorrión que disimuladamente espera las miguitas del pan que se desmiguen del sándwich o en el sonido que hace una hilacha de viento atravesando la hendija que deja la puerta de mala calidad contra el marco que la contiene?
No sé si las otras personas se entretienen en ese ti…

Feroz muchacho de viento

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La verdad es que yo tardé mucho en explorar los cuadernos de mi viejo. Me parecían reliquias sagradas que me costaba tocar y como cada vez que los tocaba me ponía a llorar, lo evité y lo evité y lo evité.
Cuando mi viejo estaba vivo era otra cuestión. Mateábamos juntos, antes de que me fuera a la guardia nocturna que a él tanto lo jodía que yo tomara. No quería que trabajara de noche porque decía que de noche todo es peor y usaba una expresión que me quedó grabada: “de noche, la oscuridad medra” decía, como explicación a su empecinamiento en que yo no hiciera esas guardias. Hasta se chamuyó a Pavón para que no me las diera porque sabía que era yo el que las pedía. “No sé qué carajo quiere demostrar el pendejo este”, me dijo Pavón que le dijo mi viejo, la vez que hablaron sobre mí.
Mientras mi viejo estuvo al frente del Destacamento, era otro cantar. Me mandaba él a las guardias nocturnas que él también hacía (aunque si tengo que decir la verdad, mi viejo vivía adentro del cuartel) p…