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Donde no llega la mirada

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Siempre hay alguien para visitar en las granjas.
Nai viene conmigo y con el padre Coco. También viene Braian. Aparecemos los cuatro, como los únicos cuatro enanitos que le quedaron a Blancanieves.
La Macabra se encarga siempre de las mujeres. Ella es como una kunoichi para el femenino de ese mundo y también es la que pelea por las todas que nunca están incluídas en el discurso de los todos. Los todos, como dice Naiara, son solamente masculinos.
La presidenta dice todos y todas para quedar bien, agrega Nai, cuando se refiere a las cadenas nacionales de la presidenta de los todos (de las todas no) de los argentinos. Y siempre dice Nai: Andá a preguntarle a Susana Verón*, la mamá de Marita, en dónde están las “todas” del discurso.

Susana, la nuestra, mató a José.
La bautizaron Susana —que es un nombre de la época de mi vieja y que ya no se usa ni en el barrio ni en ninguna parte— porque su abuela se llamaba así. Su abuela, la Susana, la que le cría a la beba porque ya no la puede tene…

¿Dónde queda Lituania?

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—El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen —dijo el Correntino Leiva y miró para afuera del salón de la Coope con un reojo feo de esos que en vez de reojos parecen escupidas.
Los chabones que estaban con nosotros tratando de armar el Día del Niño, le siguieron la mirada al Correntino como un montón de perros y terminaron allá, en la puerta, donde se había parado él, El Lituano.
De los grupos de la Coope se había ido ya hacía un tiempo que se empezó a hacer largo, no tanto porque el Lituano no volviera, sino por él mismo, por las cosas en las que andaba haciéndose ver como de otro palo, uno que le daba más plata y más chapa que el trabajo social. Un “trabajo posta”, como le supo decir a Pakito alguna vez en que Pakito le recriminó la onda que curtía. Después, el mismo Pakito nos vino a contar: “Nico, el Lituano, se cruzó de vereda”.
—¿Y ahora qué quiere este?.. Che, Lituano, acá no hay nada para vos. No vendemos falopa, no les pegamos a los viejos, no afanamos a los cha…

Sabonim

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La conversación empezó con algo como “ah... pero sos un pelotudo importante”. Viene a ser una expresión propia de mi maestro, quien enseguida agregó “Pero mirá que te lo dije, pendejo y la puta que te parió (en su idioma no hace huelga ninguna palabra). Te lo dije, te lo avisé, te lo expliqué y… ¿qué va y hace el señorito?.. Justo lo que no tiene que hacer. Como si nunca lo hubiéramos conversado. Como si nunca te lo hubiera explicado. Me cago en Satán."
Yo, mudo.
—A ver… la puta que te parió, enseñame el quilombo, querés.
Yo le extendí la notebook y el tipo frunció bien la jeta mientras mascullaba: Serás… la concha de tu madre, mirá que te lo dije… serás pelotudo…
Bastante me sentía yo como él decía.
—Ya sé que la experiencia de otro es solamente una anécdota, pero, pichón… te lo expliqué clarito. No te metas en más quilombos porque de uno te saco, de dos no.
Después dijo lo de que yo era peleador pero demasiado sensible y que no tenía cuero, todavía, para salir del barro sin te…

Moviola

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Dos guardias infernales y después ni en los sueños hay calma. Quedás anclado en tu zona de violencia. Si fuera Gildardo López Reyes, un amigo mexicano que escribe reflexiones sobre la vida diaria, diría que te quedás de frente con tu monstruo.
¿Cómo bajás del tren? Te tenés que tirar y te hacés mierda o decidís dormir hasta que el tren termine el recorrido y se aplaque el chirrido en tu cabeza, pero el tren va tan rápido que te sacude para todos lados en la vía podrida de tu vida y ese acelere inútil te tiene así, hasta que en un paso a nivel sin barreras, como todos los tuyos, te la das con un bondi o se la das a un bondi y lo dejás volcado sobre un costado de la realidad.
Capaz que pasó eso, porque yo soy un tren que en la ciudad va a paso de hombre y cuando cruzo los pasos sin barrera vengo con la bocina a full cien metros antes porque de verdad sé el poder del hierro de mi locomotora. El que se cruza, fue.
Algo mío se sale de control y lo abarajo como uno de esos chascos a resort…

Aniversario

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Nai me dijo que no fuera solo, que ella me quería acompañar. Yo le dije que no, que son cosas que hago solo porque las necesito hacer solo.
Nai insistió. Dijo muchas veces “dejame ir con vos, Santu”, porque ella, nadie mejor que ella ni nadie más que ella, me ha visto llorar lo que he sido capaz de llorar por mi viejo.
Le dije que no.
Ella se retrajo, dijo “bueno” y yo dije: “para mí es importante hacerlo solo, Nai…No te enojes”.
Ella me acarició.
—¿Cómo me voy a enojar, Santu? —se asombró— Hay dolores que se cargan de a uno… no se delegan ¿Cómo me voy a enojar, boludo? ¿Por quién me tomás?
Pensé que hacía referencia a la Katita pero me lo saqué al toque de la cabeza, porque Naiara sabe que nada que ver, que nadie más que ella sabe cómo abrirme el corazón con esa llave verde de sus ojos.
Mientras caminaba por el pasillo del cementerio hacia la tumba, vi a un tipo parado delante, que se arrancaba las lágrimas con una de las manos y con la otra sostenía un ramito que no depositaba en …

Inteligencia sin claridad.

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La Macabra estuvo un rato haciéndose la boluda, seguramente porque el Chinito se la apalabró por el camino y le batió cualquiera por mi estado de ánimo.
Ella venía con sus bardos propios y estaba como yo, a medio hundir, escorada mal por sus asuntos, porque Nai siempre tiene sus asuntos y solamente si se le queman todos los papeles, se refugia en mi casa, como un pájaro. Yo siempre pienso que Nai se refugia en mi casa como un pájaro al que mutila una tormenta.
Yo estaba ya marcando con los chicos, cuando ella llegó a la clase de taekwon-do. No la miré, porque cuando uno está marcando, está marcando y nada más, pero sentí que su cuerpo entraba en nuestro aire, igual que una paloma entra en esas construcciones antiguas de la ciudad, como la Sala Lavardén o el Museo de Ciencias Naturales, o la iglesia del barrio de mi vieja, donde mi tía es catequista, o en la facu donde yo estudio Letras.
Cuando le dije a mi vieja, después de que me voló los pelos con que no ejercía de psicólogo, que …

Agitando un pañuelo es estar agitando un pañuelo.

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Las cosas no cambian. No hay intenciones de que cambien las cosas para bien. Siempre es más fácil mantenerlas igual, evitar los riesgos que implica el compromiso, seguir el río abajo porque no se precisa oponer resistencia al arrastre y solamente, dejarse bogar, entre cosas que no cambian.
Yo voy dejando cosas atrás aunque el arrastre y bogar no saquen ampollas y las dejo porque como decía un profesor mío de la facu, el que sabe trabaja y el que no sabe, “enseña” y enseña ocupando los lugares de los que realmente saben lo suficiente como para hacerlo, pero que, porque saben, están trabajando en vez de enseñar y, eligen -como elijo- dejar cosas atrás.

Enseñar algo, cuando se sabe algo de verdad, es una vocación. Transmitir los conocimientos es una vocación. Saber, inclusive, es una vocación, porque saber o dominar algo, es un hecho implícito a haberlo estudiado a fondo, conocido a fondo y haber desentrañado sus palabras difíciles, hasta saber que es una vocación.
Es evitar servirse de…

Pasajes raros

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El Chinito vino temprano, cuando yo todavía estaba durmiendo porque la guardia me dejó out.
Su casa y la mía lindan por el fondo, porque el barrio se construyó así: casas que lindan por los fondos, tapial mediante, dentro de un mismo lote, a dos casitas por lote, con salidas por distintas calles.
El barrio no se construyó con esas manzanas regulares del resto de la ciudad o como son en el centro. Son como más apretadas, en lotes y en calles. Las manzanas del barrio no son manzanas. Son chiquitas y a lo largo, no cuadradas, sino en franjas.
Igual los viejos del Chino y mis viejos pagaron las casitas que eran de tres dormitorios, por la cantidad de hijos. En aquel momento todavía estaba viva mi hermana.
Creo que ayer en la Coope, el Chinito medio que se dio cuenta de que yo ando raro. Me preguntó, pero yo no le supe explicar qué me pasa. Dije “nada, por?” como haciéndome el desentendido y el Chinito se me quedó mirando, raro él también, porque sabe siempre cuando yo le birlo la posta …

Lo kafkiano de lo que no está.

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A veces uno está ahí y se sale de la vaina por contar la verdad pero alguien te dice que la verdad no existe, que los trolls manejan la verdad en las redes y que la red es la realidad y por lo tanto, no es virtual. Cada uno la pinta como le manda el jefe.
La verdad es del que la ve, más allá de cómo la interprete al final, pero no hay un testigo más locuaz que el ocular que agarrás in situ, cuando acaba de pasar la cosa y toda está fresco y uno sabe perfectamente lo que vio y el cerebro no te lo acomoda para que duela menos. Uno sabe perfectamente lo que vio si estaba mirando o sabe perfectamente lo que escuchó (aunque el oído por ahí es un sentido que te dibuja la realidad porque capta demasiados ruidos al mismo tiempo y entonces hace como una especie de dibujo sonoro de algo que no ve).
Cuando Pavón me manda a preguntar a los vecinos, yo voy y pregunto al toque.
En general los bomberos no preguntamos nada. Estamos demasiado ocupados en solucionar lo que pasa para distraer personal…

Bajo fondo

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Aunque siempre quiera hacerme ver la cosa de otra manera, no sé si porque le conviene a él o porque le agarra culpa de haber pergeñado conmigo el rollo en que estamos involucrados a espaldas de mi viejo muerto, sé que en el tablero de ajedrez de Muñoz no hago de alfil ni de torre sino de peón, la única pieza con capacidad de coronar. Algo le tenían que dar de premio al pobre peón, ya que también es la primera pieza que cae en la volteada, como la infantería. Coronar es un albur y albur es una palabra que aprendí de un tango, cuando era muy chico y se lo escuché cantar al propio Muñoz en una de esas guitarreadas que organizaba mi viejo. Así de vueltas da la vida.
A veces, a este Muñoz que tengo delante se le escapa esa culpa y dice: “el finadito me lo hubiera entendido, porque tenía unos huevos ¡unos huevos!¡Tu viejo tenía unos huevos!
Yo solamente lo miro y él entra en ese trance melancólico, casi lloroso. Yo creo que Muñoz, a su manera, estaba un poco enamorado de mi viejo porque a …